“La sentencia a ‘la manada’ tiene efectos incluso para las mujeres que no han sido agredidas”

La investigadora y experta en violencia sexual Bárbara Tardón analiza el fallo que condena a ‘la manada’ a nueve años de cárcel por abuso sexual

“El sistema está invisibilizando lo que se da con mayor frecuencia, es decir, aquellos casos en los que no media el uso de la fuerza e intimidación”, explica

Lamenta que el Estado español “incumpla” sus obligaciones sobre violencia sexual y asegura que las víctimas se enfrentan a un camino lleno de obstáculos.

 

 

El caso de ‘la manada’ y  la sentencia que condena a sus miembros a nueve años de cárcel por abusar sexualmente de la joven que les denunció en los Sanfermines de 2016 ha puesto sobre la mesa lo que ella lleva años investigando. Bárbara Tardón, investigadora y experta en violencia sexual, ha plasmado en su tesis – La violencia sexual: desarrollos feministas, mitos y respuestas normativas globales (junio, 2017)– lo que, a su juicio, hace posible que sean dictados fallos como el que la Audiencia Provincial de Navarra leyó el pasado jueves. Una “ideología patriarcal” que, dice, “se cuela en todos los ámbitos” y que invisibiliza una violencia sexual “sistémica”.

¿Qué evidencia la sentencia a ‘la manada’?

Lo que hace la sentencia es demostrar que todos los prejuicios y estereotipos de género que se dan en violencia sexual se reproducen en el sistema judicial. Esto quiere decir que hay una ideología detrás, una estructura, el sistema patriarcal, que se cuela en todos los espacios de socialización, incluso en aquellos en los que nos creemos que no existe ideología. Pensamos que las leyes y las normas son neutrales. Y al final, en quienes más repercute esto es principalmente en las mujeres, pero no solo en las víctimas, sino que tiene efectos para todas, también para las que no han sido agredidas.

¿De qué manera se articula este impacto?

El mensaje, al fin y al cabo, es perpetuar el mito que hay sobre las violencias sexuales: que solamente existe un tipo, que es lo que se denomina la violación genuina, y todo lo que sale de ahí no merece el mismo rechazo. Esta violación genuina es la que permanece en el imaginario colectivo como una agresión a manos de un desconocido, que implica altos niveles de fuerza o violencia y que se perpetra en un callejón o calle oscura y de noche.

La ideología patriarcal nos dice que solo existen esas víctimas, pero en realidad la mayoría de casos no se corresponden con ese prototipo. Esto impacta de forma global porque lo que está invisibilizando el sistema es lo que se da con mayor frecuencia, es decir, aquellos casos en los que no media el uso de la fuerza e intimidación.

El tipo de fuerza e intimidación que considera la justicia como tal…

Sí. En realidad, la clave es la concepción de consentimiento que tiene la justicia. Y es que se concibe de una manera patriarcal –tanto en cómo está plasmado en la ley como en cómo se interpreta– porque se corresponde con los mitos que se tienen de la violencia sexual. Es decir, se entiende únicamente el consentimiento en función de si media fuerza e intimidación, pero hay mujeres que no pueden decir ‘no’ ni ‘sí’ porque hay circunstancias que se lo impiden.

¿De qué manera debemos definir el consentimiento?

Está muy bien definido por por varios tribunales y estándares internacionales, por ejemplo el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia o para Ruanda. Todo el mundo está entrando ahora en que hay que definir el consentimiento, pero en este marco internacional de Derechos Humanos ya se entiende que solo hay consentimiento cuando existe plena autonomía sexual. Una autonomía que no se da cuando existen una serie de factores que hacen que ese consentimiento no sea libre, por ejemplo, la coacción, un entorno de poder, el uso de la fuerza, algún tipo de diversidad funcional, el uso de sustancias químicas…

Yo creo que es urgente politizar el consentimiento, es decir, entablar una discusión sobre sus márgenes. Hasta hace dos días hablábamos de violencia doméstica y en el momento en que empezamos a hablar de violencia de género conseguimos politizarla.

En las reflexiones feministas a veces se habla de dejar de hablar de consentimiento para pasar a hablar de deseo.

A mí me parece algo muy interesante y creo que es fundamental hablar de ello. El movimiento feminista adelanta conceptos y debates varias décadas…pero en términos jurídicos es muy complicado hablar de deseo. Sería dar un paso para el que creo que nuestro sistema judicial no está preparado. Yo apuesto por definir y desgranar qué es el consentimiento primero.

Estos días se habla mucho de reformar el Código Penal e incluso el Gobierno se ha mostrado dispuesto a modificarlo. ¿Lo ve algo necesario?

Creo que el Código Penal merece una modificación, no para aumentar las penas, sino para dejar de jerarquizar a las víctimas y supervivientes de la violencia sexual porque a través de sus tipos penales perpetúa los mitos de que merece mayor desaprobación cuando se produce el uso de la fuerza o cuando hay penetración que cuando no. Pero la clave es la interpretación, en base a estereotipos y prejuicios, que se hace de la ley. Me preocupa que nos estemos centrando tanto en el Código Penal que estemos obviando todo lo demás que no funciona. Da igual que tengamos la mejor norma del mundo si no tenemos políticas públicas, formación, protocolos de atención o educación afectivo sexual, entre otras cosas.

¿El Estado español asume sus responsabilidades en materia de violencia sexual?

El Estado tiene una serie de obligaciones que son innegociables, pero en el marco de la violencia sexual ha sido profundamente irresponsable y las incumple. Las víctimas se enfrentan a una tierra baldía, no tienen ningún tipo de apoyo por parte  para ser asistidas y proteger sus derechos. Si hacemos una evaluación de lo que ha hecho el Estado español en los últimos 40 años, el panorama es desolador en todos los ámbitos: en el educativo, de prevención, asistencial, judicial y en el de la reparación integral de las víctimas. El Estado no ha hecho nada y la forma más clara de verlo es en la ausencia de políticas públicas.

En su tesis, hace un recorrido por la violencia sexual con una perspectiva histórica. ¿Cuáles han sido las conclusiones más importantes?

Si analizamos la historia de la violencia sexual como lo he hecho yo –de la Edad Antigua a la Edad Contemporánea–, se comprueban tres cosas fundamentales. Por un lado, que la violencia sexual ha sido invisible a lo largo de la historia. En segundo lugar, que su prevalencia es sistémica y, por último, que no se trata de un hecho ahistórico, como nos quieren hacer ver. Se comprueba que es intrínseca a las relaciones sociales y, por lo tanto, es profundamente política: su finalidad última es controlar el cuerpo de las mujeres y su sexualidad.

Afirma que el camino del acceso a la justicia para las víctimas de violencia sexual es “un camino tortuoso”. ¿Por qué?

