El motor del feminismo son las jóvenes como Sara

ANA MARÍA ORTIZ  Madrid

Sara Naila, estudiante de 20 años y una de las mujeres más activas de la Comisión 8-M, en Madrid. SERGIO ENRIQUEZ-NISTAL

Extiende el brazo izquierdo y muestra la pulsera, una cinta negra en la que se lee: “Por una educación feminista”. Se la anudó en 2014, cuando tenía 16 años y estaba volcada en protestar contra la reforma de la Ley del Aborto de Gallardón. Su hermana pequeña, de 13 años, también lleva una pulsera feminista. “Ya con esa edad tiene conciencia y es algo que pasa bastante. Le hablo de la lucha de clases y me manda por ahí, pero si le digo ‘mira, Blanca, porque lleves un top nadie te tiene que llamar guarra’ lo entiende perfectamente”.

Sara Naila tiene 20 años, ha finalizado 3º del doble grado de Derecho y Filosofía, trabaja en un colegio mayor -se ocupa de la admisión de alumnos-, milita en lasJuventudes Comunistas y pese a su corta edad es una de las mujeres más activas del feminismo español. Ha estado agitando las exitosas movilizaciones del último Día de la Mujer desde la Comisión 8-M y también el levantamiento contra La Manada desde el Movimiento Feminista de Madrid.

¿Que cuándo tomó Sara conciencia de que era feminista? Se retrotrae a la infancia y recuerda cuando la llamaban marimacho porque jugaba (juega) al fútbol y ahí aún no. “Entonces no te das cuenta, te parece normal, pero con 14 años… No es que llegues a tanto como para decir ‘mira qué injustos los roles de género’, pero ves que hay cosas que no están bien: salir a la calle y que te digan piropos, que te toquen el culo…”.

De las movilizaciones sociales que surgieron con la crisis y que confluyeron en el15-M, el feminismo es indiscutiblemente la que más ha calado. Coinciden mayoritariamente los expertos en señalar que su éxito, que ha alcanzado este 2018 una magnitud inédita, está en su transversalidad, en que no tiene un sello ideológico concreto ni pertenece a ninguna generación. Pero apuntan también a que su empuje principal, el motor que arrastra a las demás, son las jóvenes como Sara.

En el barómetro de abril de 2018 el CIS preguntaba: “¿Cómo se definiría usted en política?”. Un 4,2% de los encuestados -el 7,1% de las mujeres y el 1,1% de los hombres- respondía que “feminista”, el mismo porcentaje que quienes contestaban “ecologista” y por encima de “nacionalista” (3,6%) y “comunista” (2%). Un signo de cómo el movimiento se ha abierto paso en la última década es que la opción “feminista” no figurara entre las posibilidades que daba el CIS hasta abril de 2010. En aquel estreno sólo el 1,8% -el 3,5% de las mujeres y el 0,1% de los hombres- se reconocía como tal.

El número prácticamente se ha triplicado en ocho años hasta alcanzar el 4,2% antes mencionado. Y si miramos el porcentaje de quienes se consideran ante todo feministas por tramos de edad, encontramos el refrendo estadístico a ese ímpetu juvenil que refieren los especialistas. Un 10,2% de los jóvenes entre 18 y 24 años -hombres y mujeres- se define políticamente como feminista, sólo detrás de quienes se consideran liberales (14%) y delante de socialistas (8,6%), progresistas (7,5%), ecologistas (7%), conservadores (6,5%)… El porcentaje sería aún mayor si sólo se contara a las chicas.

“No es casualidad que haya habido tantas mujeres jóvenes en las manifestaciones y tengo que decir que con mucho criterio político y mucha formación en materia de género”, dice la diputada socialista Ángeles Alvarez, portavoz de la Comisión de Igualdad en el Congreso y activista feminista desde hace cuatro décadas. “No creo en las implosiones por generación espontánea”, opina cuando se le pregunta por la espita que ha podido prender el movimiento. Habla más bien de un poso que ha ido calando en las últimas décadas, impulsado por las leyes de igualdad positiva y por la creación de organismos, como el Instituto de la Mujer, que han trasladado el discurso de igualdad a todos los niveles. Pone el ejemplo de las asociaciones de mujeres. “No hay pueblo en España que no tenga una. Las primeras posiblemente estaban más vinculadas a relaciones culturales, pero todo este tiempo las ha obligado a tomar conciencia de la importancia de que ellas, como organizaciones, participen en lo que llamamos la agenda política del feminismo; así hemos llegado al 8-M, que es una implosión que tiene que ver con la conciencia colectiva”, explica.

Asunción Bernárdez, directora del Instituto de Investigaciones Feministas de la Complutense, apunta a las consecuencias de la crisis como el desencadenante de que los jóvenes se hayan aproximado tanto al feminismo. “Se han dado cuenta de que aun haciendo todo lo que la sociedad les pide, estudiando, esforzándose, portándose bien, no tienen expectativas ni atisban un futuro feliz, lo que les ha llevado a criticar el sistema impuesto. Y se identifican con el feminismo porque no sólo es crítico con el sistema, sino que, al contrario que las grandes teorías políticas, habla de cómo resolver problemas cotidianos: cómo cuidamos a los hijos, cómo empleamos nuestro tiempo, qué pasa con las grandes diferencias sociales, por qué se usa el cuerpo de las mujeres como objeto…”.

Sara asiente en cuanto a que una de las claves del éxito del movimiento ha sido saber apelar a los problemas concretos de las mujeres, como que su hermana Blanca sea juzgada por llevar un top. Y señala 2014, el año en el que se colocó la pulsera y el de las movilizaciones contra la fallida reforma de la Ley del Aborto de Gallardón, como el momento en que ese caldo de cultivo comenzó a visibilizarse en las calles. Era la primera victoria de la lucha feminista más reciente y el pistoletazo de salida para la siguiente cita: el 7-N de 2015, el día de la también exitosa Marcha Estatal contra las Violencias Machistas. “Fue más importante el proceso que la manifestación del 7-N. Durante cuatro o cinco meses teníamos tres o cuatro asambleas semanales y creamos un espacio juvenil en la Universidad, el Bloque Feminista Estudiantil, con gente de la Carlos III, de la URJC, de la Autónoma y de Alcalá de Henares“, cuenta, redordando cómo se fue armando silenciosamente el feminismo entre los estudiantes.

Para entonces ya no era sólo la adolescente a la que le chirriaban los piropos. “Yo soy cinturón negro de kárate, por ejemplo, porque mi padre me apuntó a kárate para que pudiera defenderme. Y un día me compró un silbato: ‘Toma, Sara, por si alguien te agrede’. ‘Papá, no nos tienen que educar en cómo defendernos de una violación, la educación que nos tienen que dar es que a las mujeres no nos pueden violar'”.

Al 8 de marzo de 2017 se llegó con la convocatoria de media hora de paro simbólicoque tuvo mucho seguimiento estudiantil pero poco fuera de los centros educativos. “Sin embargo la manifestación fue impresionante, bloqueó Madrid, ni nosotras lo esperábamos… ‘Hay que hacer algo más’, dijimos. Y el 8 de abril nos reunimos [la Comisión 8-M] y decidimos ir a la huelga al año siguiente, la preparamos durante todo un año”. Ese año la editorial Merriam-Webster, especializada en diccionarios, eligió feminismo palabra del año porque las búsquedas del término crecieron un 70% respecto a 2016.

En el año que transcurrió hasta el 8-M de 2018, Sara se dedicó a labores de extensión y concienciación, dando charlas en los institutos, potenciando las redes sociales, acudiendo a los barrios para llegar a las señoras que no tenían Twitter, informando a las trabajadoras del Metro de Madrid… Intuyó que el 8 de marzo de 2018 sería histórico cuando el día antes vio que en el acto convocado en el hall de su facultad estaban las estudiantes, pero también las profesoras, las mujeres de administración y las de la limpieza. “Fue una doble victoria porque pusimos nuestras demandas sobre la mesa política -tuvieron que hablar de las mujeres en el Congreso, en el Senado– y también sobre la mesa social. Mi madre diciéndole a mi padre que no iba a cocinar ese día…”.

Cabría pensar que el 8-M se ha materializado, entre otros logros, en el cartel del Gobierno de Pedro Sánchez, con una significativa presencia de mujeres -11 ministras por seis ministros-, y que las feministas como Sara lo aplauden. Ella no lo hace. “Es lo que llamamos el ‘síndrome de la cara bonita’, poner mujeres porque vende, por interés electoral, pero no ha puesto en marcha ninguna medida feminista”, opina. “Una de nuestras preocupaciones era rebajar el discurso para que llegara al máximo número de gente posible, pero, ¿qué pasa?, que todo el mundo se adhiere. Ellos se han adherido pero han malentendido el feminismo. Feminismo no es poner un cupo de mujeres, sino medidas; educación sexual en las aulas, por ejemplo”.

La educación, dice Sara, es el mejor antídoto para evitar casos como el de La Manada, cuyas protestas han liderado las feministas. “En el último examen de Derecho Penal 2 nos pusieron el caso de un chico que intenta besar a una chica en una discoteca y ella se resiste pero al final la besa. Contesté mal a propósito. Dije: ‘Sé que es abuso pero para mí es agresión sexual porque implica violencia e intimidación'”.

La filósofa y pensadora feminista Amelia Valcárcel clasifica los movimientos feministas a lo largo de la historia en tres grandes olas. La primera abarcó desde laRevolución Francesa hasta mediados del siglo XIX y logró el acceso de la mujer a la educación. La segunda se centró en el derecho a sufragio y transcurrió desde mediados del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial. La tercera ola, que comenzó en los años 60 del siglo pasado, se ha centrado en la popularización del término feminista, la lucha por la abolición del patriarcado y la reivindicación de la igualdad real.

Muchas expertas creen que la efervescencia del movimiento feminista actual supone el nacimiento de una cuarta ola. Esto opina Valcárcel: “Hablar de un cambio de fase histórica es mucho pedir, pero creo que sí se puede afirmar que hay un cambio de paradigma. El feminismo es más fuerte, conforma la opinión de la gente y la política tiene que contar con él. Hay en curso una evidente rebelión de la mujer contra el mundo heredado de minusvaloración y acoso, eso es una verdad empírica. Y cuanto más jóvenes, esa rebelión es más fuerte y más profunda porque no hay cosa que haga más desear la libertad que tenerla cerca”.

32,3%

MARTA LEY

La proporción de directoras y gerentes en las empresas ha crecido cinco puntos porcentuales desde 2011, primer año en que se registró esta categoría profesional en la Encuesta de Población Activa del Instituto Nacional de Estadística (INE). Aunque el dato es optimista, teniendo en cuenta los márgenes de error podría afirmarse que prácticamente no ha variado. Sin embargo, en esta última década la tendencia es una mayor presencia femenina en cargos de responsabilidad: hoy, son casi una de cada tres.

Mayores agravios aporta la Encuesta de Estructura Salarial, también del INE. En el más alto nivel del escalafón salarial las directivas cobran 10.424 euros menos al año que los directivos. Eso sí, hace justo 10 años, en 2008, la diferencia era de 14.310 euros. Y aquí no hay cuestión de jornadas reducidas: el 92% de las directivas trabaja a tiempo completo. De forma general, teniendo en cuenta todos los rangos ocupacionales, la diferencia entre la media de los sueldos masculinos y femeninos incluso se ha incrementado en la última década: de 5.016 a 5.793 euros. Tres meses y medio de sueldo menos para ellas, teniendo en cuenta la media.

El sector con menos desigualdad salarial es el de la restauración y el comercio. Destaca asimismo la categoría de técnicos de salud y la enseñanza, donde la brecha salarial ha crecido un 185% en cerca de 10 años.

