LA SEXUALIDAD 
 “nos motiva a buscar afecto, placer, ternura e intimidad”

(Organización Mundial de la Salud).

Lucía, con gesto de cansancio y en medio de un bostezo, le dijo a Javier  que esa noche no le apetecía hacer el amor. Solo quería dormir.  Lógico, ese jueves había  tenido un día de perros: por la  mañana  tuvo que batallar con los exámenes de fin de curso, más tarde estuvo muy liada con su trabajo de voluntariado y, para colmo de males, esa noche, sus padres tenían una celebración y estarían fuera de casa, así que tenía que  preparar la cena. “Mañana será otro día”, le susurró a su chico en tono de complicidad.

Él, aunque se había sentido incomodo ante la negativa, podía entender su falta de ganas. Pensaba que lo importante no era solo acostarse. Disfrutaba como un enano cuando ella le narraba sus historias eternas, cuando escuchaba su risa coqueta, o cuando simplemente iban de la mano. Claro que también estaban esos increíbles encuentros sexuales, ¡que derroche de pasión! A veces  con miedo y otras con locura esperaba lleno de ansias esos momentos. !Uff, que oportunidad perdida,! pensaba, mientras se ponía a pelar las patatas para la cena, en casa de su chica.

Lucía y Javier son una pareja común y corriente. Tienen 20 y 21 años respectivamente. Hace dos años que estudian en la misma universidad; ahí se conocieron. Hace un año se convirtieron en novios. Sus respectivas familias conocen su relación. A todos les da gusto verlos juntos.

Cuando contemplo a esta pareja, tan unida, pienso que ambos se van haciendo personas adultas (en edad y emociones). Imagino, por sus actitudes, que, poco a poco, han ido descubriendo que la sexualidad es más que el acto sexual, que hay otras capacidades también vinculadas: la ternura, el placer, la generosidad, la comunicación, etc.

Contemplándolos intuyo que ambos irán descubriendo que la sexualidad es una dimensión fundamental del ser humano que los hace diferentes de los animales: estos solo se dejan llevar por los impulsos  naturales (el apetito sexual). Además, que las personas, aparte de sus impulsos, se encuentran permanentemente condicionadas por una serie de factores que, de alguna manera, marcan el ejercicio de su sexualidad.

También irán entendiendo que la sexualidad está determinada por varios elementos: biológico (nuestra anatomía nos define como hembras y machos); psicológico (determina nuestra identidad de género,  preferencias, personalidad, etc.); social (establece reglas, normas); cultural (condiciona nuestras costumbres, creencias). Aprenderán, con la sabiduría que suelen dar los años, que cada persona se relaciona desde: su autoestima, su forma de sentir el placer,  sus sentimientos,  su moral,  sus costumbres,  su religión, su noción de derechos,  su proyecto de vida,  su género… En fin, con todos y cada uno de los elementos que constituyen su identidad y su vida en sociedad.

Javier y Lucía también irán aprendiendo entre ellos (o con otras parejas, si las tuvieran más adelante) que la sexualidad no es algo estático, cambia con el paso de los años y les acompañará en todo momento de su existencia. Con el tiempo, experimentaran otras formas de placeres y conocimientos respecto a su sexualidad. Lo que ahora es  máxima satisfacción,  quizás mañana no lo sea.

La pareja consolidará cada vez más su relación, conforme vaya  encontrando en el ejercicio de su sexualidad, una forma de dar y recibir placer. Para ello, también será importante que siempre respeten lo que quiere y le gusta a la otra persona.  Cuidar esta relación les permitirá prevenir situaciones de riesgo: enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, violencia de género.

La relación de Lucía y Javier es buena,  mola mucho, ¿y la tuya, cómo es?

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