Las víctimas o supervivientes que deciden dar el paso de denunciar o contar su historia a lo que se enfrentan es a un camino repleto de obstáculos. Cada paso que dan es como si se encontraran una puerta de acero que deben franquear. Lejos de ser un recorrido que debe llevar a una reparación, se enfrentan a un infierno. Por eso una amplia mayoría de mujeres que llegan a acceder al sistema dicen que si volvieran atrás y supieran lo que tenían que vivir, no

Fuente: Marta Borraz  . eldiario.es   Revisado 5 mayo 2018

 

Indignación en las calles por la sentencia del caso de la Manada

La indignación contra la sentencia que condena a nueve años de prisión a los integrantes de ’la manada’ por abuso sexual, pero que no reconoce que hubo violación, ha tomado las calles de las principales ciudades del estado español y su eco se ha extendido por todo el planeta. Además, desde que el fallo fue hecho público, miles de mujeres comparten en redes sociales episodios de violencia sexual que han sufrido a manos de hombres bajo el hashtag #Cuéntalo. Los medios de comunicación han dedicado páginas y programas a analizar la sentencia y hasta la ONU se ha pronunciado en contra de su contenido. Hoy viernes a las 7 de la tarde el Movimiento feminista ha convocado en Madrid una nueva manifestación desde Atocha a la Plaza Villa de Paris, “donde se encuentran los máximos representantes de la justicia patriarcal”. 

Las protestas comenzaron el jueves. En las calles, el movimiento feminista dictaba su sentencia: “no es abuso, es violación”. Y recordaba a la víctima que “no está sola” y que “nosotras somos la manada”. En Madrid, 50.000 personas se congregaron ante el Ministerio de Justicia. La movilización tuvo su réplica en la Puerta del Sol durante la celebración del Dos de Mayo, Día de la Comunidad de Madrid.

“Vivimos en una cultura de la violación que legítima este tipo de sentencias y que dota de impunidad a los agresores y deja en una posición de vulnerabilidad a todas las mujeres. El caso de la Manada es uno de tantos, en España se denuncia una violación cada 8 horas, y por ello salimos a las calles, para decir claro y alto que la calle y la noche también son nuestras, que queremos sentirnos libres en nuestras ciudades, en las fiestas, en las aulas, en los trabajos”, aseguran desde el Movimiento feminista de Madrid.

La sentencia del caso de La Manada llega en un momento en el que las mujeres se han mostrado con fuerza en hitos como la huelga del 8 de marzo o campañas de denuncia de la violencia sexual a las que se enfrentan con mucha más frecuencia de la que pareciera y frente a la que han decidido no guardar silencio. Nada hace suponer que la decisión judicial pueda ser asumida sin enfado y sin reclamo. Pero más allá del arrebato, personas expertas de campos diversos como la psicología, el ámbito judicial, la medicina, la política o el activismo, han emitido opiniones y argumentos contra una sentencia que consideran machista pues se basa en una interpretación de la ley hecha desde prejuicios que justifican la violencia hacia las mujeres en ciertas circunstancias y cuestionan a la víctima.

Que los fallos judiciales, las “sentencias sociales” y los juicios emitidos por los medios de comunicación acerca de la violencia sexual hacia las mujeres contengan estereotipos de género y se muestren incapaces de comprender a quienes la sufren no es algo que pueda resolverse con el endurecimiento de las leyes, según han advertido ya voces expertas frente al populismo que se empeña en profundizar en esa vía.

Las calles claman por el fin de la impunidad de quienes agreden a las mujeres y por el excesivo cuestionamiento de la víctima. El “no es no” se queda corto, el concepto de consentimiento caduco. Incluso la ONU y el Parlamento europeo han criticado que la sentencia de La Manada “subestima la gravedad de la violación”. La conclusión parece clara: todo sexo sin consentimiento es violación.

Fuente: AmecoPress  Revisado 5 mayo 2018

 

Como cuidarte cuando estas enamorada: la salud emocional y el amor romántico

Queremos estar sanas, queremos estar guapas, queremos sentirnos bien con nuestro cuerpo, pero, ¿qué pasa con nuestra salud emocional y mental?. Todos los días nos bombardean con el tema de la salud y lo importante que es cuidarse la línea, comer bien, hacer ejercicio, evitar el sobrepeso, e invertir recursos y tiempo en nuestro aspecto físico. Son mensajes que nos lanzan a nosotras las mujeres para que nos hagamos sumisas a la tiranía de la belleza y luchemos contra nosotras mismas: contra nuestras arrugas, canas, esos kilos de más, esas imperfecciones, el vello corporal, los michelines, las patas de gallo, etc. Sin embargo, no nos hablan de lo importante que es trabajar nuestro bienestar, y nuestra felicidad.

Apenas tenemos herramientas para cuidarnos: nos educan para que cuidemos a los demás. Nos hacen creer que las mujeres nacemos con un don especial para entregarnos al amor, para sacrificarnos por los seres queridos, para cuidar bebés, gente anciana, enferma o con discapacidades, por eso la mayoría de nosotras lo hacemos gratis, y las que se dedican a ello profesionalmente cobran salarios de miseria, en condiciones indecentes, en la mayor parte de los países del mundo.

En nuestra cultura no se habla del auto-cuido, de lo importante que es cuidarse bien, quererse bien, tratarse bien, ocuparse y preocuparse por una misma: cuando lo hacemos nos sentimos egoístas y culpables, porque los mandatos de género nos empujan a olvidarnos de nosotras mismas para poder dar amor y cuidos a los hombres con los que nos emparejamos. Y sabemos apoyar emocionalmente a todo el mundo, pero no a nosotras mismas cuando nos toca vivir momentos de nuestras vidas difíciles o terribles: separaciones de pareja, muertes de seres queridos, o momentos de crisis personal en la que parece que todo se hunde y no encontramos la salida.

Cuando caemos en una depresión o en cualquier otra enfermedad mental, tenemos la ayuda de profesionales (terapeutas, psicólogas, etc.), pero apenas trabajamos en el área de la prevención: ¿cómo podemos evitar llegar a situaciones de sufrimiento extremo?, ¿cómo podemos ahorrarnos el intenso dolor que sentimos cuando nos invaden las emociones, y nos encontramos sin herramientas para gestionarlas?

No nos enseñan educación emocional en la escuela: sólo podemos pedir ayuda cuando ya ha sucedido el desastre. Es entonces cuando, después de trabajar mucho para salir de las depresiones, entendemos lo importante que es cuidarnos y querernos bien a nosotras mismas, tratarnos bien a nosotras mismas, velar por nuestro bienestar y nuestra felicidad, y construir redes de afecto para combatir la soledad y la dependencia.