Cuando se trata de salarios es más interesante analizar, no obstante, el valor mediano en lugar del medio, para evitar el peso que ejercen sobre este último los sueldos muy elevados. Aunque el INE no publica este dato con el desglose de los niveles de ocupación, sí que lo aporta para el total de los salarios. Atendiendo a la mediana, las diferencias salariales entre hombres y mujeres se recortan en 1.000 euros: en lugar de 5.793 euros menos al año, la brecha más cercana a la realidad asciende a 4.794 euros. En meses, dado que la retribución mediana es más baja que la media, la proporción no varía: ellas cobran lo equiparable a tres meses y medio menos que ellos.

Fuente:  El Mundo

Sexismo, estereotipos y acoso machista en la comunidad, ¿ha cambiado la industria del videojuego?

Toda una tradición de videojuegos ha cosificado a las mujeres, pero empiezan a aparecer historias con protagonistas femeninas de gran fuerza

Madrid, 26 jul. 18. AmecoPress.- Violar a mujeres, acudir a prostíbulos, acceder a sexo y bailes eróticos pulsando un botón o asesinar a golpes a los avatares femeninos son algunas de las actividades fácilmente accesibles en un amplio catálogo de videojuegos que, a pesar de estar recomendados para mayores de edad, pueden llegar a todo tipo de público. La sexualización y la concepción de las mujeres como objetos en algunos de los títulos más vendidos han colocado a la industria la etiqueta de machista y homófoba, pero ¿está cambiando esta situación?

España ya cuenta con 14 millones de personas aficionadas a los videojuegos, de las que un 45% son mujeres y un 55% hombres, según los datos aportados por la Asociación Española de Videojuegos (AEVI). El director de esta organización, José María Moreno, observa una equiparación en cuanto al consumo de estos productos que, inicialmente, estaban dirigidos principalmente a hombres. “Desde hace un tiempo hay un esfuerzo por parte de la industria para hacer contenidos de todo tipo. Eso sumado a la aparición de nuevos dispositivos, principalmente teléfonos móviles y tabletas ha incrementado la participación de las mujeres en los videojuegos”, considera.

Pero el punto desde el que se partía no hace ni mucho menos fácil la transformación de este sector. La socióloga Anita Sarkeesean desarrolló una serie de vídeos documentales en los que explicaba los diferentes roles machistas que han acompañado a las mujeres en los videojuegos a lo largo de su historia. La iniciativa, llamada “Tropes vs Women in Video Games” (Estereotipos contra mujeres en los videojuegos) fue recibida con rechazo y hostilidad por una parte de la comunidad gamer, que inició una campaña de acoso contra Anita Sarkeesean. La socióloga tuvo que cambiar de domicilio ante las amenazas de muerte que recibió e incluso tuvo que suspender una ponencia en la Universidad de Utah por un aviso de tiroteo si ella hablaba de machismo en videojuegos.

En esta secuencia de vídeos, Sarkeesean analiza distintos papeles en los personajes femeninos. Comienza con el rol de “Damisela en apuros”, uno de los primeros en aparecer en los videojuegos y que han conformado la historia de los principales títulos hasta nuestros días. El ejemplo más reconocido es el de la princesa Peach, de la saga Super Mario Bros. Peach es secuestrada en 13 de los 14 juegos de la saga que se han desarrollado, en un relato inspirado en la película King Kong en la que tiene que ser rescatada por su novio Mario de las garras de los malechores. Solo en uno de esos 14 títulos se puede jugar con Peach como protagonista. Incluso en los juegos más actuales de Super Mario para Wii, en los que se permite participar hasta a cuatro jugadores, se la excluye de esa opción.

“Ellas se convierten simplemente en el objeto central de una competición entre hombres. En los juegos del patriarcado, las mujeres no son el equipo rival, son la pelota”, explica Sarkeesean, que también como pone ejemplo el conocido juego de The Legend of Zelda. “En los 25 años de la saga, todas las encarnaciones de la princesa Zelda fueron raptadas, maldecidas, poseídas, convertidas en piedra o arrebatadas de su poder en algún momento. Zelda nunca ha sido la protagonista principal de su propia historia”.

La periodista especializada en videojuegos Paula Croft cree que este personaje “ha ido evolucionando poco a poco”. “en el último juego tenía un protagonismo mayor, le quitaron el vestido -que aunque parece poco relacionado, también le perjudica- y no era la típica damisela”, cuenta. Anita Sarkeesean destaca que, en uno de los títulos de la saga, Zelda utilizaba otro tipo de vestimenta (más cercana a la de un hombre) y podía realizar acciones y ser relevante en la historia, pero en el momento en el que adoptaba su aspecto estereotipadamente femenino, con su vestido, “tardaban tres minutos en capturarla”.

La debilidad de las mujeres se convierte en un rasgo deseable en los personajes femeninos y esto, según Sarkeesean, lleva a “mantener la creencia de que los desequilibrios de poder en las relaciones amorosas son atractivos, esperados o normales”.

Un paso más grave es el fenómeno que la socióloga denomina en sus vídeos “Damisela en eutanasia”. Es frecuente, y sucede cuando los personajes femeninos solicitan que se las asesine con la excusa de que van a convertirse en monstruos, van a ser poseídas por demonios o va a suceder otro hecho más grave. En Pandora’s Tower 2013 y Duke Nukem Forever (en la fotografía), son ellas las que piden expresamente que las mate su pareja o su captor.

En otras ocasiones, la muerte o el maltrato a las mujeres de los juegos proporciona el gancho motivacional de la historia. Las series Max Payne o God of War utilizan el asesinato de las parejas de los protagonistas masculinos como un pretexto para la búsqueda de venganza sangrienta.

Misoginia y sexismo

Otros videojuegos permiten matar directamente a las mujeres a golpes o con sus armas, como es el caso de la saga Grand Theft Auto (GTA), considerada una de las más machistas del mercado. Además, desde el tercer título de esta serie, el jugador (siempre un personaje masculino) puede comprar sexo de prostitutas. Es tan sencillo como pasear con su coche por la calle y llamar a una de ellas, podemos ver entonces en pantalla (de forma velada) como una mujer practica una felación al protagonista. Esta actividad incrementará la conocida como “barra de salud” del personaje, es decir, la energía que le permite correr, nadar o hacer cualquier tipo de actividad en el videojuego.

En la saga God of War es común introducir en la historia minijuegos que recompensan al personaje por haber tenido sexo con una o más mujeres. Se van pulsando diferentes teclas para culminar la acción y, al terminar, el protagonista recibe un suplemento de energía, sube de nivel en el juego, desbloquea pantallas o incluso gana trofeos. En la pantalla, un mensaje de completa sumisión: “Estamos listas para satisfacer todos sus caprichos”.

En 2006 apareció en Japón un videojuego que consistía en acosar y violar a una mujer y a sus dos hijas (una de ellas, claramente menor de edad). La persona que deseara jugar a este título, RapeLay, se ponía en la piel de un acosador y moviendo su ratón podría simular manosear y desnudar a los personajes en un tren lleno de gente. También forzarlas a mantener una relación sexual. El juego fue prohibido en varios países del mundo, pero actualmente en Youtube hay tutoriales para poder conseguirlo sin censuras.

Otros títulos simplemente dotan de sexualidad a sus personajes femeninos con poca ropa, rasgos exagerados y formas de moverse o posturas eróticas.

De Lara Croft a Aloy, la evolución del personaje femenino

La periodista Paula Croft no dudó en escoger el apellido de la famosa protagonista de Tomb Raider para escribir sus análisis de videojuegos. Afirma que es un personaje que le “encanta” por su evolución a lo largo de los años y cuenta a AmecoPress la historia de Lara como ejemplo de que la industria va mejorando.

Lara Croft fue diseñada en 1996 por Toby Gard, cuando salió el primer Tomb Raider. “En entrevistas siempre recalcó que se exageraban mucho sus atributos femeninos para dar a entender que era una mujer realmente, porque la mayoría de personajes eran masculinos o no aparecían en pantalla”. En Tomb Raider 2, cuando vieron el éxito que tuvo la primera entrega, el departamento de marketing decidió potenciar mucho más la sexualidad de Lara, llegó a salir hasta en la revista PlayBoy”, explica Paula. En ese momento, el creador de esta protagonista femenina decidió marcharse, “no quiso cobrar más porque no le parecía bien lo que habían hecho con Lara”, cuenta la periodista.

Para Paula Croft, redactora en MeriStation, el personaje de Tomb Raider refleja la evolución que ha habido en la industria de los videojuegos. “El 14 de septiembre saldrá el nuevo juego y vemos una Lara muy musculada, apenas tiene pecho, no lleva ya esa ropa corta que se la ponía solo para mostrar su cuerpo, y está preparada para enfrentarse a todas las aventuras que se le pongan por delante. Eso sí, siempre hay señores que se quejan de esto, aunque la mayoría agradecemos que sea más realista y acorde con los tiempos que vivimos”.

Otro ejemplo que destaca la periodista es el personaje de Aloy, del videojuego Horizon Zero Dawn, protagonista femenina de su propia historia. “Su productora tuvo que aguantar críticas en cuanto a su físico, porque no era lo suficientemente sexy, pero me alegro de ver que se da menos importancia a estos comentarios, que anteriormente sí que las desarrolladoras y los departamentos de marketing quizá iban con cuidado con eso por si perdían ventas”. Paula Croft considera que “cada vez hay más personajes femeninos” y que se están creando otro tipo de contenidos inclusivos, “como en Overwatch, que también se incluyen distintas sexualidades y un plantel muy diverso. Eso se nota también en los jugadores que acaban en ese juego, va conformándose una base mucho más respetuosa”. Pero este es un proceso lento que, según Paula, solo puede completarse si “las grandes desarrolladoras se atreven a crear personajes femeninos y otro tipo de historias en juegos de alto presupuesto”.

En esta línea, Lidia Arroyo, experta en género y tecnologías de la información y la comunicación (TIC) de la UOC, critica que la lógica que han seguido los juegos más vendidos sea tan agresiva y competitiva. Y echa en falta “un tipo de historia que no fuera solo centrada en matar y en la violencia más extrema, sino que busque desarrollar otras capacidades, como la estrategia intelectual, la cooperación, y conseguir misiones con otro tipo de técnicas”.

“Una propuesta sería que desde el sector ayudaran a las mujeres para que desarrollaran videojuegos con mucho presupuesto (igual que lo tienen ellos) de máxima calidad a nivel audiovisual. Ya no solo videojuegos modestos que traten temas de género o tengan otra mirada, tendrían que tener la industria a su servicio, igual que los hombres”, defiende la experta en TIC.

Machismo en la comunidad

Los contenidos van cambiando, pero una parte de la comunidad gamer sigue siendo muy reaccionaria a la presencia femenina. En competiciones online de deportes (conocidas como esports) los hombres ocupan un 90% de las plazas para jugar y las mujeres solo el 10% restante. Se trata de eventos con gran popularidad mediática que incluso se retransmiten ya por televisión.

No es fácil para ellas llegar hasta allí. Remilia, una estadounidense de 20 años, estuvo a las puertas de convertirse en la primera mujer en competir en la League of Legends Championship Series, pero decidió abandonar a su equipo después de que su imagen apareciera unos segundos en pantalla y recibiera numerosos comentarios ofensivos por su supuesta transexualidad. “Cuando mi equipo celebraba el pase y concedía entrevistas, me senté en posición fetal, lloré y me tomé un tranquilizante”, declaró.

Chloe Sagal fue una importante desarrolladora de videojuegos. Creó un título indie gracias a la financiación que obtuvo por un crowdfunding. El lado más machista de la comunidad gamer acusó a Chloe de usar ese dinero para una operación de cambio de sexo, ya que era una mujer transexual. Ella terminó suicidándose prendiéndose fuego.

