Violencia sexual en España: más agresiones, menos recursos

31,7 millones para prevenir la violencia de género en los Presupuestos Generales del Estado de 2017, frente a 152 en material de oficina.

Madrid, 28 noviembre 2017. La violencia de género es un asunto de Estado, repiten una y otra vez quienes nos gobiernan. Pero a la hora de dedicar recursos a luchar contra ella, resulta que los Presupuestos Generales del Estado (PGE) invierten más en folios y bolígrafos que en prevenirla. En concreto, 152 millones de euros en material de oficina frente a los 31,7 anunciados por la ministra Dolores Montserrat en mayo de este año, muy alejados de los 120 que reclamaban las organizaciones feministas.

 datos violencia sexual

La transferencia adicional de 2,7 millones de euros a las comunidades autónomas para asistencia a víctimas de violencia de género anunciada el pasado mes de octubre supone menos de lo que se gasta sólo el Ministerio de Fomento en seguridad privada cada año y poco más del doble de lo que cuesta subvencionar la cafetería del Parlamento (950.000€).

En el segundo trimestre de año 2017, un total de 40.366 mujeres aparecen como víctimas de violencia de género, lo que supone un incremento porcentual del 20,7% en la variación interanual, ya que en el segundo trimestre de 2016 las mujeres víctimas de violencia de género fueron 33.440.

En un país en el que cada semana se registra al menos el asesinato de una mujer a manos de su pareja o ex pareja y cerca de 1.000 han muerto a manos de sus parejas o exparejas en los últimos 15 años, las comparaciones presupuestarias resultan especialmente dolorosas y reflejan el escaso interés político real por erradicar la violencia machista.

Violencia sexual: aumentan las agresiones, pero no los recursos

Dentro de la violencia de género, un capítulo aparte merece la violencia sexual. Con el caso de la presunta violación en grupo a una joven en Pamplona, cuyo juicio se está celebrando estos días, el problema ha reaparecido en el debate público. Pero víctimas como la de “La Manada” se cuentan por miles: 7.240 mujeres fueron víctimas de delitos contra la libertad sexual en España en 2016, 417 más que el año anterior, según los datos del Ministerio del Interior. Y esta cifra sólo se refiere a las agresiones denunciadas, que se estima que suponen apenas un 10% de las totales. Esta falta de datos contribuye a ocultar aún más el problema.

Frente a este aumento de las cifras en los dos últimos años, la respuesta gubernamental no está a la altura: sólo 9 de las 17 comunidades autónomas españolas disponen de recursos públicos para víctimas de violencia sexual de género (Andalucía, Madrid, Extremadura, Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla y León, Cataluña y Valencia). Y no hay un solo centro público de emergencias (24h/7días) especializado en situaciones de violencia sexual de carácter estatal. En algunas de las regiones los servicios no están garantizados, sino que son iniciativas privadas dependientes de subvenciones públicas. Esta situación genera desigualdad territorial y no garantiza estándares mínimos en todo el Estado.

Además, la violencia sexual está excluida de la Ley Orgánica 1/2004, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Esta situación deja a las supervivientes o potenciales víctimas en una situación de desprotección e indefensión jurídica. A esto se añade que el abordaje de las violencias sexuales no suele tener en cuenta a los grupos más vulnerables y sus especiales necesidades: niñas, jóvenes, mujeres transexuales, mujeres mayores, migrantes –en especial aquellas en situación administrativa irregular–, empleadas de hogar, mujeres con discapacidad, con problemas de drogodependencias o las que han perdido su hogar.

Violencia sexual en Europa

La violencia sexual es una de las manifestaciones de la violencia de género más extendida e invisible y afecta a las mujeres a lo largo de todo su ciclo vital, tanto en el espacio público como en sus relaciones íntimas: 1 de cada 3 mujeres han vivido situaciones de violencia física y sexual en todas las regiones del mundo, incluida Europa Occidental. 3,7 millones de mujeres en la Unión Europea han experimentado alguna forma de violencia sexual (datos de Agencia Europea de Derechos Fundamentales, 2014).

El Convenio del Consejo de Europa sobre Prevención y Lucha contra la Violencia hacia las Mujeres y la Violencia Doméstica, conocido como Convenio de Estambul, exhorta a los Estados parte a establecer medidas para la prevención, protección y reparación de las mujeres, niños y niñas víctimas de violencia sexual, así como a la persecución de dicha violencia. Aunque está vigente en España desde el 1 de agosto del 2014 y es de obligatorio cumplimiento, se desconocen las medidas que se están llevando a cabo para su implementación.

Las diez organizaciones firmantes de este comunicado piden:
• La incorporación de la violencia sexual en la legislación actual y futura sobre violencia de género, respondiendo al art 36 del Convenio de Estambul, vinculante para los Estados que lo han ratificado como es el caso del Estado Español
• responder a la recomendación general 19 del Comité CEDAW respecto a la atención a la trata, explotación sexual y turismo sexual
• que la educación sexual esté presente en el currículum escolar de todos centros educativos como una herramienta preventiva imprescindible de la violencia sexual
• formar adecuadamente en estas materias a los ámbitos jurídico, policial, social y sanitario
• dotación económica necesaria para la lucha integral contra la violencia hacia las mujeres, acorde con la dimensión del problema.

Las organizaciones firmantes, con una amplia y rigurosa trayectoria en la defensa de los derechos humanos y la lucha contra las violencias machistas, son: Médicos del Mundo, Alianza por la Solidaridad, Asociación de Investigación y Especialización sobre Temas Iberoamericanos (AIETI), Creación Positiva, Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), Federación de Planificación Familiar Estatal (FPFE), Fórum de Política Feminista, Fundación para la Convivencia Aspacia, Haurralde Fundazioa, Red de Mujeres de América Latina y Caribe (Red Latinas).

Fuente: Amecopress. Revisado 4-12-17

Violencia de género Un 27% de los jóvenes cree que la violencia machista es “normal” en la pareja

Queremos compartir nuestra preocupación por este nuevo estudio que muestra como parte de la gente joven sigue sin reconocer la violencia en la pareja:

Violencia de género Un 27% de los jóvenes cree que la violencia machista es “normal” en la pareja

Además, el 21% considera que es un tema politizado y que se “exagera”. Estas opiniones se dan a pesar de las cifras récord de mujeres asesinadas durante 2017. 44 mujeres han sido asesinadas por violencia machista en lo que va de año.