La depresión y las enfermedades mentales han experimentado un aumento vertiginoso en estos tiempos de individualismo feroz: la soledad y la tristeza causan estragos entre la población. Cada vez nos suicidamos más y consumimos más medicamentos para calmar la pena y manejar el dolor, pero no hay pastilla que nos cure las heridas del alma, que nos borre recuerdos traumáticos, que nos enseñe a gestionar nuestros sentimientos y nos ayude a aprender a relacionarnos con los demás.

En el ámbito del amor romántico, esta falta de herramientas nos lleva al desastre sentimental, no una, sino varias veces a lo largo de nuestra corta vida. Nos arrojamos al amor desnudas porque nos hemos creído este rollo de que el amor es ciego, y que cuando Cupido nos lanza sus flechas y nos alcanza el corazón, no hay nada que podamos hacer excepto entregarnos al amor sin resistencia. Abrimos nuestro corazón, nos volcamos en el amor, nos creemos que enamorarse es tirarse al vacío sin cuerdas, sin arnés, sin casco, sin protección de ningún tipo. El amor de las películas es una enfermedad, un hechizo, una locura que nos trastorna, y nos trastoca por completo. Dejamos de pensar racionalmente, de ser adultas responsables, de cuidarnos y querernos, como si estuviéramos poseídas por el demonio. Nos hace olvidarnos de toda la gente a la que queremos para poner en el centro al ser amado… Nos hemos creído el cuento de que al enamorarnos estamos condenadas para siempre a amar sin condiciones, a olvidarnos de nosotras mismas y de nuestra felicidad, a sacrificarnos y a sufrir por amor.

Mitificamos a las sufridoras de nuestra cultura: todas las heroínas sufren por amor, lloran, lo pasan fatal, se olvidan de si mismas, se auto-lesionan y se suicidan. Así no hace falta que nos mate el patriarcado: ya vamos nosotras solas hacia la destrucción total, creyendo que es un acto de amor. Las mujeres que aman se hacen daño a si mismas y permiten que el amado las destroce el corazón y la vida: las mujeres siempre aparecemos como las grandes víctimas del amor, y eso nos hace especiales, nos pone guapas, nos convierte en heroínas. Como la Virgen María: adoramos su figura porque sufrió mucho por su hijo, porque se pasó toda su vida amando a su hijo y sacrificándose por él.

En todas las películas de amor el mensaje que nos lanzan es que lo importante en la vida no somos nosotras, sino nuestra necesidad de tener pareja. Nos han convencido de que no hace falta que nos responsabilicemos de nuestro bienestar y nuestra felicidad: ya se encargará de eso el príncipe azul cuando lo encontremos. No hace falta que nos amemos a nosotras mismas: ya vendrá otro a amarnos, a protegernos, a cuidarnos, a solucionar nuestros problemas a cambio de nuestra capacidad para dar amor, sexo y cariño.

 

Gracias a estos mensajes, nos creemos que  estamos muy necesitadas de amor, y por eso, como dijo Marcela Lagarde, nos enamoramos del primer tonto que pasa. Las consecuencias son tremendas: no es gratis esto de entregar nuestro corazón a cualquiera. Nos sale muy caro, en realidad: nos tenemos que pasar meses y años curándonos por las heridas que nos causa una relación fallida. Nos toca hacer talleres, leer libros, pedir ayuda profesional a terapeutas y psicólogas, nos toca hacer un inmenso trabajo para recomponer las piezas de nuestro pequeño corazón, para recuperar la alegría de vivir y la confianza en nosotras mismas.

Sufrir por amor es tremendamente dañino: tiene un coste altísimo. Nos daña la salud mental y emocional, nos baja la autoestima, nos roba las energías, nos aísla del mundo que nos rodea, nos aleja de nuestros proyectos vitales, hace sufrir a la gente que nos quiere, y nos mete en burbujas en las que nos olvidamos de lo verdaderamente importante.

¿Qué es lo verdaderamente importante? En orden de prioridades, primero Yo y mi bienestar. Luego mi gente querida y mi red de afectos. Y por último, el romance, que sólo puede darse cuando yo estoy bien y tengo mucho amor en mi vida: sólo así podré tener una relación sana, igualitaria, basada en el placer, la ternura, y la alegría de vivir.

Cuidarse a una misma es un acto de rebeldía total: el patriarcado nos quiere ocupadas en el cuido de los demás, o entretenidas en la búsqueda de pareja (alguien a quien cuidar, alguien que nos cuide). El patriarcado nos quiere tristes, amargadas, deprimidas, acomplejadas, envidiosas, locas, aisladas, por eso es tan importante cuidarnos y querernos bien a nosotras mismas, tratarnos bien a nosotras mismas, velar por nuestro bienestar y nuestra felicidad, y unirnos para combatir la soledad, ese gran miedo que nos hace necesitadas y dependientes de una pareja.

Cuidarse a una misma y quererse bien no es tan difícil, en realidad. Hay una técnica muy fácil que consiste en verse desde lejos como si fueras alguien a quien quieres mucho: tu madre, tu hermana, tu mejor amiga, tu hija. A ellas les deseas lo mejor, les das buenos consejos, te preocupas por su felicidad, haces lo que está en tu mano para ayudarlas, te enfadas si alguien quiere hacerles daño, las proteges y las defiendes cuando alguien quiere abusar de ellas o tratarlas mal, las apoyas cuando lo necesitan, las escuchas y las ayudas para que no se auto engañen si están sufriendo, las animas a tomar buenas decisiones, las empujas a liberarse de todo aquello que no las hace felices.

Pues contigo puedes hacer lo mismo. Todas nosotras podemos hacer lo mismo: cuidarnos con el mismo amor con el que amamos a los demás.

Cuidarse bien es quererse bien: hay que buscar la manera de que la energía del amor emane de ti y llegue a ti, y pase por tu gente querida y por tus parejas, pero siempre vuelva a ti. La energía del amor es poderosa: hay que repartirla, no reducirla a una sola persona, y tiene que llegarte a ti también, porque el amor hacia una misma es la base de toda la relación de una con el mundo en el que vivimos.

Cuidarse bien es ocuparse y preocuparse por una misma. Es poder preguntarte de vez en cuando: ¿estoy bien?, ¿me siento bien? Si la respuesta es si, es importante disfrutar al máximo, no complicarte la vida, saborear cada momento, dar lo mejor de ti en la relación, permitirte ser feliz.

Si la respuesta es no, entonces hay que buscar soluciones, ser práctica, actuar con rapidez, tomar decisiones y establecer estrategias para cambiar todo aquello de nuestras vidas que nos hace daño y que nos impide ser felices.

Una de las principales estrategias para cuidar tu salud mental y emocional es alejarte de la gente que te hace daño: sacarlos de tu vida.