En el verano de 2014, se inició una campaña en conocidos foros y páginas web de videojuegos llamada Gamergate. Se originó por una serie de rumores acerca de que Zoe Quinn, la desarrolladora de un videojuego indie que buscaba ponerse en la piel de una persona con depresión, había mantenido una relación con un redactor de la importante web de videojuegos Kotaku. Los rumores los extendió el ex novio de Quinn, y fueron la chispa que encendió todo un polémico enfrentamiento.

Muchas de las personas que apoyaron el conocido como Gamergate aseguraban que lo que se pretendía criticar eran los tratos de favor de los periodistas a determinadas creaciones de videojuegos por relaciones personales con las personas que los desarrollaron, pero detrás de ello se desarrolló una corriente misógina que llevó a cabo amenazas de muerte contra Zoe Quinn, Anita Sarkeesean y otras conocidas mujeres del videojuego.

En España también hubo casos similares, La gamer Marina Amores decidió organizar un evento solo para mujeres, por la necesidad de tener un espacio seguro en el que hablar de videojuegos sin recibir acoso o comentarios misóginos. El acto, llamado Gaming Ladies, fue duramente criticado y Marina Amores terminó abandonando las redes sociales. “Ir en contra del statu quo, como sabrá cualquier feminista, es una cuesta arriba, y yo, personalmente, me he quedado sin fuerzas para seguir tirando”, decía en su mensaje de despedida, después de reconocer que el acoso recibido le causó “problemas de salud”.

Una minoría que hace mucho ruido

El videojuego se ha convertido en la primera opción de ocio a nivel global. Según José María Moreno, en España factura casi 1.400 millones de euros, “casi el doble que el cine y la música juntos”. La variedad de videojuegos en el mercado es inmensa, pero el director de la AEVI lamenta que siempre prevalezcan en la imaginación los títulos más ofensivos o los ejemplos más extremos, generalizando a toda la industria. “Es un sector muy abierto a los géneros y a las razas, y a medida que se han ido sumando mujeres se está enriqueciendo el sector con sus ideas y sus formas de trabajar y está resultando más atractivo a otros públicos”, apunta.

Moreno insiste en que los hombres que utilizan los chats de los videojuegos para acosar “son una minoría”. “Están amparados por el anonimato que tienen. Lo que estamos trabajando desde la asociación y proponemos al Gobierno es formar mejor a los jóvenes. Educar en igualdad, porque los videojuegos no tienen la culpa de todos los males, son ficción”.

Para Lidia Arroyo, no se trata simplemente de ficción. La experta en género ha trabajado en prevención de violencia machista en jóvenes y considera que el sexismo y las acciones violentas hacia los personajes femeninos que los videojuegos permiten vivir en primera persona pueden desencadenar una “normalización” de la violencia contra las mujeres. “Refuerza la imagen de la masculinidad agresiva que puede hacer lo que quiera con el cuerpo de las mujeres”.

El director de la AEVI recuerda que el sistema de clasificación por edades y contenido de los videojuegos es muy detallado, “lo que no puede ser es que se compren videojuegos a los niños y niñas que no vayan acorde con la edad establecida. Tú no pones a tu hijo una película porno o una de terror si no tiene la edad para ello”. Además, recuerda que existen todo tipo de mecanismos de control parental para bloquear contenidos y medir el tiempo que pasamos en frente de la consola.

Lo mismo considera un grupo de jóvenes que creó la web “Cosas de chicas gamers”. “Lo que debería cambiar es la mentalidad de los jugadores. Nadie quiere quedarse sin GTA pero debemos ser conscientes de que los comportamientos que aparecen en ese juego no son los correctos”. El proyecto empezó con dos mujeres, pero después se incorporaron hombres. “Queríamos que todo el mundo pudiera participar, pero conservamos el nombre de la web en femenino para darle más visibilidad a la mujer en esta industria”, explican a AmecoPress.

Este grupo garantiza que no ha recibido comentarios machistas a pesar de que el nombre de su página sea femenino y defiende que no consideran a la comunidad “machista”, sino que creen que se trata de “casos individuales que hacen más ruido del que deberían”. Las chicas de la web sí reconocen que han recibido mensajes de flirteo cuando han utilizado un nick o personaje femenino para jugar.

Añaden que no se sienten incómodas jugando a títulos con algo de contenido machista, pero identifican cuándo la sexualización de los personajes es innecesaria y la rechazan. “Por ejemplo, dicen que Quiet en Metal Gear Solid V: The Phantom Pain, aparecía semi desnuda porque hace la fotosíntesis… En nuestra opinión, una excusa absurda”.

La periodista Paula Croft, en cambio, sí admite haber recibido comentarios misóginos cuando su imagen o su voz ha aparecido en vídeos o en determinados reportajes. “El mandarte a fregar es muy usual, pero se va depurando poco a poco”. En su profesión sí que ha notado que se cuestiona más lo que dice ella que si lo dice un compañero varón. “Te lo intentan explicar. Sí que he notado que son un poco más insistentes si detectan que eres una mujer y tienes alguna ‘falla’ en tu carné de gamer”.

La brecha de creadoras de videojuegos

A pesar de que el número de consumidoras de videojuegos esté aumentando y, prácticamente, equiparándose al de hombres, hay una clara brecha en este sector que se encuentra en el número de mujeres que se dedican al desarrollo de estos productos (informáticas, ingenieras, etc).

Según el Libro Blanco del Videojuego, hay un 17% de mujeres en la parte del desarrollo de videojuegos, un porcentaje en la línea con el 15,4% de mujeres especialistas en tecnología también en nuestro país. “Yo creo que el problema no es que la industria del videojuego sea poco atractiva para las mujeres, sino que hay pocas mujeres que están enfocando su carrera hacia las TIC”, apunta José María Moreno.

Ante esta situación, el director de la AEVI insiste en la importancia de la formación y la educación. “En las etapas tempranas se deberían incluir asignaturas relacionadas con lo tecnológico y lo digital, y hacerlas atractivas para las niñas”. Por otra parte, Moreno destaca que a la industria llegan muchas mujeres por otras ramas, como el diseño, el proceso de arte, los puestos de marketing, finanzas y comunicación.

Para tratar de reducir esta brecha, en España ya se están incorporando iniciativas como el Girls Make Games, unos campamentos de verano surgidos en California que en nuestro país llegaron en forma de talleres dirigidos principalmente a niñas de entre 8 y 17 años, y orientados a incentivar el interés en la programación de videojuegos. Las niñas pueden trabajar en el desarrollo de juegos, crear prototipos, tener referentes femeninos y apoyarse entre sí.

La cofundadora de este proyecto en España, Eleazar Herrera, tiene claro de dónde viene el desinterés de las mujeres por las TIC: “¿A qué juegan las niñas y a qué juegan los niños? Ellos suelen montar piezas; ellas suelen cuidar
muñecas. Parece algo del siglo pasado, pero los estereotipos de trabajo industrial y de trabajo de cuidados condicionan nuestra relación con la tecnología”.

“Ninguna de las niñas llega pensando que no puede hacerlo; están allí para aprender y se lo toman como tal. ¡Es que ni se plantean tener expectativas! Los adultos deberíamos aplicarnos esto. Sería liberador”, zanja.

Fuente:AmecoPress

http://amecopress.net/spip.php?article17942

 

 

Consejos para chicos que quieren disfrutar del amor, y de la vida

Coral Herrera Gómez

Algunos consejillos para chicos que quieren disfrutar del amor:

– El amor es un placer. El amor es una energía renovable, una fuente de goce, placer, aprendizajes, crecimiento, alegría y orgasmos. Si estás en una relación en la que no lo estás pasando bien, o la otra persona no lo está pasando bien, lo mejor es cortar por lo sano. Sufrir por amor daña gravemente la salud emocional y sentimental: no pierdas tu tiempo y tus energías en relaciones que no funcionan.

-El amor no es una guerra, y las personas con las que te juntas no son tus enemigas. Así que puedes relajarte: no tienes por qué ser el ganador, no tienes por qué tratar de someter a tu pareja para sentir que eres el que domina en la relación. No es cierto que los que más se pelean son los que más se desean, no es verdad que del amor al odio hay un paso, y es mentira que quien bien te quiere te hace llorar. Quien bien te quiere te trata bien y contribuye a tu felicidad. Vivimos en un mundo cruel y violento, por eso lo verdaderamente subversivo es lograr relacionarte con la gente desde el amor, la ternura, el cariño, y la alegría de vivir. Además, también puedes separarte con amor y cariño: los finales de las parejas no tienen por qué ser traumáticos, desgarradores o terribles. Otros finales son posibles.

– Amar en libertad: si quieres que el amor sea una experiencia maravillosa, es fundamental que la gente con la que te juntas se sienta libre para quedarse, o para irse de tu lado. Sin libertad, no hay amor. En la relación amorosa tienen que disfrutar ambos: no se puede gozar del amor si no es en condiciones de igualdad, respeto mutuo y reciprocidad. Es imposible que una persona que se sienta obligada o presionada a permanecer en una relación pueda disfrutar del amor. Que nadie te ate con la excusa de que te ama: no perteneces a nadie, todos somos radicalmente libres para estar en una relación o para dejar de estar en ella. Y esto no sólo has de aplicártelo a ti, sino también a tu pareja, que tiene los mismos derechos y libertades que tú, sea hombre o sea mujer.

– No hay por qué sufrir. Hay muchas formas de solucionar los conflictos sin pasarlo mal y sin utilizar la violencia. Puedes intentar hablar de lo que sientes con tu pareja sin tener que enfadaros, sin insultaros, sin faltaros al respeto, sin haceros daño: todo se puede solucionar hablando. Y si no se puede solucionar, siempre os podéis separar con el mismo amor y el mismo cariño con el que empezasteis.

– Aprende a gestionar y a expresar tus emociones. A veces nos invaden unos tsunamis tremendos de emociones muy intensas y muy fuertes que nos hacen sufrir mucho y hacen sufrir a los demás, por eso es tan importante aprender a auto-controlarse, a identificar lo que nos pasa y a ponerle nombre, a expresarlo con la voz y con el cuerpo, a desahogarnos y liberarnos de las inundaciones emocionales que tanto daño nos hacen.

– No te reprimas, y desnúdate cuando hagas el amor: quítate la coraza, el escudo, el casco, y deja las armas. Atrévete a desvestirte y a que te vean por dentro, tal y como eres, tal y como sientes. Comparte tus adentros con generosidad y sintiéndote libre: el amor es más intenso cuando se rozan las almas y se crea intimidad de la buena, cuando hacemos piel con piel y nos sentimos en un espacio seguro y de confianza en el que podemos ser nosotros mismos y caminar desnudos en total libertad.

– Los sentimientos no son cosas de chicas: la capacidad de sentir es una característica esencial de todos los seres vivos. Tenemos emociones porque estamos vivos. Es absurdo pasarte la vida entera reprimiéndolas para no parecer débil. La única emoción que se les permite expresar a los hombres es la ira y el odio: todo lo demás hay que reprimirlo por miedo a lo que pensarán los demás de nosotros. Tenemos derecho a estar tristes, a estar alegres, a sentir miedo, a sentirnos destrozados por dentro, a sentir nostalgia, a sentir ilusión, a sentir dolor, a sentir impotencia. Tenemos derecho a decirlo y a expresarlo, siempre sin hacer daño a nadie.