El mayor acuerdo entre los jóvenes sobre la violencia machista es que es 'un problema social muy grave' / EUROPA PRESS

El mayor acuerdo entre los jóvenes sobre la violencia machista es que es “un problema social muy grave” / EUROPA PRESS

El 27,4% de los jóvenes de entre 15 y 29 años cree que la violencia machista es “una conducta normal” en el seno de una pareja, y el 31,5 % cree que es un problema que aumenta progresivamente por culpa de la población inmigrante.

Por su parte, el 21,2% considera que la violencia machista es un tema politizado que se exagera y casi un 7% cree que es un problema inevitable ya que, aunque esté mal, siempre ha existido. Estas opiniones se dan a pesar de las cifras tan altas de mujeres asesinadas en España durante 2017, ya que son 44 las asesinadas por violencia machista en lo que va de año.

Son dos de las conclusiones extraídas del Barómetro 2017 del ProyectoScopio, elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, tras entrevistar a 1.247 jóvenes de 15 a 29 años el pasado mes de abril.

El 31% cree que es un problema que aumenta por culpa de la inmigración

El Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud ha explicado mediante un comunicado que este tipo de opiniones sobre la violencia machista es superior entre los varones y en los niveles de estudios inferiores.

Solo existe un mayor acuerdo con ellas cuando se dice que “es un problema social muy grave”, una afirmación en la que se muestran de acuerdo el 87 % del total de la población joven encuestada.

Discriminación y desigualdad de oportunidades

Tres de cada cuatro jóvenes sí reconocen creer que las oportunidades de las mujeres en cuanto a salarios o en el acceso a puestos de responsabilidad en las empresas son mucho peores que las oportunidades de los hombres.

Así, más de la mitad consideran mucho o algo peores las oportunidades de las mujeres con respecto encontrar un trabajo (62,4 %); en cuanto a la posibilidad de compaginar vida laboral y familiar (57,4 %); en el acceso a puestos de responsabilidad en la vida política (61,9 %); o para ganar dinero (59,3 %).

Otros factores de exclusión además del género

Otras preguntas del barómetro se referían a la discriminación y, en general, los jóvenes piensan que hay factores de exclusión por encima del género. Por ejemplo, un 47,9 % reconoce la identidad y la orientación sexuales como motivo de discriminación; un 45,1 % apunta al origen étnico o racial; un 38 % al aspecto físico y el 29,3 % señala la nacionalidad.

Asimismo, el 23,7 % de la población juvenil percibe que existe discriminación por razones de género, por encima de motivos religiosos, intelectuales, económicos, de edad o ideológicos.

Fuente:publico.es (http://www.publico.es/sociedad/violencia-genero-27-jovenes-cree-violencia-machista-normal-pareja.html) Revisado 14-11-17

Alicia

La historia de Alicia es similar a la de otras muchas jóvenes. ¿Es este tu caso? Te invitamos a leer este artículo:

Pareja mira al horizonte frente al mar.

Alicia* tiene 17 años y no sabe en qué momento se torció todo. Empezó a salir con su novio hace dos, pero en algún momento que no sabe calcular empezaron a discutir cada vez más. A veces esas discusiones se les iban de las manos, y acababan en gritos y empujones. Y a veces en más cosas.

Alicia, a sus amigas, les dice lo que ella cree: que los dos se quieren muchísimo, pero a veces parecen incompatibles. Pero que se quieren, sí, es obvio: para perdonarse mutuamente cada grito, cada empujón, hace falta mucho amor y muchas ganas de que la relación salga bien. ¿Si no hubiera amor ni pasión, por qué iban a estar intentándolo una vez y otra vez?

Alicia piensa que a veces la culpa la tiene él, pero otras no, porque la verdad es que ella tiene también mucha tela que cortar. Alicia sabe perfectamente qué cosas cabrean a su novio y, aun así, las hace. No sabe por qué, no lo admite en voz alta, pero sabe que las hace aunque vayan a suponer una bronca. ¿Por qué? Ojalá lo supiera, sólo sabe que no hacerlas es como dejar dentro de su estómago una bola de fuego: no puede evitar acabar enfadando a su novio casi con premeditación.

Alicia tiene 17 años y piensa que, si no es capaz de dejar de enfadar a su chico, luego no puede quejarse cuando las peleas se les van de la manos. Porque se les va a los dos: a él y a ella. Son agresivos, quién sabe si por pura pasión.

Alicia, muchas veces, acaba volviendo a casa de noche, desde cualquier lado donde él la haya querido dejar tirada con la moto. Alicia tiene 17 años y no sabe muchas cosas, pero sí intuye algunas, como que ella jamás tendría corazón para hacerle lo mismo a él. Y si un día lo dejara abandonado en cualquier arcén, sabe que volvería a por él. Porque pasa miedo volviendo a casa de noche, a veces desde muy lejos, y conociendo ese miedo, ella no podría soportar que él lo sufriera.

Alicia tiene 17 años pero, una tarde que se volvió noche, lloró como un niña durante las dos horas que tardó en llegar a casa. Y en aquella ocasión, su madre la interrogó por la hinchazón de sus ojos. Alicia está más dolida que otras veces, y cuenta la verdad: que su novio la ha dejado a dos horas de su casa. Alicia recibe como un puñal la frase de sus padres: “¿Y por qué no llamaste para que te recogiéramos? ¿Y si te hubiera pasado algo?” Y como Alicia sigue llorando, sus padres la animan con un “mujer, con los años los hombres se va tranquilizando”. Su madre recuerda frente a ella lo mucho que hacía el loco su padre cuando era sólo un chaval. “Y mira ahora”, le dice. Alicia mira a su padre: ahora es un señor que no necesita gritar para que se haga lo que él quiera. Ahora es un señor que baja al bar a beber mientras le crían a los hijos y a las hijas: ya no se va de putas. Ahora es un tipo que no sabe dónde se guarda el cubo de la fregona, pero sí sabe cuando hay una mancha en el suelo, porque la señala para que sea eliminada.

Alicia tiene 17 años, y aunque su entorno normaliza su relación, ella siente que algo anda mal, que su novio y ella tienen un problema mayor. Alicia cree que quizás deba contar un poco más de verdad: que se pegan. Y hacerlo recalcando que es mutuo, para que nadie piense lo que no es, que hay que tener mucho cuidado porque sería un insulto para las mujeres maltratadas que ella frivolizara sobre esto: tiene que ser precisa, porque ella también le ha pegado a él. Es la verdad.