Cuando se trata de la pareja, esta idea ha de ser una norma fundamental. Hay que evitar a toda esa gente que necesita machacarte para aumentar su autoestima, que necesita dominarte para sentirse importante, que te chupa la energía y los recursos porque no tiene autonomía, que depende de ti pero te hace creer que eres tú la dependiente. A la gente que te trata mal para sentirse bien hay que tenerla bien lejos. También a todos aquellos que quieren cambiarte porque no les gustas tal y como eres, gente que quiere asilarte de tus seres queridos para poder manipularte a su antojo, gente que no sabe negociar ni hacer pactos, sino imponer sus deseos. Gente que te hace responsable de su bienestar para que te sientas culpable si no atiendes todos sus deseos y necesidades, gente egoísta y perversa que disfruta haciéndote sufrir, que te da lecciones, que te humilla o se burla de ti. Es gente que se victimiza para chantajearte, amenazarte y hacerte sentir culpable, gente que en lugar de facilitarte la vida te la complica, gente que te mete en círculos viciosos de problemas y sufrimiento con espacios cortos de felicidad romántica que te compensan los malos tratos y los malos ratos.

Luego están los que no son malas personas, pero igualmente te hacen daño porque no saben disfrutar del amor, o porque no tienen herramientas para gestionar sus emociones y para relacionarse con los demás. A veces la gente llega a las relaciones con mucho dolor acumulado, con mucha frustración, desconfianza, miedos, prejuicios, egoísmo, falta de empatía, rencores, y estructuras de guerra que nos impiden empezar las relaciones de cero y que pueden convertir cualquier relación en un infierno.

No importa los problemas que  tengan: tú no eres responsable de los problemas de nadie, y no vas a curar a nadie, no vas a salvar a nadie, no vas a cambiarle la vida a nadie que no quiera cambiar por sí mismo/a. El alcohólico, el ludópata, el mentiroso compulsivo que se cura por amor es puro cuento: de las adicciones y los problemas solo se sale cuando uno quiere salir, y cuando pide ayuda profesional si siente que solo no puede.

Los milagros del amor sólo suceden en las novelas y en las películas románticas. Llega tu príncipe azul y te saca del encierro, de la pobreza, del paro, de la explotación, de la soledad: tu vida está llena de problemas, y el Salvador llega con las soluciones, se hace cargo de ti, asume la responsabilidad que tú tienes sobre tu bienestar y tu felicidad.

Nos dicen que sólo tenemos que esperar a que llegue ese príncipe azul, pero lo cierto es que en lugar de adoptar un papel pasivo como las princesas Disney, lo que tenemos que hacer es ponernos manos a la obra, asumir nuestra responsabilidad, poner el cuerpo en movimiento, propiciar los cambios, que sólo llegan cuando una se propone transformar aquello que no le gusta, no le hace feliz, o no le hace bien.

En el ámbito de la pareja, es fundamental elegir buenos compañeros/as, gente linda con la que poder construir una relación basada en la honestidad, en la confianza, en el compañerismo. No te juntes con gente con traumas que pretende que tú les salves de su dolor, huye de la gente con problemas que se queja constantemente, huye de esos que le ponen “peros” a todo, huye de los que te dicen: “no me voy a enamorar de ti, no quiero tener pareja”, pero les encanta sentirse queridos y admirados.

Huye de los chicos inseguros que no han trabajado su masculinidad, porque suelen ser autoritarios, celosos, no saben hablar de sus sentimientos, no saben expresarse ni comunicarse, son posesivos, son machistas, son dominantes y te piden a ti que seas sumisa para poder sentirse bien.

Tú te mereces a alguien que sepa querer bien, que no tenga miedos, que no sea egoísta, que sepa tratar bien a la gente a la que quiere, y que quiera y sepa disfrutar del amor. Tú, y toda la gente que tenga ganas de enamorarse y vivir una historia de amor bonita, sin jerarquías y sin violencias. 

Si al leer este texto te das cuenta de que tú misma cumples con alguna de las características de la gente con la que es mejor no emparejarse, estás de enhorabuena: sólo pueden cambiar las personas que son conscientes de sus problemas, de sus defectos, y de sus puntos débiles. Hacer autocrítica es muy íútil y liberador: sirve para identificar todo aquello que queremos eliminar, transformar o mejorar de nosotras mismas. El objetivo final es ser mejor personas, y ser más felices.

Y para ser más felices, o al menos para poder estar bien, hay que quererse bien, y cuidarse mucho, y priorizar nuestra salud emocional antes que cualquier otra cosa. 

Otro de los actos de amor más grandes hacia una misma es terminar las relaciones que no nos hacen felices. Por ejemplo, las relaciones en las que no somos correspondidas/os. Cuando uno de los miembros está muy enamorado y el otro no, entonces duele. Cuando ambos están muy enamorados pero uno se desenamora poco a poco, entonces duele. Y duele mucho. Cuando no hay reciprocidad ni tampoco valentía para reconocer que no la hay, entonces empiezan los malentendidos, los conflictos, los llantos, los reproches, las acusaciones, las sospechas, los celos, las mentiras, los engaños, y el sufrimiento.

Me preguntan mucho en mi Laboratorio del Amor: ¿cómo sé si ya no me quiere, ¿cómo sé si soy plenamente correspondida cuando me enamoro? Para eso creamos el termómetro del amor, una herramienta que creamos para ver en nosotras mismas las señales de enamoramiento y desenamoramiento, y luego aplicarlo a la pareja: podemos leer los sentimientos de los demás en su cuerpo, en sus gestos, en su comportamiento y en su forma de relacionarse con nosotras.

La mayor parte de las mujeres que trabajamos en este grupo de estudio on line, coincidimos en que el mayor problema es el autoengaño: cuando no queremos leer las señales que el cuerpo y el comportamiento de la otra persona nos está lanzando.

Incluso cuando somos nosotras las que no nos estamos enamorando o las que nos estamos desenamorando, también nos auto engañamos. Nos cuesta admitir que algo no funciona, que algo está pasando, que nos vamos acercando al final… Si, resulta muy difícil decirle al compañero o a la compañera lo que sentimos cuando estamos pasando por una crisis, cuando no surge el romanticismo o cuando se acaba.

Sin embargo, si no somos sinceros y sinceras, el dolor está asegurado: cuando no se sabe qué está pasando, se sufre mucho.
Cuando preguntas y te responden mentiras, también se sufre mucho.
Cuando la otra persona cambia su comportamiento y su forma de mirarnos, de relacionarse con nosotras, lo notamos y sufrimos mucho.

Por eso parte de cuidarse a una misma consiste en eliminar el autoengaño, ser honesta con una misma y con la pareja. Se trata de sentarse frente a un espejo a charlar con una misma, de escucharse con atención, y de hacerse preguntas clave para saber qué nos pasa, qué sentimos, qué queremos, qué necesitamos. Así es más fácil sentarse a hablar con la otra persona.