– No tengas miedo a ser como eres. Todos somos seres fuertes y frágiles a la vez. Somos vulnerables y somos poderosos, a veces estamos bien y otras veces estamos mal, somos sensibles y somos valientes: somos todo a la vez, hombres y mujeres. Todos tenemos heridas en el alma, todos somos a la vez seguros e inseguros, todos nos caemos y nos volvemos a levantar. No somos robots: somos seres sentipensantes. No pierdes tu poder por mostrar tus emociones, por dejarte invadir por la ternura, o por llorar delante de tu gente. Compartir con los demás lo que sentimos es una de las experiencias más liberadoras y sanadoras de la vida: no tengas miedo a mostrarte tal y como eres, tal y como sientes. No te sometas a la tiranía del “qué dirán los demás”.

– Todos los hombres tenéis derecho a amar y a disfrutar del sexo con quien queráis. Ningún amor es ilegal: no importa si sois heteros, homosexuales o bisexuales, ninguna opción es mejor que otra, y todos merecemos ser tratados con respeto, independientemente de nuestra orientación sexual. Los hombres heterosexuales no son superiores, ni son más hombres, ni son mejores que los hombres homosexuales o bisexuales, así que liberaté del mandato machista que te pide que humilles, insultes, te burles y trates mal a los hombres gays para parecer más heterosexual y más macho. Si eres homosexual, piensa que la gente que te quiere de verdad va a seguir queriéndote igualmente. Aún hay muchas resistencias para aceptar otras orientaciones sexuales, pero el cambio es imparable: cada vez más países reconocen el derecho al amor de todos los seres humanos, y el derecho a casarnos con quien queramos.

 Libera a tu polla del patriarcado. Las pollas de hoy en día viven obligadas a funcionar siempre, en todo momento, con cualquier mujer, y a repartir con generosidad sus semillas. Las pollas viven con miedo a no dar la talla, sufren una gran presión para llegar a ser la mejor de todas las pollas. Estas pollas son esclavas y son utilizadas como la prueba máxima de la virilidad de su dueño. No son pollas libres porque están sujetas a los miedos, las carencias, los traumas, los problemas que tienen sus dueños, por eso cuando las pollas están demasiado oprimidas, no funcionan. En el patriarcado, las pollas perdedoras son las de menor tamaño, las pollas raras, las pollas tristes, las pollas que no cumplen con los requisitos que se exigen para ser pollas alfa. Es muy duro llegar a tener una polla alfa de esas que se meten en todos los agujeros de los cuerpos de las mujeres. Son pollas soldado que siempre cumplen con su deber de mostrar la virilidad de su dueño, y de dominar todo su entorno. Son pollas violentas, y cuanto más inseguras, más miedosas, más frágiles, más violentas son y más necesitan sentirse superiores a las demás pollas y a todos los coños que se crucen en su camino. Así que libera a tu polla de tanta mala vibra, de tanta opresión y tantas obligaciones, dale menos importancia, y no la conviertas en el centro de tu universo. Libera tu mente y tus emociones, verás qué rápido se libera tu polla, y comprobarás personalmente cuánto disfrutan las pollas en libertad.

– Las mujeres no son tus enemigas. Las mujeres no somos malas. No somos inferiores, no somos un objeto, no somos propiedad de nadie. No hemos nacido para gustar ni complacer a los hombres, ni para servirles, ni obedecerles, aunque todo el tiempo te lleguen este tipo de mensajes en los formatos más variados: canciones, películas, cómics, textos religiosos, novelas. El patriarcado quiere que creas que tienes que defenderte de las mujeres porque somos interesadas, aprovechadas, manipuladoras, abusonas, y porque utilizamos nuestros encantos para seduciros y dominaros a través de los sentimientos. Sin embargo, nuestro objetivo número uno no es cazar un marido: todas tenemos nuestras vidas, nuestros proyectos, sueños, pasiones, nuestras redes de afecto y redes sociales. Si te enamoras de una mujer, puedes seguir siendo quien eres si perder tu autonomía y tu libertad, y sin que tu compañera pierda las suyas. Si te relacionas con miedo, no podrás disfrutar del amor como te mereces.

– No utilices a las mujeres para mostrar tu hombría. No son un objeto ni un medio para obtener placer, son seres humanos con sentimientos y tienes que respetarlas y tratarlas bien, dentro y fuera de la cama. El sexo no es algo sucio, no es un pecado: es un encuentro íntimo maravilloso entre dos personas que tienen ganas de jugar y de compartir placeres. No importa si sólo vais a compartir una noche, una semana o un año juntos: el sexo es más bonito con risas y con ternura. Y es mucho más bonito cuando gozáis los dos y ella no tiene que fingir para no herir tu orgullo. Así que si vas a compartir placeres con chicas, no sólo pienses en tu propio placer: ellas también quieren tener orgasmos y pasarlo bien.

– Las chicas a las que les gusta el sexo y tienen varias parejas o disfrutan de todas las relaciones que desean con quien desean y como les apetece, no son unas zorras. No son putas, no son ninfómanas. Son mujeres que disfrutan tanto o más que tú del sexo, y eso no es malo, ni en los hombres, ni en las mujeres. Las mujeres tenemos el mismo derecho que los hombres a elegir a nuestras parejas, romper las relaciones si ya no somos felices, y disfrutar del amor con quien nos plazca. Todas tienen el mismo derecho que tú a gozar con quien quieran y cuando quieran: si piensas que tú eres el mejor por tener las relaciones que te de la gana, y las mujeres son lo peor porque hacen lo mismo que tú, entonces estás cayendo en actitudes machistas y en la doble moral.

– Disfruta de tus amigas: no renuncies a la posibilidad de tener amigas, es una experiencia fascinante y te permitirá conocer mejor a las chicas. No te limites a ti mismo: cuanta más gente linda haya a tu alrededor, más rica será tu vida, y estará más llena de afectos. La cultura patriarcal te cuenta que las chicas son objetos, y están para utilizarlas en el sexo, y que si no hay sexo no puede haber una relación bonita con ellas. No es cierto. Puedes tener todas las amigas que quieras: no estás obligado a demostrar tu hombría tratando de tener sexo con ellas. Puedes ser tú mismo con ellas, no tienes que demostrarles nada.

-Si te dicen que no, siempre es no. Incluso si ella está borracha o drogada: no se puede tener sexo con alguien que no está en condiciones de decidir si quiere o no quiere sexo. Lo mismo cuando ya estáis desnudos y habéis empezado a acariciaros: si ella decide parar, tú tienes que respetar su voluntad. El consentimiento es fundamental para follar, no importa si es tu novia o una desconocida, no importa si tienes muchas ganas o te dijeron primero que si y luego que no. No es siempre NO.

-¿Te imaginas siendo papá con 17 años, con 20, con 25?, ¿no verdad?, usa condón. ¿Te imaginas a tus hijos o hijas viviendo sin padre, sabiendo que existes pero que no quieres saber nada de ellos?, ¿no, verdad?. Usa condón.

– Follar sin miedos: ¿cómo te sientes pensando que si no usas condón puedes enfermar o peor, hacer enfermar a tus compañeras sexuales?, ¿te has parado a pensar lo que significa para una mujer tener que pasar por un aborto?, ¿sabías que es la segunda causa de muerte de mujeres en México? Usa anticonceptivos para evitar embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual.


– No esperes a que te pidan que te pongas el preservativo. 
Toma la iniciativa siempre: es una muestra de respeto y de compañerismo, una demostración de que eres un tipo grande, responsable y que sabe cuidarse y cuidar a sus compañeras sexuales para que ambos disfrutéis del sexo sin miedos.

– Las mujeres son seres libres, y esto significa que no son propiedad de nadie: ni de su padre, ni de su novio, de nadie. Todos, todas somos seres libres y tenemos derecho a ejercer nuestra libertad sin que nadie nos presione, nos amenace, nos manipule, nos haga sentir culpables, nos metan miedo o nos controlen.

– Confianza y honestidad para disfrutar: amar no es controlar, amar no es vigilar, amar no es castigar. Si logras crear una relación de confianza con tu pareja, es más fácil pasarla bien y liberarse de los celos y de los miedos. Confiar en la otra persona es saber que se siente libre para contarnos cómo se siente, y las cosas que le están pasando. Si nos deja de amar, nos lo dirá. Si se enamora de otra persona, nos lo dirá. Cualquier cosa que ocurra vamos a saberla los primeros, que la otra persona va a ser honesta y sincera con nosotros. Y nosotros con ella.


– No pierdas tu tiempo y tus energías en parecer muy macho. 
Ser hombre es agotador: la mayoría os sentís obligados a obedecer los mandatos del patriarcado, a cuidar siempre vuestra reputación y a demostrar vuestra hombría cada vez que alguien la cuestiona. Liberaté de los mandatos que te obligan a estar dando pruebas constantes de tu virilidad: se vive mejor siendo tal y como eres, sin competiciones y sin sentirse obligado a imitar el modelo de macho patriarcal.


– No pierdas tu tiempo y tus energías en seguir al líder o en tratar de serlo.
 A los niños os educan en la competición: tenéis que ser siempre los vencedores de todas las batallas, los ganadores en todos los deportes, los lideres de todas las manadas. Cuando no sois los líderes, os sentís obligados a seguir a los que mandan, a admirarlos, a respetarlos, y a poneros por debajo de ellos para que ellos se sientan dioses. No malgastes tu corta vida en tratar de ser aceptado en el círculo de los alfa, en imponerte a los demás, en quedar siempre por encima, en demostrar tu poder y tu fuerza, en imitar al líder para estar cerca de él y ocupar los primeros puestos de la jerarquía social. Atrévete a desobedecer y a ser tú mismo: la vida es mucho más hermosa cuando te rebelas a todas las normas que te imponen por haber nacido varón.


– Aprende a quererte y a cuidarte:
 muchos hombres sufren problemas de autoestima, porque la percepción de sí mismos depende mucho del reconocimiento de los demás. Los hombres más inseguros son los que necesitan sentirse importantes, dominar a los demás, ganar todas las batallas, y ejercer la violencia para tener el control. Los hombres más inseguros son también los que se autodestruyen por acción o por omisión: ejercen violencia también contra sí mismos. En todo el mundo, los hombres viven menos años que las mujeres y mueren más porque nadie les enseña a cuidarse a sí mismos: sólo aprenden a machacarse cuando se sienten mal. A la mayor parte de los niños les educan para que crean que su salud y su bienestar es responsabilidad de una mujer (primero la mamá, luego la esposa), y para que aprendan a burlarse de aquellos hombres que sí se cuidan, como si fueran menos hombres. La mayor parte de los varones educados en el patriarcado no van al médico porque tienen miedo, no se toman las medicinas cuando enferman a no ser que tengan a alguien encima, no cuidan su dieta, no piden ayuda cuando la necesitan, y no prestan atención a los síntomas que delatan una enfermedad grave. Los hombres consumen más drogas y alcohol, y mueren más a causa de las sobredosis, los accidentes de tráfico, los deportes de riesgo y las peleas que acaban en asesinato. Esto quiere decir que es urgente que los hombres se responsabilicen de su salud mental, emocional y física, que aprendan a aceptarse tal y como son, que mejoren su autoestima y aprendan a cuidarse a sí mismos y a cuidar a los demás.

– Aprende a cuidar a tu gente: pasamos muchos años recibiendo cuidados, al principio y al final de nuestras vidas. Nos cuidan cuando somos bebés, cuando somos niños, cuando enfermamos y cuando envejecemos, y casi siempre son mujeres las que os cuidan: las abuelas, la madre, la esposa, la hija. Para cambiar el mundo hay que repartir entre todas y todos los cuidados, especialmente entre los jóvenes y adultos que tenemos salud y energías. Cuidar no es algo propio de la naturaleza de las mujeres: lo llevamos todos dentro porque es lo que nos permitió desarrollarnos como especie. Somos seres muy frágiles y vulnerables que no podríamos sobrevivir en soledad, así que es fundamental que nos cuidemos, a nosotros mismos y a las personas que queremos.