Alicia tiene 17 años, y la primera paliza en la que cree que no va a llegar a los 18 está tan asustada que huye y llama a su tía. No llama a su madre, ni a su padre, ni a sus amigas. No. Llama a su tía y ni siquiera sabe por qué. La ha escuchado mil veces hablar sobre los hombres, y siempre piensa de ella que era una exagerada, que los odia. Y sin embargo ese día, Alicia la llama a ella. A la tía exagerada que probablemente sólo estaba despechada.

Alicia se hace un ovillo en la cama de su tía, mientras ésta le asegura que no es responsable de nada. Que tienen que ir a denunciar a su novio, que tiene que verla un médico. Alicia se niega, ¿acaso ella no lo ha hecho enfadar mil veces con cosas que sabía que estaban mal? ¿Acaso no ponía fotos en Facebook en bikini? ¿No sabía quizás que eso lo cabreaba y aun así las colgaba? ¿Acaso no bromeaba con los amigos de él a pesar de que le había pedido que no lo hiciera? ¿Acaso cuando él le cruzaba la cara ella no se lo devolvía? ¿Cómo podía devolverle las hostias y luego quejarse porque él fuera más fuerte que ella y le ganara todas las peleas? Ella no era ninguna santa, por lo tanto, no era víctima de nada.

Alicia tiene 17 años y sigue pensando que si ella no lo provocara, nada de esto estaría pasando: ni las peleas, ni los golpes, ni los llantos, ni el ovillo en casa de su tía.

Y sin embargo al día siguiente sólo piensa en verle, en hacer las paces, en saber que él está bien, en no dejar ni tiempo ni espacio para que sufran la distancia. Porque se quieren, por encima de todo, se quieren más que a nada.

Alicia tiene 17 años y piensa que ha traicionado a su novio al contárselo a su tía. ¡A su tía! Esa que piensa que cualquier cosa es maltrato. La que ahora piensa que su sobrina es una víctima de violencia de género cuando lo que es es una sinvergüenza que podría haber evitado desde el minuto uno todo este lío.

Alicia tiene 17 años y sólo quiere deshacer las últimas 24 horas, que no quede registro de que lloró, que nadie sepa que sufrió, que su tía olvide todo lo que le contó. Porque las cosas de pareja las soluciona la pareja, y ella se ha comportado como una niñata.

Pero él en el fondo es tan bueno, la quiere tanto… que aún así la perdona, va a buscarla con la moto, la abraza, le dice que la quiere, y que por favor no lo haga ponerse así nunca más. Y ella acepta, agradecida por la enésima oportunidad que él le brinda. Por perdonar la traición, por quererla a pesar de ser una inestable, una chica que lo mismo ríe que llora, que lo mismo lo provoca que se hace la víctima cuando le gana las peleas. Una chica tóxica como ella, con tantos cambios de humor y tan perdida en la vida debería estar dando gracias cada día porque haya alguien en el mundo que la quiera a pesar de todo.

Porque, tal y como él le dice cada día, “Ali, porque has dado conmigo, que soy tonto y te quiero, pero el día que yo me harte no va a venir ningún tonto más a aguantarte”. Alicia no puede perderlo, porque quedarse sin él es quedarse sin nadie y sin nada.

*Si hay algo en este artículo con lo que te sientes identificada, llama al 016: pueden orientarte y sacarte de dudas.

Fuente: eldiario.es (http://www.eldiario.es/zonacritica/barbijaputa-alicia_6_706289386.html) Revisado 14-11-17

LA IGUALDAD ECONÓMICA DE GÉNERO NO SE ALCANZARÁ HASTA EL AÑO 2234

Otra noticia que nos cuestiona pero también nos obliga a continuar con nuestra lucha a favor de la igualdad:

igualdadLa igualdad económica de género no se alcanzará hasta el año 2234

El Informe 2017 del Foro Económico Mundial alerta que el progreso para lograr la paridad ha empeorado.

Madrid. 02 de noviembre. 17. AmecoPress. Dado el continuo crecimiento de la brecha económica de género, esta no se fulminará hasta dentro de 217 años. Así lo expone el informe del Foro Económico Mundial, que recoge los datos sobre el estado actual de la brecha de género a nivel global.

Entre los hallazgos clave del Informe 2017, se encuentra que la esfera económica y la de salud, forman parte de las brechas de género más desafiantes. Además, la brecha de género en materia de salud es mayor de lo que era en 2006.

Recoge, a su vez, que el progreso para lograr la paridad se ha estancado, por lo que prevee que se tardará cien años en lograr que hombres y mujeres tengan igualdad económica y laboral, la misma participación política, acceso a la educación y a la salud.

Sin embargo, la brecha de género en educación, podría reducirse a la paridad en los próximos 13 años. Por otro lado, la dimensión política tiene actualmente la mayor brecha de género y también es la que muestra el mayor progreso. A pesar de una desaceleración en el progreso este año, esta brecha podría acabar dentro de 99 años.

El informe nos da los datos de los países con mayor y menor igualdad entre sexos. 
0=desigualdad total, 1=paridad total.

Más igualitarios

1. Islandia 0,88
2. Noruega 0,83
3. Finlandia 0,82
4. Ruanda 0,82
5. Suecia 0,82
6. Nicaragua 0,81
7. Eslovenia 0,81
8. Irlanda 0,79
9. Nueva Zelanda 0,79
10. Filipinas 0,79

24. España 0,75


Menos igualitarios

135. Jordania 0,6
136. Marruecos 0,6
137. Líbano 0,6
138. Arabia Saudí 0,58
139. Mali 0,58
140. Irán 0,58 
141. Chad 0,57
142. Siria 0,57
143. Pakistán 0,55
144. Yemen 0,52

Fotos Archivo AmecoPress tomadas de El Foro Económico Mundial

Fuente: Amecopress (http://amecopress.net/spip.php?article16627) revisada el 08-11-2017

Aumentan un 18% las denuncias por violencia de género en el segundo trimestre de 2017

Compartimos esta noticia:

Laumentan-denuncias-violencia-machista-kiU--620x349@abcos juzgados españoles recibieron en el segundo trimestre de 2017 un total de 42.689 denuncias por violencia de género, lo que supone un incremento interanual del 18%, según la estadística publicada hoy por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), en la que figuran 40.366 mujeres víctimas de maltrato.