También las amigas ayudan mucho a ver la realidad cuando el autoengaño te distorsiona todo. El autoengaño forma parte del auto-boicot, que es un arma para hacerse la guerra a una misma. Hacerse auto-boicot es, por ejemplo, enamorarse siempre de personas que nunca se van a enamorar de ti, o de personas que no te convienen, o engancharse a relaciones que no van a ningún lado.

Auto-boicotearse es tratarse mal a una misma: es ponerse una misma los obstáculos, fabricarse los miedos, exponerse al dolor más absoluto. Algunas veces llegamos a unos niveles de violencia espantosos buscando la manera de hacernos daño y de ser infelices, por eso es tan importante trabajar en mejorar la relación con una misma. Porque batallar en dos frentes (el primero en el que tú te haces daño a ti misma, y el segundo en el que te hace daño la otra persona), es demasiado duro, y a veces nuestra mente y nuestro corazón no lo soportan.

Sucede que cuanto más te quieres, menos te torturas, menos te castigas, menos te auto-lesionas, menos te destrozas la vida. Si trabajas tu autoestima y aprendes a quererte bien, entonces vas a luchar siempre por tu bienestar, vas a alejarte de la gente dañina, vas a buscar buenas compañías, vas a escucharte y a  confiar en ti, vas a facilitarte la vida, vas a protegerte, vas a mimarte y vas a alejarte rápido de relaciones que se están terminando, que no te hacen bien, que no te hacen feliz.

Cuidarse bien es también saber poner límites a los demás, aprender a decir no cuando algo no te está sentando bien, no dejarse manipular por los demás. Cuidarse bien a una misma es no hacer tuyos los problemas que tienen los demás: cada cual ha de hacerse responsable de sus dolores, sus miedos, sus traumas: bastante tenemos con los nuestros, no podemos cargar con los de los demás porque somos humanas, no somos seres invencibles.

Cuidarse es no meterse en guerras románticas que no sirven para nada, es ahorrarse situaciones dolorosas, es no permitir que nadie te haga daño, ni consciente, ni inconscientemente. Tanto el tiempo como la energía son tesoros y no son ilimitados: no podemos malgastarlos en relaciones que no van a ninguna parte, o en personas que no merecen la pena.

La vida es muy cortita, y sólo tenemos una: ya que vamos a estar un rato, que sea al menos un buen rato. Que no se nos vayan los meses y los años esperando milagros románticos, ni apariciones estelares, ni se nos vaya la energía en luchar contra nosotras mismas.

Hay dolores que no pueden evitarse, como la pérdida de un ser amado. Pero hay otros muchos que sí pueden evitarse, por eso es tan importante que nos sintamos libres para unirnos a quien queramos, o para separarnos cuando la relación no nos hace bien. Y hay que hacerlo con rapidez: cuanto menos sufrimiento soportemos, mejor. El sufrimiento va mellando nuestra salud emocional hasta que nos destroza, no es gratuito.

Hay que evitar sufrir, porque es el germen de todas las enfermedades mentales. Tenemos que ser adultas y responsables de nuestra salud, tenemos que tomar las riendas de nuestro bienestar emocional y mental, tenemos que aprender a tomar decisiones que nos ayuden a estar bien. Hay que usar el sentido común, y responsabilizarse de lo que hacemos, lo que sentipensamos, y lo que decimos: la clave es trabajar la honestidad y la coherencia en el ámbito de los sentimientos.

No estamos condenadas a sufrir por amor: podemos adoptar un ritmo lento en el enamoramiento para poder pararnos a leer las señales, evaluar si nos merece la pena empezar una relación, podemos darnos consejos sensatos a nosotras mismas, podemos pedir ayuda si nos cuesta pensar con claridad a la gente que nos quiere. Podemos mirarnos con amor, tratarnos bien, evitarnos problemas. Podemos ser prácticas y sensatas en el amor, podemos decir “No”, podemos echar marcha atrás cuando queramos, podemos evitar el autoengaño y el auto boicot, podemos elegir las mejores compañías, podemos poner en el centro nuestro bienestar y nuestra felicidad.

Cuidarse a una misma y cuidar a las demás es uno de los actos de amor más nobles y revolucionarios que podemos llevar a cabo en la vida. Cuidar a las que cuidan, cuidarnos y dejarnos cuidar por las compañeras: si el patriarcado nos quiere locas, enfermas, destruidas, nuestra venganza es ser felices. Si el patriarcado nos quiere sufridoras y dolientes, nuestra mayor rebeldía es alimentar la alegría de vivir. Si nos quiere dependientes y sumisas, si nos quieren llenas de miedos y de celos, tenemos que empoderarnos, cultivar nuestra autonomía, construir redes de apoyo, cuidados y amor.

Querernos bien es bueno para la salud: cuanto más nos cuidamos, más libres, autónomas, empoderadas estamos. Cuanto más nos queremos, más fácil nos resulta querer a los demás: si aprendemos a cuidarnos, podremos cuidar más a los demás. Tener una buena salud mental y emocional nos permite construir relaciones de pareja más bonitas, más alegres, más divertidas, igualitarias, sanas y placenteras: si estamos bien, podremos dar lo mejor de nosotras mismas y disfrutar del amor, que al fin y al cabo es lo más hermoso de nuestras vidas: los afectos que construimos con la gente a la que queremos.

Coral Herrera Gómez

 

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Publicada por El País en Martes, 10 de abril de 2018

Una investigadora de Deusto analiza en su tesis doctoral las realidades machistas digitales

Alerta sobre el alto grado de cosificación del cuerpo femenino online. Y concluye que la educación es una herramienta clave para superar el sexismo.

Bajo el título “El iceberg digital machista”, la investigadora Estíbaliz Linares ha defendido en Deusto una tesis doctoral que analiza las realidades machistas digitales que reproducen las personas adolescentes de Euskadi.

Dirigida por María Silvestre y Raquel Royo, la investigación identifica brechas digitales de género generadas por los medios de comunicación y los videojuegos, cibercontrol y ciberacoso sexual y/o sexista. El objetivo de este análisis, realizado con chicos y chicas de entre 15 y 17 de años, es la prevención e intervención desde el contexto educativo formal.

El estudio constata la existencia de una segunda brecha digital de género que surge de un imaginario cultural que se transmite por los medios de comunicación que aleja a las chicas de los sectores informáticos. No obstante, sí aparecen chicas, aunque son pocas, cercanas a las tecnologías y que se plantean un futuro vinculado a este sector. En estos casos, estas adolescentes suelen tener un referente informático femenino cercano, una socialización basada en esquemas flexibles y han recibido una educación en igualdad.