– Cuida a tu pareja: la comunicación, la sinceridad, el respeto, la honestidad y los buenos tratos son fundamentales para poder disfrutar en una relación. Tratar bien a tu compañera supone considerarla una igual a ti: no es tu sirvienta, no es tu esclava, y no se merece que machaques su autoestima para tenerla dominada. No hace falta dominar para tener una relación: sólo hay que aprender a tratarse bien y a quererse bien.


– Hay muchas formas de relacionarse, de amarse y de quererse.
 Puedes tener relaciones íntimas sin sexo, relaciones sexuales sin romanticismo, puedes tener una pareja con exclusividad, o puedes tener varias, puedes elegir qué modelo seguir o puedes construir el tuyo propio junto a las personas que quieras. Elijas lo que elijas, lo importante es que seas honesto y hables abiertamente de lo que deseas y lo que te apetece en estos momentos de tu vida, de tu concepción del amor, de tus sentimientos y emociones con las personas con las que te relacionas. Ante todo tiene que haber respeto y buen trato: si eres poliamoroso, por ejemplo, tienes que cuidar a tu pareja o tus parejas, y pactar las condiciones en las que vais a relacionaros. Lo que no se vale es pedirle a tu pareja amor en exclusiva mientras tú tienes otras compañeras y no se lo cuentas a tu pareja. Honestidad ante todo.

– Si quieres cambiar el mundo, empieza por ti mismo, y juntaté con más gente que quiera rebelarse y transformar esta realidad. Uno de los primeros pasos consiste en revolucionar el mundo del sexo, las emociones, los afectos y los cuidados. Es fundamental que aprendamos a relacionarnos en horizontal para no construir relaciones de dominación y sumisión, y para poder imaginar otras formas de organizarnos y de querernos. El mundo está organizado en una estructura jerárquica: en el patriarcado los hombres ocupan los puestos más altos, y las mujeres los más bajos de la pirámide. Los hombres acumulan la mayor parte de las riquezas y los recursos, las mujeres son más pobres. Las mujeres negras o indígenas están en la base de la pirámide, e incluso más abajo si además son niñas, pobres, discapacitadas, ancianas o lesbianas. A los hombres les dominan otros hombres: en lo alto de la pirámide hay un grupo muy reducido de hombres poderosos, todos blancos y ricos, la mayor parte heterosexuales y occidentales.  Esto supone que todos vivimos inmersos en luchas de poder con los de arriba y los de abajo, y que sólo podremos cambiar este sistema tan desigual, injusto y cruel cuando empecemos a relacionarnos de tú a tú, cuando todos tengamos los mismos derechos, cuando acabe la explotación, el abuso y la violencia. Hay que acabar con las jerarquías, la desigualdad y las luchas de poder: viviríamos mejor colaborando, cooperando, y trabajando en equipos en el que todos tengamos los mismos derechos y oportunidades.

– Sé desobediente, libérate del patriarcado: todos y todas llevamos el machismo dentro porque nos han educado en el patriarcado. La buena noticia es que podemos liberarnos, desaprender y despatriarcalizarnos, a solas y colectivamente. Cuanto más desobediente seas, más libre te vas a sentir para ser quien eres realmente, y vas a tener menos miedo a que los demás se burlen, te insulten o cuestionen tu virilidad. Libera tu sexualidad, tu mente, tus emociones, tu cuerpo, tu erotismo, tu deseo del patriarcado, y hazlo en buenas compañías.

El machismo no nos deja disfrutar del amor porque no nos deja relacionarnos en igualdad a los hombres y a las mujeres. Para acabar con el machismo hay que desaprender todo lo que aprendimos, desobedecer todos los mandatos de género, romper con los mitos y los estereotipos machistas, cuestionar nuestras creencias, romper nuestros esquemas, liberar nuestras emociones, activar la imaginación e inventar otras formas de ser hombres, y otras formas de querernos.

Hay que desobedecer al patriarcado para gozar y liberarnos todos juntos: que al final lo que queremos todas y todos es disfrutar del amor y de la vida, compartir placeres y risas, cuidar y que nos cuiden, querer y que nos quieran, y gozar en buena compañía el ratito que pasamos vivos en este mundo, ¿no?

Fuente:
https://haikita.blogspot.com/2018/01/consejos-para-chicos-que-quieren.html

“La sentencia a ‘la manada’ tiene efectos incluso para las mujeres que no han sido agredidas”

La investigadora y experta en violencia sexual Bárbara Tardón analiza el fallo que condena a ‘la manada’ a nueve años de cárcel por abuso sexual

“El sistema está invisibilizando lo que se da con mayor frecuencia, es decir, aquellos casos en los que no media el uso de la fuerza e intimidación”, explica

Lamenta que el Estado español “incumpla” sus obligaciones sobre violencia sexual y asegura que las víctimas se enfrentan a un camino lleno de obstáculos.

 

 

El caso de ‘la manada’ y  la sentencia que condena a sus miembros a nueve años de cárcel por abusar sexualmente de la joven que les denunció en los Sanfermines de 2016 ha puesto sobre la mesa lo que ella lleva años investigando. Bárbara Tardón, investigadora y experta en violencia sexual, ha plasmado en su tesis – La violencia sexual: desarrollos feministas, mitos y respuestas normativas globales (junio, 2017)– lo que, a su juicio, hace posible que sean dictados fallos como el que la Audiencia Provincial de Navarra leyó el pasado jueves. Una “ideología patriarcal” que, dice, “se cuela en todos los ámbitos” y que invisibiliza una violencia sexual “sistémica”.

¿Qué evidencia la sentencia a ‘la manada’?

Lo que hace la sentencia es demostrar que todos los prejuicios y estereotipos de género que se dan en violencia sexual se reproducen en el sistema judicial. Esto quiere decir que hay una ideología detrás, una estructura, el sistema patriarcal, que se cuela en todos los espacios de socialización, incluso en aquellos en los que nos creemos que no existe ideología. Pensamos que las leyes y las normas son neutrales. Y al final, en quienes más repercute esto es principalmente en las mujeres, pero no solo en las víctimas, sino que tiene efectos para todas, también para las que no han sido agredidas.

¿De qué manera se articula este impacto?

El mensaje, al fin y al cabo, es perpetuar el mito que hay sobre las violencias sexuales: que solamente existe un tipo, que es lo que se denomina la violación genuina, y todo lo que sale de ahí no merece el mismo rechazo. Esta violación genuina es la que permanece en el imaginario colectivo como una agresión a manos de un desconocido, que implica altos niveles de fuerza o violencia y que se perpetra en un callejón o calle oscura y de noche.

La ideología patriarcal nos dice que solo existen esas víctimas, pero en realidad la mayoría de casos no se corresponden con ese prototipo. Esto impacta de forma global porque lo que está invisibilizando el sistema es lo que se da con mayor frecuencia, es decir, aquellos casos en los que no media el uso de la fuerza e intimidación.

El tipo de fuerza e intimidación que considera la justicia como tal…

Sí. En realidad, la clave es la concepción de consentimiento que tiene la justicia. Y es que se concibe de una manera patriarcal –tanto en cómo está plasmado en la ley como en cómo se interpreta– porque se corresponde con los mitos que se tienen de la violencia sexual. Es decir, se entiende únicamente el consentimiento en función de si media fuerza e intimidación, pero hay mujeres que no pueden decir ‘no’ ni ‘sí’ porque hay circunstancias que se lo impiden.

¿De qué manera debemos definir el consentimiento?

Está muy bien definido por por varios tribunales y estándares internacionales, por ejemplo el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia o para Ruanda. Todo el mundo está entrando ahora en que hay que definir el consentimiento, pero en este marco internacional de Derechos Humanos ya se entiende que solo hay consentimiento cuando existe plena autonomía sexual. Una autonomía que no se da cuando existen una serie de factores que hacen que ese consentimiento no sea libre, por ejemplo, la coacción, un entorno de poder, el uso de la fuerza, algún tipo de diversidad funcional, el uso de sustancias químicas…

Yo creo que es urgente politizar el consentimiento, es decir, entablar una discusión sobre sus márgenes. Hasta hace dos días hablábamos de violencia doméstica y en el momento en que empezamos a hablar de violencia de género conseguimos politizarla.

En las reflexiones feministas a veces se habla de dejar de hablar de consentimiento para pasar a hablar de deseo.

A mí me parece algo muy interesante y creo que es fundamental hablar de ello. El movimiento feminista adelanta conceptos y debates varias décadas…pero en términos jurídicos es muy complicado hablar de deseo. Sería dar un paso para el que creo que nuestro sistema judicial no está preparado. Yo apuesto por definir y desgranar qué es el consentimiento primero.

Estos días se habla mucho de reformar el Código Penal e incluso el Gobierno se ha mostrado dispuesto a modificarlo. ¿Lo ve algo necesario?

Creo que el Código Penal merece una modificación, no para aumentar las penas, sino para dejar de jerarquizar a las víctimas y supervivientes de la violencia sexual porque a través de sus tipos penales perpetúa los mitos de que merece mayor desaprobación cuando se produce el uso de la fuerza o cuando hay penetración que cuando no. Pero la clave es la interpretación, en base a estereotipos y prejuicios, que se hace de la ley. Me preocupa que nos estemos centrando tanto en el Código Penal que estemos obviando todo lo demás que no funciona. Da igual que tengamos la mejor norma del mundo si no tenemos políticas públicas, formación, protocolos de atención o educación afectivo sexual, entre otras cosas.

¿El Estado español asume sus responsabilidades en materia de violencia sexual?

El Estado tiene una serie de obligaciones que son innegociables, pero en el marco de la violencia sexual ha sido profundamente irresponsable y las incumple. Las víctimas se enfrentan a una tierra baldía, no tienen ningún tipo de apoyo por parte  para ser asistidas y proteger sus derechos. Si hacemos una evaluación de lo que ha hecho el Estado español en los últimos 40 años, el panorama es desolador en todos los ámbitos: en el educativo, de prevención, asistencial, judicial y en el de la reparación integral de las víctimas. El Estado no ha hecho nada y la forma más clara de verlo es en la ausencia de políticas públicas.

En su tesis, hace un recorrido por la violencia sexual con una perspectiva histórica. ¿Cuáles han sido las conclusiones más importantes?

Si analizamos la historia de la violencia sexual como lo he hecho yo –de la Edad Antigua a la Edad Contemporánea–, se comprueban tres cosas fundamentales. Por un lado, que la violencia sexual ha sido invisible a lo largo de la historia. En segundo lugar, que su prevalencia es sistémica y, por último, que no se trata de un hecho ahistórico, como nos quieren hacer ver. Se comprueba que es intrínseca a las relaciones sociales y, por lo tanto, es profundamente política: su finalidad última es controlar el cuerpo de las mujeres y su sexualidad.

Afirma que el camino del acceso a la justicia para las víctimas de violencia sexual es “un camino tortuoso”. ¿Por qué?