En el mismo período de tiempo, se elevó también en tres puntos el porcentaje de sentencias condenatorias a maltratadores, que representaron el 67,2 por ciento del total de sentencias dictadas.

Destaca además un incremento de más de siete puntos en las solicitudes de órdenes de protección y cuatro puntos en la concesión de las mismas por parte de los órganos judiciales.

El aumento de denuncias un 18% (han pasado de 36.166 denuncias en segundo trimestre de 2016 a 42.689) significa un incremento de víctimas, en este caso del 20,7 % (de 33.440 mujeres a 40.366).

La violencia de género se da de forma dispar en las comunidades autónomas y la ratio de víctimas por cada 10.000 supera la media nacional (17) en Baleares (26,3), Murcia (21,8) y Comunidad Valenciana (21,3), mientras que la más baja se da en Castilla y León (10,8) y Asturias, Cantabria, Galicia y País Vasco (ligeramente superiores a 11).

Fuente: ABC (http://www.abc.es/sociedad/abci-aumentan-18-por-ciento-denuncias-violencia-genero-segundo-trimestre-2017-201710231118_noticia.html) revisada el 01-11-17.

“Te vamos a violar”, así acosan diariamente a mujeres en las redes sociales

Hoy compartimos este articulo que pinta de cuerpo entero de cómo las redes sociales son usadas para violentar a las mujeres de manera impune:

“Te vamos a violar”, así acosan diariamente a mujeres en las redes sociales Ordenador portátil y smartphone (PIXABAY)

  • Cuatro mujeres conocidas públicamente por su implicación con el feminismo cuentan las intimidaciones que han recibido a través de Internet.
  • “La violencia contra las mujeres, también la verbal, continúa impune en nuestra sociedad”, dice Nuria Varela.
  • “Durante siglos nosotras hemos tenido que callar y los hombres opinar, y ese estigma aún queda”. defiende Ana I. Bernal Triviño.

Ver imagen en Twitter

La fotografía de una pistola, una bala, el cadáver de una mujer tendido en el suelo… Estas son parte de las amenazas que han recibido algunos de los rostros femeninos más reconocidos en ámbitos como la política, el periodismo o el activismo feminista al dar su opinión en redes sociales, intimidaciones a las que se suman cada día cientos de insultos machistas.

Twitter o Facebook, espacios dedicados a la libertad de expresión de sus usuarios, se convierten en ocasiones en las plataformas a través de las cuales se esconden los acosadores para ejercer violencia sobre las mujeres, llegando a amenazar de muerte a sus seres queridos y a ellas mismas.

Nuria Varela es un referente en feminismo, creadora de alguno de los títulos más importantes de los últimos años, como Feminismo para principiantes o Cansadas. Explica a 20Minutos que el origen de esta violencia nace con la “descalificación” a la información que aporta la mujer. “El conocimiento aún se lo apropian los varones, cuestionando lo que dicen las mujeres”. O recurren a llamarte ‘puta’, ‘zorra’ o te mandan a fregar.

Las formas para hacerlo pasan desde deslegitimar cualquier dato que la mujer aporte en su discurso, dándolo por falso, al ataque personal mediante referencias a “la sexualidad o a los roles tradicionalmente definidos para las mujeres”, cuenta Isabel Mastrodomenico, directora de la Agencia de Comunicación y Género.

“O recurren a llamarte ‘puta’, ‘zorra’, o te mandan a fregar”, dice. “Durante siglos nosotras hemos tenido que callar y los hombres opinar, y ese estigma aún queda”, defiende Ana Isabel Bernal Triviño, periodista y profesora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Así lo viven también las mujeres que se dedican a la política, “a mí me han dicho:  ‘te vamos a violar’” cuenta Clara Serra, consejera estatal de Podemos y diputada en la Asamblea de Madrid. “En redes sociales lo que se dice de una mujer tiene que ver con su aspecto físico: “qué tonterías dices pero qué guapa eres” o al revés.

Este tipo de mensajes se repite constantemente, de forma mucho más dura y agresiva, mucho más sexual. Es síntoma de que a las mujeres con cargos se nos mide por cosas que no tienen nada que ver con la política”, denuncia. “Nos ven como objetos” Este acoso no empieza siempre desde los insultos directos, en algunos casos llega de “falsos aliados”, seguidores que en principio parecían apoyar las opiniones de estas mujeres, hasta que las utilizan con fines machistas.

“En Facebook se disfraza de buen rollo y romanticismo falso. Es muy típico que te sigan y marquen todas tus fotos en la red para que cuando entres veas que está muy interesado en ti”, narra Ana I. Bernal. “Si cada día que abres Twitter tienes mensajes de la misma persona o salta cada vez que escribes algo… eso es acoso. Por ejemplo, como me ocurrió, si un tipo del que ni sabes su nombre entra en tu perfil, se hace con fotos de tu familia y las difunde, muy tranquilizador no es”, cuenta la periodista, “nos ven como objetos en barra libre, y si no respondes reinciden”.

Se nos falta más al respeto, haciendo que nuestra opinión necesite mucho más para oírse La misma situación viven en las redes sociales las mujeres con cargos públicos. “Nos ven como un cuerpo, como alguien que antes de ser política es guapa o fea, gorda o delgada…”, explica Clara Serra, que considera que estos comentarios, acompañados en muchas ocasiones por fotografías obscenas y comentarios sexuales, “perjudican la autoridad de las mujeres”.

“En general, se nos falta más al respeto, haciendo que nuestra opinión necesite mucho más para oírse con el mismo peso que la de un hombre”, afirma. “Sabemos dónde van tus hijos” Las personalidades masculinas también reciben acoso cibernético, pero la pérdida de respeto a la figura femenina es tal que incluso se la utiliza a ella como arma cuando se pretende atacar a un hombre o a sus opiniones. “Recurren a insultar a su mujer, a decir que su novia no le hace, que a su novia no le pone… Seguimos siendo complementos decorativos para este tipo de perfiles”, defiende Mastrodomenico. Estos mensajes descalificativos suben aún más el tono cuando las mujeres hablan de feminismo. “Les hace cuestionarse y provocar una autocrítica que buena parte de los hombres se niegan a realizar”, explica Bernal.