El mundo de los videojuegos es otro espacio clave que perpetúa la ya denominada tercera brecha digital de género. Y es que, como constata la investigadora Linares, los juegos más utilizados están diseñados en parámetros sexistas y machistas (muchos con una alta carga de violencia machista). Esto genera un rechazo en las chicas y una desafección a este mundo, mientras que en los chicos se da una vinculación sumamente positiva. El videojuego se constituye así en un instrumento clave que abre la puerta de entrada al mundo tecnológico, aunque un tanto desigual.

Las chicas, más activas en Instagram

Otros canales que convergen en la estructuración de la tercera brecha digital de género es YouTube y las propias redes sociales. En concreto, YouTube es uno de canales más utilizados por ellas y ellos y, de hecho, los youtuber conviven con ellas y ellos. En este formato se ve claramente esa ambivalencia, en el que se dan espacios subversivos, pero también aquellos que quedan impregnados por la violencia simbólica y el sexismo, estructurando espacios divididos. Otro apunte que se evidencia en el análisis es que las páginas web quedan en desuso.

Respecto a las redes sociales, Estíbaliz Linares precisa que las redes más utilizadas tanto por chicas como por chicos son WhatsApp, Instagram y Snapchat. Aunque las chicas tienden a ser más activas en las redes vinculadas a la exposición de imágenes como Instagram y sus discursos revelan una ansiedad causada por esa sobre exposición; generándolas sufrimiento y un auto desprecio sobre sus cuerpos.

La investigadora también se ha adentrado en las actitudes de cibercontrol y ha descubierto que las chicas afirman ser más controladoras en cuestiones como la vigilancia de las últimas horas de conexión y redes. Sin embargo, también se percibe que este control se da de forma pasiva, debido a una dependencia emocional que es construida y normalizada por el halo de los mitos del amor romántico, siendo los más destacables: los celos como medida de amor y el mito de la exclusividad.

Sobre el ciberacoso sexual y/o sexista, Estíbaliz Linares asegura que existe un alto grado de cosificación del cuerpo femenino en la red. Además de ello se perpetúa un ciberacoso específico contra las chicas que en todas sus formas tiene como objetivo el control de la sexualidad femenina. En estos parámetros, se observa que la sexualidad femenina queda diseñada en bases opresivas y carcelarias, y aquellas que rompen con estos mandatos se las perciben como “las otras”. Un estigma que impide empatizar con aquellas y que las condena a una constante revictimización.

Orfandad digital

En el análisis también se consigue averiguar otras formas de ciberviolencias machistas como las que sufren las youtubers o las que se perpetúan por otros canales como Ask. No obstante, y si bien estas formas de violencia son comunes tal y como se puede analizar en los foros, esta violencia es una violencia sin nombre lo que repercute en una falta de detección y, por ende, de intervención, legitimando una mayor estigmatización.

Para la nueva doctora de la Universidad de Deusto, la educación formal e informal digital constituye una herramienta de desestructuración del sistema y un motor de transformación. Sin embargo, considera que existen grandes carencias en ambos aspectos lo que ha desembocado en una situación, según sus palabras, de “orfandad digital”.

Aun así, Estíbaliz Linares puntualiza que la adolescencia es sumamente plural y en sus discursos se encuentran identidades muy diversas, con ansias de explorar realidades alternativas y que escapan de las normas de género. Existe, por tanto, una gran esperanza de cambio y transformación de roles. Sin embargo, se han de seguir generando espacios coeducativos más sólidos y duraderos que no se limiten a un reducido número de sesiones y estén únicamente dirigidas al empoderamiento y fortalecimientos de nosotras sino también a la renuncia de privilegios de ellos.

La tesis concluye que la realidad cibernética es mucho más compleja ya que se encuentran tanto espacios trasformadores como sumamente machistas. Lo que quiere decir que las tecnologías por si solas no aseguran un espacio libre de sexismo.

 

Feminicidios y otros asesinatos de mujeres en España: 99 mujeres asesinadas en 2017

Desde 2010 fueron asesinadas 890 mujeres por hombres en España: según el registro de Feminicidio.net, el 86,4% (769 casos) fueron víctimas de feminicidios (por razones de género) aunque solo el 50,4% del total de casos se reconocieron como víctimas oficiales de violencia de género

España, año 2017: Noventa y nueve mujeres asesinadas por hombres. No son crímenes aislados aunque la Plataforma Feminicidio.net los haya clasificado en 10 tipos de feminicidios y otros asesinatos de mujeres. Noventa y nueve vidas arrebatadas por la violencia patriarcal y un espejo que nos refleja la expresión máxima de la desigualdad estructural de las mujeres.

De las 99 mujeres asesinadas en 2017, al menos 81 de ellas tenía algún vínculo o eran conocidas por sus asesinos. La mayoría de ellas, 53 mujeres (53,5%) fueron asesinadas por sus parejas o exparejas; mientras que hijos, padres, padrastros, hermanos, amigos y otros conocidos acabaron con la vida de otras 28 mujeres (siete niñas entre estas).

Feminicidio.net ha presentado la primera entrega del Avance de Informe de 2017. También reestrena base de datos, Geofeminicidio, la Máquina de la Memoria, en la que, ha registrado 901 mujeres asesinadas desde 2010. Se pueden consultar los datos estadísticos visualizados en mapas y gráficos de los casos, por CCAA, provincias y municipios; tipos de feminicidio, relación entre víctima y victimario, escenario del hallazgo de cadáver, etc.

La primera entrega del Avance de Informe de 2017 recopila 30 de los datos estadísticos más relevantes. Este es parte de una serie de 10 artículos que se publicarán a lo largo del mes de marzo.

El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) confirmó en febrero de este año que los ataques machistas fuera del marco de la pareja, que se perpetran contra la víctima por el hecho de ser mujer, serán considerados oficiales tras la aplicación del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, que responde a los compromisos internacionales contraídos por España en el Convenio de Estambul.

Feminicidio.net, observatorio independiente de la sociedad civil, lleva documentando los feminicidios y otros asesinatos de mujeres desde 2010 y su última publicación, un Avance de Informe de 2017, duplica las cifras oficiales de 49 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas con un total de 99 mujeres asesinadas (53 por parejas o exparejas) en 2017.

Con un resumen de 30 datos sobre los 99 casos, Feminicidio.net comienza un avance de datos que incluirá entregas durante todo el mes de marzo sobre los motivos y razones que llevan a los hombres a asesinar a las mujeres, perfiles de las víctimas y los victimarios, un análisis de la violencia sexual presente en los feminicidios y un análisis jurídico de las medidas de protección a las víctimas y la responsabilidad del Estado en prevenir este tipo de crímenes, entre otras.

Tasa de prevalencia (mujeres asesinadas por millón de mujeres habitantes): las CCAA a la cabeza en 2017 son Castilla-La Mancha (8,83), Islas Canarias (5,69) y Murcia (5,47). Los nueve casos conocidos en Castilla-La Mancha duplican la media estatal: (8,83, con respecto a las 4,38 de la media de España).