Las víctimas o supervivientes que deciden dar el paso de denunciar o contar su historia a lo que se enfrentan es a un camino repleto de obstáculos. Cada paso que dan es como si se encontraran una puerta de acero que deben franquear. Lejos de ser un recorrido que debe llevar a una reparación, se enfrentan a un infierno. Por eso una amplia mayoría de mujeres que llegan a acceder al sistema dicen que si volvieran atrás y supieran lo que tenían que vivir, no

Fuente: Marta Borraz  . eldiario.es   Revisado 5 mayo 2018

 

Indignación en las calles por la sentencia del caso de la Manada

La indignación contra la sentencia que condena a nueve años de prisión a los integrantes de ’la manada’ por abuso sexual, pero que no reconoce que hubo violación, ha tomado las calles de las principales ciudades del estado español y su eco se ha extendido por todo el planeta. Además, desde que el fallo fue hecho público, miles de mujeres comparten en redes sociales episodios de violencia sexual que han sufrido a manos de hombres bajo el hashtag #Cuéntalo. Los medios de comunicación han dedicado páginas y programas a analizar la sentencia y hasta la ONU se ha pronunciado en contra de su contenido. Hoy viernes a las 7 de la tarde el Movimiento feminista ha convocado en Madrid una nueva manifestación desde Atocha a la Plaza Villa de Paris, “donde se encuentran los máximos representantes de la justicia patriarcal”. 

Las protestas comenzaron el jueves. En las calles, el movimiento feminista dictaba su sentencia: “no es abuso, es violación”. Y recordaba a la víctima que “no está sola” y que “nosotras somos la manada”. En Madrid, 50.000 personas se congregaron ante el Ministerio de Justicia. La movilización tuvo su réplica en la Puerta del Sol durante la celebración del Dos de Mayo, Día de la Comunidad de Madrid.

“Vivimos en una cultura de la violación que legítima este tipo de sentencias y que dota de impunidad a los agresores y deja en una posición de vulnerabilidad a todas las mujeres. El caso de la Manada es uno de tantos, en España se denuncia una violación cada 8 horas, y por ello salimos a las calles, para decir claro y alto que la calle y la noche también son nuestras, que queremos sentirnos libres en nuestras ciudades, en las fiestas, en las aulas, en los trabajos”, aseguran desde el Movimiento feminista de Madrid.

La sentencia del caso de La Manada llega en un momento en el que las mujeres se han mostrado con fuerza en hitos como la huelga del 8 de marzo o campañas de denuncia de la violencia sexual a las que se enfrentan con mucha más frecuencia de la que pareciera y frente a la que han decidido no guardar silencio. Nada hace suponer que la decisión judicial pueda ser asumida sin enfado y sin reclamo. Pero más allá del arrebato, personas expertas de campos diversos como la psicología, el ámbito judicial, la medicina, la política o el activismo, han emitido opiniones y argumentos contra una sentencia que consideran machista pues se basa en una interpretación de la ley hecha desde prejuicios que justifican la violencia hacia las mujeres en ciertas circunstancias y cuestionan a la víctima.

Que los fallos judiciales, las “sentencias sociales” y los juicios emitidos por los medios de comunicación acerca de la violencia sexual hacia las mujeres contengan estereotipos de género y se muestren incapaces de comprender a quienes la sufren no es algo que pueda resolverse con el endurecimiento de las leyes, según han advertido ya voces expertas frente al populismo que se empeña en profundizar en esa vía.

Las calles claman por el fin de la impunidad de quienes agreden a las mujeres y por el excesivo cuestionamiento de la víctima. El “no es no” se queda corto, el concepto de consentimiento caduco. Incluso la ONU y el Parlamento europeo han criticado que la sentencia de La Manada “subestima la gravedad de la violación”. La conclusión parece clara: todo sexo sin consentimiento es violación.

Fuente: AmecoPress  Revisado 5 mayo 2018

 

Como cuidarte cuando estas enamorada: la salud emocional y el amor romántico

Queremos estar sanas, queremos estar guapas, queremos sentirnos bien con nuestro cuerpo, pero, ¿qué pasa con nuestra salud emocional y mental?. Todos los días nos bombardean con el tema de la salud y lo importante que es cuidarse la línea, comer bien, hacer ejercicio, evitar el sobrepeso, e invertir recursos y tiempo en nuestro aspecto físico. Son mensajes que nos lanzan a nosotras las mujeres para que nos hagamos sumisas a la tiranía de la belleza y luchemos contra nosotras mismas: contra nuestras arrugas, canas, esos kilos de más, esas imperfecciones, el vello corporal, los michelines, las patas de gallo, etc. Sin embargo, no nos hablan de lo importante que es trabajar nuestro bienestar, y nuestra felicidad.

Apenas tenemos herramientas para cuidarnos: nos educan para que cuidemos a los demás. Nos hacen creer que las mujeres nacemos con un don especial para entregarnos al amor, para sacrificarnos por los seres queridos, para cuidar bebés, gente anciana, enferma o con discapacidades, por eso la mayoría de nosotras lo hacemos gratis, y las que se dedican a ello profesionalmente cobran salarios de miseria, en condiciones indecentes, en la mayor parte de los países del mundo.

En nuestra cultura no se habla del auto-cuido, de lo importante que es cuidarse bien, quererse bien, tratarse bien, ocuparse y preocuparse por una misma: cuando lo hacemos nos sentimos egoístas y culpables, porque los mandatos de género nos empujan a olvidarnos de nosotras mismas para poder dar amor y cuidos a los hombres con los que nos emparejamos. Y sabemos apoyar emocionalmente a todo el mundo, pero no a nosotras mismas cuando nos toca vivir momentos de nuestras vidas difíciles o terribles: separaciones de pareja, muertes de seres queridos, o momentos de crisis personal en la que parece que todo se hunde y no encontramos la salida.

Cuando caemos en una depresión o en cualquier otra enfermedad mental, tenemos la ayuda de profesionales (terapeutas, psicólogas, etc.), pero apenas trabajamos en el área de la prevención: ¿cómo podemos evitar llegar a situaciones de sufrimiento extremo?, ¿cómo podemos ahorrarnos el intenso dolor que sentimos cuando nos invaden las emociones, y nos encontramos sin herramientas para gestionarlas?

No nos enseñan educación emocional en la escuela: sólo podemos pedir ayuda cuando ya ha sucedido el desastre. Es entonces cuando, después de trabajar mucho para salir de las depresiones, entendemos lo importante que es cuidarnos y querernos bien a nosotras mismas, tratarnos bien a nosotras mismas, velar por nuestro bienestar y nuestra felicidad, y construir redes de afecto para combatir la soledad y la dependencia.

La depresión y las enfermedades mentales han experimentado un aumento vertiginoso en estos tiempos de individualismo feroz: la soledad y la tristeza causan estragos entre la población. Cada vez nos suicidamos más y consumimos más medicamentos para calmar la pena y manejar el dolor, pero no hay pastilla que nos cure las heridas del alma, que nos borre recuerdos traumáticos, que nos enseñe a gestionar nuestros sentimientos y nos ayude a aprender a relacionarnos con los demás.

En el ámbito del amor romántico, esta falta de herramientas nos lleva al desastre sentimental, no una, sino varias veces a lo largo de nuestra corta vida. Nos arrojamos al amor desnudas porque nos hemos creído este rollo de que el amor es ciego, y que cuando Cupido nos lanza sus flechas y nos alcanza el corazón, no hay nada que podamos hacer excepto entregarnos al amor sin resistencia. Abrimos nuestro corazón, nos volcamos en el amor, nos creemos que enamorarse es tirarse al vacío sin cuerdas, sin arnés, sin casco, sin protección de ningún tipo. El amor de las películas es una enfermedad, un hechizo, una locura que nos trastorna, y nos trastoca por completo. Dejamos de pensar racionalmente, de ser adultas responsables, de cuidarnos y querernos, como si estuviéramos poseídas por el demonio. Nos hace olvidarnos de toda la gente a la que queremos para poner en el centro al ser amado… Nos hemos creído el cuento de que al enamorarnos estamos condenadas para siempre a amar sin condiciones, a olvidarnos de nosotras mismas y de nuestra felicidad, a sacrificarnos y a sufrir por amor.

Mitificamos a las sufridoras de nuestra cultura: todas las heroínas sufren por amor, lloran, lo pasan fatal, se olvidan de si mismas, se auto-lesionan y se suicidan. Así no hace falta que nos mate el patriarcado: ya vamos nosotras solas hacia la destrucción total, creyendo que es un acto de amor. Las mujeres que aman se hacen daño a si mismas y permiten que el amado las destroce el corazón y la vida: las mujeres siempre aparecemos como las grandes víctimas del amor, y eso nos hace especiales, nos pone guapas, nos convierte en heroínas. Como la Virgen María: adoramos su figura porque sufrió mucho por su hijo, porque se pasó toda su vida amando a su hijo y sacrificándose por él.

En todas las películas de amor el mensaje que nos lanzan es que lo importante en la vida no somos nosotras, sino nuestra necesidad de tener pareja. Nos han convencido de que no hace falta que nos responsabilicemos de nuestro bienestar y nuestra felicidad: ya se encargará de eso el príncipe azul cuando lo encontremos. No hace falta que nos amemos a nosotras mismas: ya vendrá otro a amarnos, a protegernos, a cuidarnos, a solucionar nuestros problemas a cambio de nuestra capacidad para dar amor, sexo y cariño.

 

Gracias a estos mensajes, nos creemos que  estamos muy necesitadas de amor, y por eso, como dijo Marcela Lagarde, nos enamoramos del primer tonto que pasa. Las consecuencias son tremendas: no es gratis esto de entregar nuestro corazón a cualquiera. Nos sale muy caro, en realidad: nos tenemos que pasar meses y años curándonos por las heridas que nos causa una relación fallida. Nos toca hacer talleres, leer libros, pedir ayuda profesional a terapeutas y psicólogas, nos toca hacer un inmenso trabajo para recomponer las piezas de nuestro pequeño corazón, para recuperar la alegría de vivir y la confianza en nosotras mismas.

Sufrir por amor es tremendamente dañino: tiene un coste altísimo. Nos daña la salud mental y emocional, nos baja la autoestima, nos roba las energías, nos aísla del mundo que nos rodea, nos aleja de nuestros proyectos vitales, hace sufrir a la gente que nos quiere, y nos mete en burbujas en las que nos olvidamos de lo verdaderamente importante.

¿Qué es lo verdaderamente importante? En orden de prioridades, primero Yo y mi bienestar. Luego mi gente querida y mi red de afectos. Y por último, el romance, que sólo puede darse cuando yo estoy bien y tengo mucho amor en mi vida: sólo así podré tener una relación sana, igualitaria, basada en el placer, la ternura, y la alegría de vivir.

Cuidarse a una misma es un acto de rebeldía total: el patriarcado nos quiere ocupadas en el cuido de los demás, o entretenidas en la búsqueda de pareja (alguien a quien cuidar, alguien que nos cuide). El patriarcado nos quiere tristes, amargadas, deprimidas, acomplejadas, envidiosas, locas, aisladas, por eso es tan importante cuidarnos y querernos bien a nosotras mismas, tratarnos bien a nosotras mismas, velar por nuestro bienestar y nuestra felicidad, y unirnos para combatir la soledad, ese gran miedo que nos hace necesitadas y dependientes de una pareja.

Cuidarse a una misma y quererse bien no es tan difícil, en realidad. Hay una técnica muy fácil que consiste en verse desde lejos como si fueras alguien a quien quieres mucho: tu madre, tu hermana, tu mejor amiga, tu hija. A ellas les deseas lo mejor, les das buenos consejos, te preocupas por su felicidad, haces lo que está en tu mano para ayudarlas, te enfadas si alguien quiere hacerles daño, las proteges y las defiendes cuando alguien quiere abusar de ellas o tratarlas mal, las apoyas cuando lo necesitan, las escuchas y las ayudas para que no se auto engañen si están sufriendo, las animas a tomar buenas decisiones, las empujas a liberarse de todo aquello que no las hace felices.

Pues contigo puedes hacer lo mismo. Todas nosotras podemos hacer lo mismo: cuidarnos con el mismo amor con el que amamos a los demás.