Con temas como la violencia de género, la custodia de los hijos, la prostitución o el porno llegan las amenazas directas a la vida de las mujeres y de sus seres queridos, recibiendo incluso fotografías de cadáveres femeninos desnudos acompañados de comentarios como: “Si sigues hablando, vas a acabar así”. Los autores de estos mensajes son conocidos como trols, y en ocasiones cuentan con un gran número de seguidores que se suman al acoso y las descalificaciones. Este es un ejemplo de la intimidación que sufre la periodista Cristina Fallarás a diario: ¿Qué hacer cuando se recibe acoso por redes sociales? Las expertas afirman que la mejor opción ante un trol que no cesa en sus mensajes es bloquearlo y denunciarlo en las propias plataformas. Responder a este tipo de mensajes solo alimentan al acosador, que busca insistentemente una interacción para tener más motivos con los que atacar.

A pesar de ello, muchas compañeras optan por compartir públicamente en sus perfiles los mensajes que reciben, como una forma de denunciar la situación. No vamos a tolerar que a ninguna mujer se la mire o se la responda de esa manera Clara Serra destaca en estos casos la solidaridad entre todas las mujeres. “Si a una mujer del PP, de Ciudadanos o de Podemos se le hacen comentarios machistas, hay una respuesta colectiva de compañeras del mundo de la política y de los medios de comunicación, salimos inmediatamente a decir por aquí no. Ese es el camino que hay que seguir, da igual de qué partido político seamos, no vamos a tolerar que a ninguna mujer se la mire o se la responda de esa manera”, zanja.

Las feministas insisten en la importancia de denunciar los mensajes más graves. “Ya sabemos que ‘ninguna agresión sin respuesta’, la violencia no puede ser impune”, recalca Nuria Varela, pero la realidad es que encuentran numerosas dificultades en formalizar estas quejas: Twitter no lo controla: Lo máximo que se ha conseguido es que la red social cierre las cuentas desde las que se han enviado los mensajes, aunque ni siquiera eso se logra siempre. “Hay cuentas vejatorias, violentas, misóginas o racistas que por mucho que denunciamos no hay manera de que las cierren”, explica Varela. Y si esto se consigue, los acosadores lo tienen tan fácil como abrir otra nueva y volver a empezar. La amenaza debe ser “real”: Para que se persiga penalmente, tiene que ser considerado como una amenaza real. “Como es algo virtual tienen la idea de que no pasa a la realidad. pero es que a veces ocurre. He visto compañeras que temen salir de casa”, cuenta Isabel Mastrodomenico.

Las pruebas no son válidas en los juicios: La directora de la Agencia de Comunicación y Género explica que las capturas de pantalla que muestran las amenazas sirven para presentar la denuncia a la Policía, pero después no son admitidas como una prueba válida en un juicio, por considerarse que pueden ser manipuladas con facilidad. El anonimato les protege: para denunciar a la Policía se necesitan los datos del agresor, y es difícil acceder a la dirección IP desde la que se conecta a Internet, “a veces las desvían o sencillamente no las encuentran si han borrado los tuits”, añade.

Por todo esto, reclaman una legislación que ampare el acoso por razón de género, aunque reconocen que la penalización de este tipo de actos solo son “parches” ante el verdadero problema: “Son comportamientos que realmente forman parte de la sociedad. Es como un termómetro de lo que verdaderamente tenemos que cambiar en nuestro día a día, a través de la educación en igualdad, la transformación de productos culturales, etc. Yo me preguntaría si estamos haciendo todo lo posible, seguro que no”, concluye la diputada en la Asamblea de Madrid.

Fuente: 20 minutos ( http://www.20minutos.es/noticia/3150460/0/vamos-violar-acoso-diario-mujeres-redes-sociales/#xtor=AD-15&xts=467263) revisado el 12/10/2017.

El termómetro del amor y el desamor: la herramienta ideal para sufrir menos, y disfrutar más

¿Cómo está el termómetro de tu amor? Descúbrelo a través de este artículo.

El termómetro del amor y el desamor: la herramienta ideal para sufrir menos, y disfrutar más

coral

En el Laboratorio del Amor estuvimos trabajando en la construcción de un termómetro del desamor, una herramienta muy útil para saber si todavía estamos o no enamoradas, y si el otro o la otra sigue también enamorada de nosotras. Es una herramienta práctica y fácil de usar, y sirve para saber si estamos perdiendo el tiempo y las energías en una relación, o si merece la pena o la alegría seguir alimentando el amor.

Empezamos el trabajo por nosotras mismas, preguntándonos qué nos pasa cuando nos estamos desenamorando, cómo cambia nuestro comportamiento, cuales son las señales que nuestro cuerpo emite cuando llegan el desamor, el desencanto, la pereza y la falta de ganas…