En 2017, la Comunidad de Madrid registra un aumento en el número de casos que alcanza el máximo histórico de la región desde 2010: 18 mujeres asesinadas frente a las 10 registradas en 2016, un 80% más en solo un año. También por municipios Madrid es el que más casos registra (10 mujeres asesinadas), más del doble que el segundo municipio con más casos en 2017, Barcelona (cuatro casos) y más del triple que Sevilla y Almería (tres casos en cada municipio).

Por meses, febrero es el que más casos registra en todo el año: 15 mujeres asesinadas (el 15,1% de los 99 casos del año). Desde entonces, se inició una tendencia a la baja que culminó con el segundo semestre del año con menos registros desde 2010.

Los feminicidios infantiles casi se duplicaron en 2017: de los cuatro casos conocidos en 2016, en 2017 se registraron siete menores asesinadas.

De media, los victimarios tenían 43 años, la misma edad que sus víctimas. Sin embargo, los autores de feminicidios íntimos tenían una media de 35,5 años, siete años y medio menos que la media entre los victimarios de los distintos tipos de feminicidio y asesinato, y 10 años y medio menos que sus víctimas. De media, la edad más elevada entre los victimarios se da en los feminicidios por prostitución (48,5 años).

Entre los actos violentos cometidos por los victimarios con sus víctimas, 26 víctimas de 2017 fueron acuchilladas o apuñaladas y otras 14 degolladas. Otras 19 mujeres murieron a causa de los golpes y 16 fueron asfixiadas o estranguladas.

Una de cada 10 víctimas de 2017 denunció a su victimario (10,2%) y una más retiró la denuncia. Ocho mujeres pidieron medidas de protección, siete la obtuvieron y seis de estas fueron asesinadas con una orden de protección en vigor cuyo riesgo fue considerado alto solo en un caso, mientras que otros tres fueron valorados con riesgo medio, uno riesgo bajo y un último caso no tuvo Valoración Policial de Riesgo (VPR).

Fuente: Feminicidio.net y AmecoPress

El número de denuncias por violencia de género aumentó en 2017

Durante el año 2017, los juzgados españoles recibieron un total de 166.620 denuncias por violencia de género, lo que supone un incremento de 16,4 puntos respecto de 2016, cuando las denuncias fueron 142.893. Las mujeres víctimas de violencia machista fueron 158.217 (incremento del 17,7 por ciento), de las que eran extranjeras 48.110, un 30,4 por ciento.

El Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género ha hecho pública los datos más relevantes de la estadística del año 2017. Entre ellos destacan el aumento interanual en las denuncias presentadas por violencia de género en los órganos judiciales, alcanzándose un máximo histórico anual, y el descenso de más de dos puntos en el porcentaje de casos en el que la víctima se acogió a la dispensa de la obligación legal de declarar.

Asimismo, destacan otros datos significativos como el aumento de algo más de un punto en las condenas a maltratadores y el incremento de 3,4 puntos en la adopción de órdenes de protección, incluidas las medidas judiciales penales de protección de las victimas (tanto de mujeres como de sus hijas e hijos) entre las que sobresalen las órdenes de alejamiento y las prohibiciones de comunicación acordadas.

Las denuncias por violencia machista registran un nivel histórico en 2017

La cifra de denuncias presentadas en 2017 se convierte en la más alta desde que se contabilizan estos datos, superando la cifra de denuncias presentadas en 2008 y en 2016, años en los que se produjeron más de 142.000 denuncias. “Los datos estadísticos correspondientes al año 2017 nos indican, de manera fehaciente, un importante aumento de denuncias presentadas en los órganos judiciales, lo que nos sitúa por un lado en un escenario en el que es positivo que afloren todas las conductas violentas hacia la mujer y hacia los menores y, por otro, es evidente que nos sacude internamente pues estamos hablando de cifras inasumibles, impropias de una sociedad madura y civilizada”, ha expuesto la presidenta del Observatorio, Ángeles Carmona.

El mapa refleja la tasa de mujeres víctimas de violencia de género por cada 10.000 mujeres, donde la más elevada a nivel nacional la registró Baleares, con 95,6 víctimas de violencia, seguida de Murcia con una ratio de 87,8.

En el conjunto autonómico el censo de víctimas de violencia asciende a más de 20.000 mujeres, en concreto 21.300 mujeres valencianas aparecen como víctimas de violencia, lo que supone un incremento del 18,4% respecto al año anterior. De hecho, la Comunidad Valenciana se sitúa en la tercera del país en mujeres víctima de violencia por cada 10.000 mujeres, con una tasa del 85,2, tasa que se rebaja al 58,2 en el caso de la provincia de Castellón.

Algo más de un 69 por ciento de las denuncias presentadas lo fueron por la propia víctima, directamente en el juzgado o a través de atestados policiales. Las denuncias por intervención directa de la policía se sitúan en algo más del 15 por ciento de los casos. Los partes de lesiones recibidos directamente en el juzgado representaron algo más del nueve por ciento de las denuncias.

En cuanto a las denuncias recibidas tan sólo 5 fueron presentadas en el juzgado por la propia víctima, mientras que otras cinco se presentaron por los familiares de la víctima. El grueso de las denuncias por violencia de género tiene su origen en atestados policiales, donde se incluyen las denuncias presentadas tanto por la víctima, por los familiares de la misma o por intervención directa, alcanzando de esta manera las 1.297 denuncias.

Subrayar también el menor número de renuncias contabilizado en 2017 respecto al año anterior. De esta manera si en 2016 renunciaron 391 mujeres durante el año pasado las renuncias disminuyeron hasta 225, es decir se rebajaron un 42%, lo que denota que son cada vez más las mujeres que tras cursarse la denuncia por violencia de género siguen el proceso judicial pertinente. Del total de renuncias 166 fueron de féminas españolas y 59 de mujeres extranjeras.

Destacar también que 335 causas se abrieron a partir de partes de lesiones presentadas directamente en el juzgado, mientras que 19 fueron de servicios de asistencia o terceros.

Aumentan las órdenes de protección

Durante 2017 se solicitaron 44.106 órdenes de protección en los órganos judiciales. Un total de 38.501 órdenes de protección (que incluyen medidas de protección y seguridad de las víctimas) fueron solicitadas en los juzgados de violencia sobre la mujer y otras 5.605 lo fueron en los juzgados de guardia.

Por otra parte, un 68 por ciento de las órdenes de protección solicitadas fueron adoptadas —26.044—, lo que supone 3,4 puntos por encima del año anterior. En los juzgados de guardia, se acordaron 4.116 órdenes de protección, dato que representa el 73 por ciento del total de las solicitadas, habiendo sido denegadas 1.488.