Cuidarse bien es quererse bien: hay que buscar la manera de que la energía del amor emane de ti y llegue a ti, y pase por tu gente querida y por tus parejas, pero siempre vuelva a ti. La energía del amor es poderosa: hay que repartirla, no reducirla a una sola persona, y tiene que llegarte a ti también, porque el amor hacia una misma es la base de toda la relación de una con el mundo en el que vivimos.

Cuidarse bien es ocuparse y preocuparse por una misma. Es poder preguntarte de vez en cuando: ¿estoy bien?, ¿me siento bien? Si la respuesta es si, es importante disfrutar al máximo, no complicarte la vida, saborear cada momento, dar lo mejor de ti en la relación, permitirte ser feliz.

Si la respuesta es no, entonces hay que buscar soluciones, ser práctica, actuar con rapidez, tomar decisiones y establecer estrategias para cambiar todo aquello de nuestras vidas que nos hace daño y que nos impide ser felices.

Una de las principales estrategias para cuidar tu salud mental y emocional es alejarte de la gente que te hace daño: sacarlos de tu vida.

Cuando se trata de la pareja, esta idea ha de ser una norma fundamental. Hay que evitar a toda esa gente que necesita machacarte para aumentar su autoestima, que necesita dominarte para sentirse importante, que te chupa la energía y los recursos porque no tiene autonomía, que depende de ti pero te hace creer que eres tú la dependiente. A la gente que te trata mal para sentirse bien hay que tenerla bien lejos. También a todos aquellos que quieren cambiarte porque no les gustas tal y como eres, gente que quiere asilarte de tus seres queridos para poder manipularte a su antojo, gente que no sabe negociar ni hacer pactos, sino imponer sus deseos. Gente que te hace responsable de su bienestar para que te sientas culpable si no atiendes todos sus deseos y necesidades, gente egoísta y perversa que disfruta haciéndote sufrir, que te da lecciones, que te humilla o se burla de ti. Es gente que se victimiza para chantajearte, amenazarte y hacerte sentir culpable, gente que en lugar de facilitarte la vida te la complica, gente que te mete en círculos viciosos de problemas y sufrimiento con espacios cortos de felicidad romántica que te compensan los malos tratos y los malos ratos.

Luego están los que no son malas personas, pero igualmente te hacen daño porque no saben disfrutar del amor, o porque no tienen herramientas para gestionar sus emociones y para relacionarse con los demás. A veces la gente llega a las relaciones con mucho dolor acumulado, con mucha frustración, desconfianza, miedos, prejuicios, egoísmo, falta de empatía, rencores, y estructuras de guerra que nos impiden empezar las relaciones de cero y que pueden convertir cualquier relación en un infierno.

No importa los problemas que  tengan: tú no eres responsable de los problemas de nadie, y no vas a curar a nadie, no vas a salvar a nadie, no vas a cambiarle la vida a nadie que no quiera cambiar por sí mismo/a. El alcohólico, el ludópata, el mentiroso compulsivo que se cura por amor es puro cuento: de las adicciones y los problemas solo se sale cuando uno quiere salir, y cuando pide ayuda profesional si siente que solo no puede.

Los milagros del amor sólo suceden en las novelas y en las películas románticas. Llega tu príncipe azul y te saca del encierro, de la pobreza, del paro, de la explotación, de la soledad: tu vida está llena de problemas, y el Salvador llega con las soluciones, se hace cargo de ti, asume la responsabilidad que tú tienes sobre tu bienestar y tu felicidad.

Nos dicen que sólo tenemos que esperar a que llegue ese príncipe azul, pero lo cierto es que en lugar de adoptar un papel pasivo como las princesas Disney, lo que tenemos que hacer es ponernos manos a la obra, asumir nuestra responsabilidad, poner el cuerpo en movimiento, propiciar los cambios, que sólo llegan cuando una se propone transformar aquello que no le gusta, no le hace feliz, o no le hace bien.

En el ámbito de la pareja, es fundamental elegir buenos compañeros/as, gente linda con la que poder construir una relación basada en la honestidad, en la confianza, en el compañerismo. No te juntes con gente con traumas que pretende que tú les salves de su dolor, huye de la gente con problemas que se queja constantemente, huye de esos que le ponen “peros” a todo, huye de los que te dicen: “no me voy a enamorar de ti, no quiero tener pareja”, pero les encanta sentirse queridos y admirados.

Huye de los chicos inseguros que no han trabajado su masculinidad, porque suelen ser autoritarios, celosos, no saben hablar de sus sentimientos, no saben expresarse ni comunicarse, son posesivos, son machistas, son dominantes y te piden a ti que seas sumisa para poder sentirse bien.

Tú te mereces a alguien que sepa querer bien, que no tenga miedos, que no sea egoísta, que sepa tratar bien a la gente a la que quiere, y que quiera y sepa disfrutar del amor. Tú, y toda la gente que tenga ganas de enamorarse y vivir una historia de amor bonita, sin jerarquías y sin violencias. 

Si al leer este texto te das cuenta de que tú misma cumples con alguna de las características de la gente con la que es mejor no emparejarse, estás de enhorabuena: sólo pueden cambiar las personas que son conscientes de sus problemas, de sus defectos, y de sus puntos débiles. Hacer autocrítica es muy íútil y liberador: sirve para identificar todo aquello que queremos eliminar, transformar o mejorar de nosotras mismas. El objetivo final es ser mejor personas, y ser más felices.

Y para ser más felices, o al menos para poder estar bien, hay que quererse bien, y cuidarse mucho, y priorizar nuestra salud emocional antes que cualquier otra cosa. 

Otro de los actos de amor más grandes hacia una misma es terminar las relaciones que no nos hacen felices. Por ejemplo, las relaciones en las que no somos correspondidas/os. Cuando uno de los miembros está muy enamorado y el otro no, entonces duele. Cuando ambos están muy enamorados pero uno se desenamora poco a poco, entonces duele. Y duele mucho. Cuando no hay reciprocidad ni tampoco valentía para reconocer que no la hay, entonces empiezan los malentendidos, los conflictos, los llantos, los reproches, las acusaciones, las sospechas, los celos, las mentiras, los engaños, y el sufrimiento.

Me preguntan mucho en mi Laboratorio del Amor: ¿cómo sé si ya no me quiere, ¿cómo sé si soy plenamente correspondida cuando me enamoro? Para eso creamos el termómetro del amor, una herramienta que creamos para ver en nosotras mismas las señales de enamoramiento y desenamoramiento, y luego aplicarlo a la pareja: podemos leer los sentimientos de los demás en su cuerpo, en sus gestos, en su comportamiento y en su forma de relacionarse con nosotras.

La mayor parte de las mujeres que trabajamos en este grupo de estudio on line, coincidimos en que el mayor problema es el autoengaño: cuando no queremos leer las señales que el cuerpo y el comportamiento de la otra persona nos está lanzando.

Incluso cuando somos nosotras las que no nos estamos enamorando o las que nos estamos desenamorando, también nos auto engañamos. Nos cuesta admitir que algo no funciona, que algo está pasando, que nos vamos acercando al final… Si, resulta muy difícil decirle al compañero o a la compañera lo que sentimos cuando estamos pasando por una crisis, cuando no surge el romanticismo o cuando se acaba.

Sin embargo, si no somos sinceros y sinceras, el dolor está asegurado: cuando no se sabe qué está pasando, se sufre mucho.
Cuando preguntas y te responden mentiras, también se sufre mucho.
Cuando la otra persona cambia su comportamiento y su forma de mirarnos, de relacionarse con nosotras, lo notamos y sufrimos mucho.

Por eso parte de cuidarse a una misma consiste en eliminar el autoengaño, ser honesta con una misma y con la pareja. Se trata de sentarse frente a un espejo a charlar con una misma, de escucharse con atención, y de hacerse preguntas clave para saber qué nos pasa, qué sentimos, qué queremos, qué necesitamos. Así es más fácil sentarse a hablar con la otra persona.

También las amigas ayudan mucho a ver la realidad cuando el autoengaño te distorsiona todo. El autoengaño forma parte del auto-boicot, que es un arma para hacerse la guerra a una misma. Hacerse auto-boicot es, por ejemplo, enamorarse siempre de personas que nunca se van a enamorar de ti, o de personas que no te convienen, o engancharse a relaciones que no van a ningún lado.

Auto-boicotearse es tratarse mal a una misma: es ponerse una misma los obstáculos, fabricarse los miedos, exponerse al dolor más absoluto. Algunas veces llegamos a unos niveles de violencia espantosos buscando la manera de hacernos daño y de ser infelices, por eso es tan importante trabajar en mejorar la relación con una misma. Porque batallar en dos frentes (el primero en el que tú te haces daño a ti misma, y el segundo en el que te hace daño la otra persona), es demasiado duro, y a veces nuestra mente y nuestro corazón no lo soportan.

Sucede que cuanto más te quieres, menos te torturas, menos te castigas, menos te auto-lesionas, menos te destrozas la vida. Si trabajas tu autoestima y aprendes a quererte bien, entonces vas a luchar siempre por tu bienestar, vas a alejarte de la gente dañina, vas a buscar buenas compañías, vas a escucharte y a  confiar en ti, vas a facilitarte la vida, vas a protegerte, vas a mimarte y vas a alejarte rápido de relaciones que se están terminando, que no te hacen bien, que no te hacen feliz.

Cuidarse bien es también saber poner límites a los demás, aprender a decir no cuando algo no te está sentando bien, no dejarse manipular por los demás. Cuidarse bien a una misma es no hacer tuyos los problemas que tienen los demás: cada cual ha de hacerse responsable de sus dolores, sus miedos, sus traumas: bastante tenemos con los nuestros, no podemos cargar con los de los demás porque somos humanas, no somos seres invencibles.

Cuidarse es no meterse en guerras románticas que no sirven para nada, es ahorrarse situaciones dolorosas, es no permitir que nadie te haga daño, ni consciente, ni inconscientemente. Tanto el tiempo como la energía son tesoros y no son ilimitados: no podemos malgastarlos en relaciones que no van a ninguna parte, o en personas que no merecen la pena.

La vida es muy cortita, y sólo tenemos una: ya que vamos a estar un rato, que sea al menos un buen rato. Que no se nos vayan los meses y los años esperando milagros románticos, ni apariciones estelares, ni se nos vaya la energía en luchar contra nosotras mismas.

Hay dolores que no pueden evitarse, como la pérdida de un ser amado. Pero hay otros muchos que sí pueden evitarse, por eso es tan importante que nos sintamos libres para unirnos a quien queramos, o para separarnos cuando la relación no nos hace bien. Y hay que hacerlo con rapidez: cuanto menos sufrimiento soportemos, mejor. El sufrimiento va mellando nuestra salud emocional hasta que nos destroza, no es gratuito.

Hay que evitar sufrir, porque es el germen de todas las enfermedades mentales. Tenemos que ser adultas y responsables de nuestra salud, tenemos que tomar las riendas de nuestro bienestar emocional y mental, tenemos que aprender a tomar decisiones que nos ayuden a estar bien. Hay que usar el sentido común, y responsabilizarse de lo que hacemos, lo que sentipensamos, y lo que decimos: la clave es trabajar la honestidad y la coherencia en el ámbito de los sentimientos.

No estamos condenadas a sufrir por amor: podemos adoptar un ritmo lento en el enamoramiento para poder pararnos a leer las señales, evaluar si nos merece la pena empezar una relación, podemos darnos consejos sensatos a nosotras mismas, podemos pedir ayuda si nos cuesta pensar con claridad a la gente que nos quiere. Podemos mirarnos con amor, tratarnos bien, evitarnos problemas. Podemos ser prácticas y sensatas en el amor, podemos decir “No”, podemos echar marcha atrás cuando queramos, podemos evitar el autoengaño y el auto boicot, podemos elegir las mejores compañías, podemos poner en el centro nuestro bienestar y nuestra felicidad.