– Cuando te sientes cada vez menos generosa, y cada vez más egoísta, por ejemplo con tu tiempo.
– Cuando nos apetece ver menos a la pareja, espaciamos los encuentros, no sentimos tanta necesidad de estar con la persona amada, no queremos dedicar todo nuestro tiempo a la pareja o la situamos en un lugar secundario en nuestras vidas.
– Cuando ya no te sientes conectada al cien por cien, cuando sientes que falta complicidad, cuando no fluye bien la comunicación con tu pareja, cuando evitas las conversaciones profundas, cuando te cuesta mirar a los ojos a la otra persona.
– Cuando nos baja la libido y nos apetece menos tener relaciones sexuales, cuando evitamos la intimidad, cuando el cuerpo responde con frialdad a los requerimientos amorosos de la otra persona.
– Cuando estás absorbida por el trabajo y sólo te preocupa sacar adelante las tareas pendientes, y utilizas el trabajo como excusa para no pasar tiempo con tu pareja.
– Cuando estás con tu pareja pero te sientes muy sola. Cuando tu pareja estando contigo se siente muy sola.
– Cuando los silencios empiezan a ser incómodos.
– Cuando tu forma de tratar a la otra persona cambia, y ya no estás tan cariñosa y amable.
 – Cuando uno de los dos está permanentemente enfadado/a o dolido/a. 
– Cuando nos hablan del futuro y se nos pone el cuerpo tenso porque no nos vemos en el futuro ya, y no nos gusta hacer planes más allá del próximo fin de semana.
– Cuando accedes a hacer un viaje sabiendo que es el último viaje. 
Cuando te besa tu pareja y ya no sientes nada parecido a lo que sentías antes.
– Cuando sientes que estás más pendiente del celular que de tu pareja, cuando te cuesta centrarte en el presente, cuando notas que evitas los momentos románticos.
– Todo aquello que antes nos hacía gracia, ya no. Tenemos otra actitud, menos favorable al otro o a la otra, y lo que antes nos parecía maravilloso, puede llegar a irritarnos profundamente.
– Cuando echas de menos los inicios y te das cuenta de que todo tiempo pasado fue mejor.
– Cuando ponemos excusas porque no queremos hacer el amor o no queremos pasar la tarde con la pareja: excusas que no suenan bien, que se repiten, que resultan a veces absurdas, y generalmente provocan la protesta de la otra persona por que son inconsistentes.
– Cuando hay lluvia constante de reproches mutuos:  “es que tú siempre”, “es que tú nunca”, “es que yo siempre”, “es que lo que te pasa a ti es…”.
– Cuando la estructura de relación está basada en el ataque y la autodefensa, cuando las conversaciones se basan en demostrarle al otro lo mala persona que es o la cantidad de defectos que tiene.
– Cuando sientes que te falta algo, cuando echas de menos cosas que antes no te afectaban tanto, cuando ya no te apetece conformarte con lo que hay, cuando no te resignas y crees que podrías estar mejor.
– Cuando ves otras parejas y te das cuenta de que la tuya no funciona ya, pero no queréis admitirlo ninguno de los dos.
– Cuando sientes que ya no tenéis muchas cosas en común, que ya no sois los mismos, que tú ya no estás en el mismo lugar, cuando notas que estáis evolucionando por separado.
– Cuando te das cuenta además que te apetece compartir más con otras personas que con tu pareja. 
– Cuando te gusta alguien más, cuando te atraen otras personas, cuando empiezas a fantasear con todo el mundo menos con tu pareja, cuando te entran ganas de vivir un romance pasional y no es con tu pareja.
– Cuando dejas de cumplir los acuerdos fundamentales, cuando rompes los pactos que teníais, cuando te sientes una traidora.
– Cuando empiezas a portarte mal con tu pareja, cuando empiezas a mentir o a ocultar información, cuando contestas mal o gritas, cuando te sientes desquiciada o pierdes la paciencia, cuando dejas de contar con ella para hacer tus planes, cuando actúas con indiferencia y ya no cuidas a la otra persona….

El segundo paso tras elaborar este listado de señales que emitimos en el desamor, fue reflexionar sobre qué ocurre cuando en lugar de ser nosotras las emisoras, es nuestra pareja la que empieza a estar distante, indiferente, fría, o empìeza a comportarse de un modo extraño.

Cuando es la otra persona la que deja de desearnos como antes, cuando escuchamos excusas tontas, cuando notamos que no nos miran a los ojos, cuando vemos que la otra persona se siente culpable y no sabe cómo hacer, generalmente pensamos que estamos pasando una crisis de pareja, pero nos cuesta mucho admitirlo y sentarnos a hablar.  Y cuando hemos reunido el coraje para preguntar qué ocurre, no siempre la otra persona ha logrado ser sincera con nosotras.

A casi todas nos ha pasado que, de la misma manera que nos costó sentarnos a hablar con nosotras mismas para enfrentarnos a la situación, nuestras ex parejas también se autoengañaron, es decir, también tardaron mucho tiempo en admitirse a sí mismas que se estaban desenamorando de nosotras, o incluso, que jamás llegaron a enamorarse del todo.

A los y a las ex les pasó como a nosotras: tardaron mucho tiempo también en sentarse a hablar y en asumir que se había acabado el amor. Algunas veces ocurre que la crisis se niega una y otra vez, o se disfraza de otra cosa, o se pide tiempo a la otra persona, y eso solo alarga la agonía del final: nos dimos cuenta de todo lo que nos podríamos haber ahorrado si hubiésemos tardado menos en sincerarnos con nosotras mismas y con la otra persona. 

A nadie le gusta escuchar en labios del amado o la amada: “Ya no te amo, ya no siento lo mismo por ti, ya no quiero seguir el camino a tu lado”. Pero tampoco nos gusta ser nosotras las emisoras de ese mensaje, porque no queremos hacer daño a la otra persona, y tampoco queremos enfrentarnos a una escena dramática típica de la violencia romántica en la que la otra persona nos insulta, nos cubre de reproches, nos envuelve en su rabia y su dolor.

No nos enseñan a separarnos, no nos enseñan a cerrar las historias de amor con amor, con ternura, con cariño, con elegancia. Lo que vemos en las películas es que podemos buscar culpables, hacernos las víctimas, mendigar amor y exigirlo, pelearnos para lograr lo que queremos, putearnos mutuamente, vengarnos cuando nos hacen daño, castigar al que ya no nos ama.

Nos han convencido de que para acabar una relación hay que acabar mal, portarse mal y declarar al otro la guerra. En casi todas las historias de amor de ficción las estrategias que utilizan los amantes están basadas en la idea de que en el amor “todo vale”: engañarse y engañar al otro, putearse mutuamente, disimular los sentimientos, ocultar información, justificar lo injustificable, emitir excusas absurdas, mentir como bellacos…

Nos cuesta aceptar que una relación está llegando a su fin porque en nuestra cultura amorosa los finales se viven como un fracaso: los divorcios se consideran una especie de derrota, o una catástrofe. Los finales no se ven como inicios, no se viven como una liberación, no se asumen como un aprendizaje, ni como una nueva oportunidad que te da la vida para vivir otras historias bonitas.

También nos pasa que nuestro Ego se siente muy herido y se nos baja la autoestima cuando nos dicen que no nos aman más. Por eso protestamos y nos enfadamos: nos parece que si alguien nos ama, no nos puede dejar de amar. Y si ya no nos quieres es porque no valgo lo suficiente, porque no soy la mejor, porque he engordado y ya no me veo guapa, porque he envejecido, porque hay otras mucho más guapas y estupendas que yo…

El Ego nos juega malas pasadas haciéndonos creer que solo tenemos valor si los demás nos valoran. Nuestro aprecio por nosotras mismas depende siempre del aprecio de los demás, por eso una de las peores amenazas que alguien puede decir para herirnos es: “te vas a quedar sola, no te va a querer nadie”. También podemos auto torturarnos con esta idea a nosotras mismas, pues en el amor no sólo nos hacen daño los demás: nosotras también contribuimos cuando nos sentimos fracasadas o traicionadas.

Hasta cierto punto, es normal que ante un cambio tan fuerte en nuestras vidas, reaccionemos con miedo. Miedo a quedarnos solas, miedo al qué dirán los demás, miedo a no volver a encontrar el amor. Miedo a envejecer sin compañía, miedo a que nos vean como seres raros, miedo a dejar atrás una etapa y comenzar otra nueva. 

Nos da miedo convertir el presente en pasado y empezar a vivir el futuro, nos da miedo desmantelar un hogar y transformar la cotidianidad: son muchos los cambios que se producen en nuestras vidas cuando una relación se rompe. Cambios en nuestra economía, en nuestra vida social, en nuestra vida familiar, en nuestras estructuras sexuales, afectivas, sentimentales.

Vivimos además en una sociedad en la que todos viven en pareja (o quisieran vivir en pareja), de manera que pasamos al grupo de las solteras o los solteros, esa gente incómoda a la que todo el mundo quiere buscar pareja. Aunque tengamos ganas de pasar al bando de la soltería, lo cierto es que nos da miedo hacer daño a la otra persona y que nos sentimos responsables de su felicidad y bienestar. Y si la otra persona no quiere romper, aumenta mucho este miedo y esta sensación de culpabilidad, especialmente en nosotras.

A las mujeres el divorcio nos sale mucho más caro: se nos castiga socialmente y sufrimos una crisis de identidad porque las mujeres sin el don para amar incondicional y eternamente somos “malas mujeres”, parecemos anormales, monstruosas, o poco “femeninas”.

Las mujeres que deciden con quién quieren estar, con quién desean compartir la vida, durante cuánto tiempo y bajo qué condiciones son egoístas porque solo piensan en su bienestar y en su felicidad, y les importa muy poco la felicidad de los demás. Y ya se sabe que una mujer “de verdad”, siempre antepone las necesidades de su marido, hijos e hijas, padre y madre, etc. a las suyas propias.

Una mujer de verdad es abnegada, se sacrifica por los demás, se entrega totalmente al amor, sin peros, sin condiciones. Por eso nunca se entiende que una mujer se desenamore de un hombre que se porta bien con ella. Es común lo de: “pero si no te golpea ni te  es infiel, si es buena persona, ¿por que quieres separarte?”.

Y es que a la gente le cuesta entender que las mujeres tenemos nuestros propios proyectos de vida, que nos sentimos dueñas de nuestro deseo, que nos sentimos responsables de nuestra libertad y de nuestra felicidad, y que tenemos todo el derecho del mundo a iniciar y a terminar nuestras relaciones como nos apetezca y cuando nos apetezca.

Razones para separarse hay muchas, sin embargo. El amor no es eterno, no dura para siempre: se empieza y se acaba, como todo en la vida, y no hay por qué buscar culpables. En el amor no podemos dividirnos en buenos o malos según lo que sentimos: se trata de ser honesto, de portarse bien, de empezar y terminar las relaciones con amor.

Nosotras creemos que si el amor te hace sufrir, no merece la pena, y que es mejor estar sola que mal acompañada.
Es decir, que la vida es más bonita cuando estamos a gusto, cuando estamos bien, cuando tratamos bien a la gente, cuando nos tratan bien, cuando nadie nos está jodiendo. A mucha gente le cuesta entenderlo porque cree que es mejor estar en un infierno conyugal que sola: en el infierno al menos las dos personas se hacen compañía, aunque sea amargándose la vida mutuamente.

Además, en las películas nos siguen diciendo cosas como que el “amor todo lo puede”, como que “aguantar” malos tratos tiene su recompensa, como que amar de verdad es resignarse a ser una infeliz hasta que ocurre algo mágico que hace resurgir el amor.
Los cuentos que nos cuentan están basados en mitos y en “milagros” románticos, generalmente para justificar la importancia de no perder la esperanza, de ser fiel y leal al marido, de conformarse con lo que hay, de ser el sostén de la familia. Casi todos los mensajes de resignación están dirigidos a nosotras para que sigamos confiando en el amor y en su magia.

Sin embargo, nosotras llegamos a la conclusión de que estar con alguien que no te ama y no te trata bien tiene un coste enorme y es de las cosas más deprimentes que puede pasarte en la vida.
 Y nos dimos cuenta de que para que sigamos practicando el masoquismo romántico, nos dicen que “los que más se pelean son los que más se desean” o que “quien bien te quiere te hará llorar”. Nos negamos a asumir estos roles y estos mitos en torno a las mujeres de verdad, aquellas capaces de sufrir, pasarlo mal, llorar a mares, aguantar infidelidades, agresiones, violaciones y mil humillaciones “en nombre del amor”.

Hoy, gracias a los feminismos y a algunas abuelas muy sabias, las mujeres sabemos que no nacimos para sufrir, que si no nos quieren es mejor no tener pareja, que no estamos solas porque tenemos mucha gente alrededor que nos quiere, que la vida es muy corta y no merece la pena vivir amargada. 

Nosotras en el Laboratorio del Amor trabajamos con la idea de que no tiene sentido malgastar el tiempo y las energías en revivir un amor que ya no da más de sí, o en empeñarse en que una relación que no funciona, funcione. 


No merece la pena malgastar nuestro día a día en peleas, luchas de poder, escenas dramáticas, o tragedias pasionales…  es mucho más divertido ser feliz y dedicar nuestras energías a gozar y a disfrutar con la gente que nos quiere bien. Creemos que el amor no debería de doler, ni al principio, ni en medio, ni al final de la relación. Si la otra persona nos trata mal, es un signo inequívoco de que no nos quiere, no nos quiso, no nos va a poder querer. Y nosotras no vamos a resolver los problemas de los demás: no somos las madres de nuestras parejas, no vamos a salvar a nadie de sus traumas y sus carencias, no merece la pena juntarse a la gente que no sabe disfrutar del amor y de la vida.

Para poder construir una relación de igualdad y de amor, hay que evitar a la gente que no se trabaja sus problemas, y juntarse con gente que sepa gestionar sus emociones, que sean capaces de compartir sus vidas sin hacer daño a los demás, que tengan herramientas para auto-analizarse, para hacer autocrítica amorosa, para crecer y evolucionar a solas, en pareja y en comunidad.   