Cuidarse a una misma y cuidar a las demás es uno de los actos de amor más nobles y revolucionarios que podemos llevar a cabo en la vida. Cuidar a las que cuidan, cuidarnos y dejarnos cuidar por las compañeras: si el patriarcado nos quiere locas, enfermas, destruidas, nuestra venganza es ser felices. Si el patriarcado nos quiere sufridoras y dolientes, nuestra mayor rebeldía es alimentar la alegría de vivir. Si nos quiere dependientes y sumisas, si nos quieren llenas de miedos y de celos, tenemos que empoderarnos, cultivar nuestra autonomía, construir redes de apoyo, cuidados y amor.

Querernos bien es bueno para la salud: cuanto más nos cuidamos, más libres, autónomas, empoderadas estamos. Cuanto más nos queremos, más fácil nos resulta querer a los demás: si aprendemos a cuidarnos, podremos cuidar más a los demás. Tener una buena salud mental y emocional nos permite construir relaciones de pareja más bonitas, más alegres, más divertidas, igualitarias, sanas y placenteras: si estamos bien, podremos dar lo mejor de nosotras mismas y disfrutar del amor, que al fin y al cabo es lo más hermoso de nuestras vidas: los afectos que construimos con la gente a la que queremos.

Coral Herrera Gómez

 

Feminismo para torpes: ¿Esto es acoso?

Feminismo para torpes: ¿Esto es acoso?

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Publicada por El País en Martes, 10 de abril de 2018

Una investigadora de Deusto analiza en su tesis doctoral las realidades machistas digitales

Alerta sobre el alto grado de cosificación del cuerpo femenino online. Y concluye que la educación es una herramienta clave para superar el sexismo.

Bajo el título “El iceberg digital machista”, la investigadora Estíbaliz Linares ha defendido en Deusto una tesis doctoral que analiza las realidades machistas digitales que reproducen las personas adolescentes de Euskadi.

Dirigida por María Silvestre y Raquel Royo, la investigación identifica brechas digitales de género generadas por los medios de comunicación y los videojuegos, cibercontrol y ciberacoso sexual y/o sexista. El objetivo de este análisis, realizado con chicos y chicas de entre 15 y 17 de años, es la prevención e intervención desde el contexto educativo formal.

El estudio constata la existencia de una segunda brecha digital de género que surge de un imaginario cultural que se transmite por los medios de comunicación que aleja a las chicas de los sectores informáticos. No obstante, sí aparecen chicas, aunque son pocas, cercanas a las tecnologías y que se plantean un futuro vinculado a este sector. En estos casos, estas adolescentes suelen tener un referente informático femenino cercano, una socialización basada en esquemas flexibles y han recibido una educación en igualdad.

El mundo de los videojuegos es otro espacio clave que perpetúa la ya denominada tercera brecha digital de género. Y es que, como constata la investigadora Linares, los juegos más utilizados están diseñados en parámetros sexistas y machistas (muchos con una alta carga de violencia machista). Esto genera un rechazo en las chicas y una desafección a este mundo, mientras que en los chicos se da una vinculación sumamente positiva. El videojuego se constituye así en un instrumento clave que abre la puerta de entrada al mundo tecnológico, aunque un tanto desigual.

Las chicas, más activas en Instagram

Otros canales que convergen en la estructuración de la tercera brecha digital de género es YouTube y las propias redes sociales. En concreto, YouTube es uno de canales más utilizados por ellas y ellos y, de hecho, los youtuber conviven con ellas y ellos. En este formato se ve claramente esa ambivalencia, en el que se dan espacios subversivos, pero también aquellos que quedan impregnados por la violencia simbólica y el sexismo, estructurando espacios divididos. Otro apunte que se evidencia en el análisis es que las páginas web quedan en desuso.

Respecto a las redes sociales, Estíbaliz Linares precisa que las redes más utilizadas tanto por chicas como por chicos son WhatsApp, Instagram y Snapchat. Aunque las chicas tienden a ser más activas en las redes vinculadas a la exposición de imágenes como Instagram y sus discursos revelan una ansiedad causada por esa sobre exposición; generándolas sufrimiento y un auto desprecio sobre sus cuerpos.

La investigadora también se ha adentrado en las actitudes de cibercontrol y ha descubierto que las chicas afirman ser más controladoras en cuestiones como la vigilancia de las últimas horas de conexión y redes. Sin embargo, también se percibe que este control se da de forma pasiva, debido a una dependencia emocional que es construida y normalizada por el halo de los mitos del amor romántico, siendo los más destacables: los celos como medida de amor y el mito de la exclusividad.

Sobre el ciberacoso sexual y/o sexista, Estíbaliz Linares asegura que existe un alto grado de cosificación del cuerpo femenino en la red. Además de ello se perpetúa un ciberacoso específico contra las chicas que en todas sus formas tiene como objetivo el control de la sexualidad femenina. En estos parámetros, se observa que la sexualidad femenina queda diseñada en bases opresivas y carcelarias, y aquellas que rompen con estos mandatos se las perciben como “las otras”. Un estigma que impide empatizar con aquellas y que las condena a una constante revictimización.

Orfandad digital

En el análisis también se consigue averiguar otras formas de ciberviolencias machistas como las que sufren las youtubers o las que se perpetúan por otros canales como Ask. No obstante, y si bien estas formas de violencia son comunes tal y como se puede analizar en los foros, esta violencia es una violencia sin nombre lo que repercute en una falta de detección y, por ende, de intervención, legitimando una mayor estigmatización.

Para la nueva doctora de la Universidad de Deusto, la educación formal e informal digital constituye una herramienta de desestructuración del sistema y un motor de transformación. Sin embargo, considera que existen grandes carencias en ambos aspectos lo que ha desembocado en una situación, según sus palabras, de “orfandad digital”.

Aun así, Estíbaliz Linares puntualiza que la adolescencia es sumamente plural y en sus discursos se encuentran identidades muy diversas, con ansias de explorar realidades alternativas y que escapan de las normas de género. Existe, por tanto, una gran esperanza de cambio y transformación de roles. Sin embargo, se han de seguir generando espacios coeducativos más sólidos y duraderos que no se limiten a un reducido número de sesiones y estén únicamente dirigidas al empoderamiento y fortalecimientos de nosotras sino también a la renuncia de privilegios de ellos.

La tesis concluye que la realidad cibernética es mucho más compleja ya que se encuentran tanto espacios trasformadores como sumamente machistas. Lo que quiere decir que las tecnologías por si solas no aseguran un espacio libre de sexismo.

 

Feminicidios y otros asesinatos de mujeres en España: 99 mujeres asesinadas en 2017

Desde 2010 fueron asesinadas 890 mujeres por hombres en España: según el registro de Feminicidio.net, el 86,4% (769 casos) fueron víctimas de feminicidios (por razones de género) aunque solo el 50,4% del total de casos se reconocieron como víctimas oficiales de violencia de género

España, año 2017: Noventa y nueve mujeres asesinadas por hombres. No son crímenes aislados aunque la Plataforma Feminicidio.net los haya clasificado en 10 tipos de feminicidios y otros asesinatos de mujeres. Noventa y nueve vidas arrebatadas por la violencia patriarcal y un espejo que nos refleja la expresión máxima de la desigualdad estructural de las mujeres.

De las 99 mujeres asesinadas en 2017, al menos 81 de ellas tenía algún vínculo o eran conocidas por sus asesinos. La mayoría de ellas, 53 mujeres (53,5%) fueron asesinadas por sus parejas o exparejas; mientras que hijos, padres, padrastros, hermanos, amigos y otros conocidos acabaron con la vida de otras 28 mujeres (siete niñas entre estas).

Feminicidio.net ha presentado la primera entrega del Avance de Informe de 2017. También reestrena base de datos, Geofeminicidio, la Máquina de la Memoria, en la que, ha registrado 901 mujeres asesinadas desde 2010. Se pueden consultar los datos estadísticos visualizados en mapas y gráficos de los casos, por CCAA, provincias y municipios; tipos de feminicidio, relación entre víctima y victimario, escenario del hallazgo de cadáver, etc.

La primera entrega del Avance de Informe de 2017 recopila 30 de los datos estadísticos más relevantes. Este es parte de una serie de 10 artículos que se publicarán a lo largo del mes de marzo.

El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) confirmó en febrero de este año que los ataques machistas fuera del marco de la pareja, que se perpetran contra la víctima por el hecho de ser mujer, serán considerados oficiales tras la aplicación del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, que responde a los compromisos internacionales contraídos por España en el Convenio de Estambul.

Feminicidio.net, observatorio independiente de la sociedad civil, lleva documentando los feminicidios y otros asesinatos de mujeres desde 2010 y su última publicación, un Avance de Informe de 2017, duplica las cifras oficiales de 49 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas con un total de 99 mujeres asesinadas (53 por parejas o exparejas) en 2017.

Con un resumen de 30 datos sobre los 99 casos, Feminicidio.net comienza un avance de datos que incluirá entregas durante todo el mes de marzo sobre los motivos y razones que llevan a los hombres a asesinar a las mujeres, perfiles de las víctimas y los victimarios, un análisis de la violencia sexual presente en los feminicidios y un análisis jurídico de las medidas de protección a las víctimas y la responsabilidad del Estado en prevenir este tipo de crímenes, entre otras.

Tasa de prevalencia (mujeres asesinadas por millón de mujeres habitantes): las CCAA a la cabeza en 2017 son Castilla-La Mancha (8,83), Islas Canarias (5,69) y Murcia (5,47). Los nueve casos conocidos en Castilla-La Mancha duplican la media estatal: (8,83, con respecto a las 4,38 de la media de España).

En 2017, la Comunidad de Madrid registra un aumento en el número de casos que alcanza el máximo histórico de la región desde 2010: 18 mujeres asesinadas frente a las 10 registradas en 2016, un 80% más en solo un año. También por municipios Madrid es el que más casos registra (10 mujeres asesinadas), más del doble que el segundo municipio con más casos en 2017, Barcelona (cuatro casos) y más del triple que Sevilla y Almería (tres casos en cada municipio).

Por meses, febrero es el que más casos registra en todo el año: 15 mujeres asesinadas (el 15,1% de los 99 casos del año). Desde entonces, se inició una tendencia a la baja que culminó con el segundo semestre del año con menos registros desde 2010.

Los feminicidios infantiles casi se duplicaron en 2017: de los cuatro casos conocidos en 2016, en 2017 se registraron siete menores asesinadas.

De media, los victimarios tenían 43 años, la misma edad que sus víctimas. Sin embargo, los autores de feminicidios íntimos tenían una media de 35,5 años, siete años y medio menos que la media entre los victimarios de los distintos tipos de feminicidio y asesinato, y 10 años y medio menos que sus víctimas. De media, la edad más elevada entre los victimarios se da en los feminicidios por prostitución (48,5 años).

Entre los actos violentos cometidos por los victimarios con sus víctimas, 26 víctimas de 2017 fueron acuchilladas o apuñaladas y otras 14 degolladas. Otras 19 mujeres murieron a causa de los golpes y 16 fueron asfixiadas o estranguladas.

Una de cada 10 víctimas de 2017 denunció a su victimario (10,2%) y una más retiró la denuncia. Ocho mujeres pidieron medidas de protección, siete la obtuvieron y seis de estas fueron asesinadas con una orden de protección en vigor cuyo riesgo fue considerado alto solo en un caso, mientras que otros tres fueron valorados con riesgo medio, uno riesgo bajo y un último caso no tuvo Valoración Policial de Riesgo (VPR).

Fuente: Feminicidio.net y AmecoPress