Nosotras también nos los trabajamos:
trabajamos en el Laboratorio aportando entre todas en la construcción de una ética del amor que nos permita crecer como personas, aprender a ser sinceras, honestas y coherentes, a tratar bien a la gente a la que queremos, a construir herramientas que nos permitan llevar la teoría a la práctica, que nos lleven a sufrir menos y a disfrutar del amor.

Sabemos que otras formas de quererse son posibles y que podemos juntarnos y separarnos con amor. Queremos aprender a cuidarnos a nosotras mismas y a las personas que queremos, queremos utilizar el sentido común, ser sensatas y generosas, sentirnos libres en nuestras relaciones (y que los demás también se sientan libres a nuestro lado), queremos aprender a querernos bien en todas las etapas de la relación, tanto en los inicios como en los finales.

Creemos que cuando se acaba el romanticismo, no tiene por qué acabarse el respeto, el cariño y la ternura… no hay nada más hermoso que poder mirar a los ojos a la otra persona y decirle cómo nos sentimos desde lo más profundo de nuestro ser:
he sido muy feliz contigo, doy gracias a la vida por el tiempo que hemos compartido juntos, ahora quiero seguir mi camino a solas”.

Todo esto nos trabajamos en equipo: queríamos compartirlo porque creemos que es fundamental construir herramientas como este termómetro que nos permitan sufrir menos, y disfrutar más del amor.

Gracias por leernos y compartir este post.

Coral y las mujeres del Laboratorio del Amor.

Fuente: Coral Herrera (http://haikita.blogspot.com.es/2016/07/el-termometro-del-amor-y-el-desamor-la.html)  Revisado 7/7/17

NO SOY BONITA, SOY FUERTE: EL MOVIMIENTO CONTRA LOS ESTEREOTIPOS DE LAS MUJERES

Os dejamos este artículo que habla de cómo educar a tus hijas para que se sientan  bien consigo mismas.

No Soy Bonita, Soy Fuerte: El Movimiento Contra Los Estereotipos De Las Mujeres

 

Maite Abascal. Código Nuevo (http://www.codigonuevo.com/no-soy-bonita-soy-fuerte-el-movimiento-contra-los-estereotipos-de-las-mujeres/), revisado 07/07/17

CÓMO IDENTIFICAR A UN DEPREDADOR EMOCIONAL

Cómo identificar a un depredador emocional

Al igual que los animales, los depredadores humanos van a por las personas más apetitosas. Sus objetivos son aquellas personas que tienen las características que envidian: la amabilidad, el carisma o fuerza de voluntad. Personas felices que han tenido la desgracia de cruzarse en su camino.

Habitualmente consiguen cobijo en este tipo de personas, se arriman a un buen árbol no para resguardarse sino para alimentarse de él hasta que muere y pierde su esencia. Cuando deja de parecer hermoso, buscan otro, sin pena ni dolor por la belleza que han estropeado.

El depredador emocional consume la energía de aquellas personas de las que buscan alimentarse. Sin embargo, el sentimiento de culpa puede no ser del todo ajeno a ellos y esto es, quizás, lo más peligroso ya que de vez en cuando tienen algún gesto sincero de bondad intentando reparar la infelicidad que siembran. Sin embargo, esto no hace más que hacer dificultosa su identificación.

Este abuso emocional se da especialmente en entornos cercanos: pareja, familiares, amigos, etc. Son las personas que el depredador conoce mejor y que por lo tanto puede manipular más fácilmente: se aprovecha de la confianza inherente a los lazos que le unen a estas personas para dejarlas sin aliento emocional.

La crítica feroz y en los lugares en los que más daño hace, intentar que se conviertan en personas dependientes para luego retirarles su apoyo, no valorar lo positivo que realizan, recordarles constantemente los errores que han cometido en el pasado y utilizar el chantaje emocional son algunas de las herramientas que saben manejar a la perfección y que no les causan ningún remordimiento de conciencia.

Para conseguir su propósito necesitan dos condiciones: cercanía y tiempo. Cercanía para establecer lazos que tengan la consistencia suficiente como para poder hacer fuerza sobre ellos y guiar al otro en la dirección que les interesa y tiempo para que la empatía de la otra persona actúe a su favor.

Hay vampiros de todas las edades y de todos los sexos. Los depredadores son personas normales, nunca son líderes y evitan llamar la atención en entornos sociales que no controlan. Por el contrario, en entornos que sí controlan utilizan todo su poder y astucia para satisfacer su necesidad de acción manipuladora.

Los hay peligrosos y muy peligrosos, cuanto más cercanos y más enmascarados o encubiertos más aumenta su daño potencial. Se sienten profundamente inferiores, utilizan un mecanismo compensatorio que habitualmente se basa en la grandilocuencia y la soberbia (arrogancia).

A la víctima la manejan, la humillan y la ningunean de manera sutil y sin que el entorno común lo entienda como tal. Siempre son capaces de crear una versión de los acontecimientos en la que aparecen como buenos o víctimas y nunca como causantes de mal.

Son los que sufren las consecuencias de que la otra persona sea una inútil, de que se equivoque constantemente y son los mártires que están siempre ahí para corregir los errores de los demás. Se encargan de argumentar sólidamente esta versión y de gritarla a los cuatro vientos, de manera que los demás se conviertan en propagadores de sus virtudes.

En una disputa solamente ceden cuando entienden que de esa concesión van a poder sacar un beneficio mayor. Se lo guardan para decir en un futuro “te acuerdas cuando….ahora te toca a ti” y lo que te toca a ti suele ser una concesión mucho más grande que la anterior.

Además, nunca provocan una confrontación directa y cuando hay algo que les molesta lo guardan para echarlo en cara y utilizarlo en la ocasión apropiada, normalmente para conseguir algo o para que la otra persona le perdone un error aún mayor.

Este tipo de personas muchas veces tienen tan integrado su comportamiento que no se dan cuenta de que lo llevan a cabo y han puesto en práctica sus estrategias tantas veces que las tienen prácticamente automatizadas. Además, este tipo de personas nunca son felices y arrastran su propio sufrimiento, son muy racionales y muy pocas veces sienten de verdad.

Cuidado con estos grandes actores, porque a diferencia de los del teatro o las películas, son capaces de causar heridas muy profundas. De tu habilidad para identificarlos va a depender el que no te atrapen ni atrapen a ninguna de las personas a las que quieres.

Raquel Aldana, La Mente es Maravillosa (https://lamenteesmaravillosa.com/como-identificar-al-depredador-emocional/)revisado el 29/06/2017.