Un 29 por ciento de las mujeres víctimas que solicitaron orden de protección en los juzgados de violencia sobre la mujer fueron extranjeras y un 2 por ciento del total eran menores de edad en el momento de la solicitud, porcentajes que coinciden con los del año anterior.

Incremento en sentencias condenatorias

En 2017 volvió a incrementarse el porcentaje de sentencias condenatorias dictadas por los órganos judiciales españoles en procesos relativos a violencia de género. Frente al 62,6 por ciento de condenas que se produjeron en 2015, y el 66,2 por ciento de 2016, en el pasado año el porcentaje se ha situado en el 67,4 por ciento.

Los datos estadísticos del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del CGPJ reflejan que en el total del año, las sentencias dictadas fueron 49.165, de las que 33.146 fueron condenas y 16.019, absoluciones.

El mayor porcentaje de condenas a maltratadores se produjo en los juzgados de violencia sobre la mujer, con algo más del 84 por ciento (incremento interanual de dos puntos) y en las Audiencias Provinciales, con más de un 80 por ciento. El porcentaje de condenas en los juzgados de lo penal también se incrementó y se situó en el 55,7 cuando en el año anterior se había producido un 54,9 por ciento de sentencias condenatorias.

En cuanto a los juzgados de violencia sobre la mujer celebraron el pasado año un total de 8.407 juicios sobre delitos leves o faltas, de los que 3.421 fueron juicios de enjuiciamiento inmediato. En el 81 por ciento de los casos, los juicios fueron por vejaciones injustas o injurias. Además, estos juzgados ingresaron a lo largo del año un total de 206.244 asuntos penales. El perfil de los delitos instruidos en estos juzgados apenas sufre variación respecto a datos anteriores, ya que el mayor porcentaje, un 56 por ciento, corresponde a las lesiones previstas en el art. 153 del Código Penal y un 11,5 por ciento al de lesiones previsto en el art. 173 de la misma norma.

Un total de 19.890 sentencias penales fueron dictadas en 2017 por los juzgados de violencia sobre la mujer, de las que un 84,2 por ciento (16.741) fueron condenas, suponiendo un incremento de dos puntos respecto del año anterior.

Alerta por el aumento de menores enjuiciados

Otro dato destacable del balance de 2017 es que los juzgados de menores enjuiciaron en 2017 por delitos en el ámbito de la violencia contra la mujer a 266 menores de edad mientras que el año anterior esta cifra fue de 179, lo que representa un aumento del 48,6 por ciento. En total, se impusieron medidas en 249 casos, 210 relativos a menores españoles y 39, a menores extranjeros. “Los datos de este pasado año nos alertan, sin embargo, de que sigue creciendo no sólo el número de víctimas sino también el de menores enjuiciados por la comisión de delitos de violencia de género. Como presidenta del Observatorio me preocupa que persistan todavía actitudes de violencia machista en nuestros jóvenes, que debieran ejemplificar mejor que cualquier otro segmento social los valores de igualdad, respeto y libertad”, ha afirmado la presidenta del observatorio.

Por otro lado, los juzgados de violencia ingresaron a lo largo del año un total de 206.244 asuntos penales. El perfil de los delitos instruidos en estos juzgados apenas sufre variación respecto a datos anteriores, ya que el mayor porcentaje, un 56 por ciento, corresponde a delito de lesiones.

La Presidenta del Observatorio ha querido finalizar abriendo una puerta a la esperanza, “Desde el Observatorio confiamos en que los efectos se dejen de sentir cuanto antes en la prevención, protección , y asistencia a las víctimas, en definitiva sirvan de soporte para la erradicación definitiva de la violencia de género”, ha declarado.

Foto archivo cedida por el Observatorio Contra la Violencia Doméstica y de Género
Fuente: AmecoPress

 

Jueces y abogados llevan a jóvenes a ver juicios para educarlos en igualdad.

Más de 400 alumnos de Bachillerato de Oviedo participan en un proyecto contra la discriminación de la mujer que incluye representar una vista oral

La justicia en igualdad llega a las aulas asturianas de la mano de jueces y abogados. Unos 400 alumnos de Primero de Bachiller de institutos ovetenses han participado ya en el proyecto “Educando en justicia igualitaria”, que finalizará con la asistencia de alumnos a juicios reales que les servirán de modelo para que después ellos mismos representen una vista oral. El proyecto piloto que se desarrolla este curso en Oviedo, se quiere extender al conjunto de la región.

La idea partió del Colegio de Abogados de Oviedo, adscrito al Pacto Social contra la Violencia sobre las Mujeres del Principado, lo que implica el desarrollo de distintas actividades organizadas por las organizaciones que lo suscriban para avanzar en la lucha por la igualdad.

La idea original es de la Asociación de Mujeres Juezas de España (AMJE), que preside Gloria Poyatos y que presentó el año pasado en Asturias. La responsable de Igualdad en el Colegio de Abogados de Oviedo, María Martín, cogió el testigo para ponerlo en marcha en colaboración con los jueces y fiscales asturianos y la Consejería de Educación. “La idea es que el alumnado de Primero de Bachiller tenga acceso a la igualdad, a la perspectiva de género y a la lucha contra la violencia pero acercando a los jóvenes a la Justicia, que pese a ser clave en un sistema democrático, es ajena al alumnado”, explicó María Martín.

El proyecto consta de tres fases. La primera consiste en que cinco equipos multidisciplinares, en el que participan jueces, abogados y fiscales, entre otros, se desplazan a los centros educativos para explicar a los jóvenes qué es la justicia igualitaria. Después, los alumnos elaboran unos proyectos que son analizados y seleccionados por los equipos educativos. En este caso, de los 400 alumnos que escucharon en la charla, unos 130 se han animado a elaborar sus proyectos.

La segunda fase consiste en que los alumnos devolverán la visita a los juzgados, asistiendo a juicios reales. La jueza decana de Oviedo, Pilar Martínez Ceyanes, explicó que “acudirán a vistas penales por maltrato, o trata de blancas, o por brecha salarial… todo lo que esté relacionado con la justicia igualitaria”. La tercera y última fase consistirá en que los alumnos tendrán que representar un juicio real.

“Es un proyecto muy ilusionante para los jueces, porque la Administración de Justicia es una de las grandes desconocidas y quien la conoce la valora mucho mejor que aquel que la desconoce”, explicó Pilar Martínez Ceyanes. “Hay programas y series de televisión que más que acercar la Justicia a la sociedad provoca que la alejen. Por eso es tan importante que los jóvenes vean juicios reales”, explicó la jueza decana de Oviedo.

Lucía Gutiérrez y Almudena López, ambas de la Consejería de Educación y Cultura, expresaron el interés que el proyecto había suscito en la administración regional y la excelente receptividad que habían encontrado entre el profesorado. De esa parte se encargó María Teresa Alonso, del Centro de Profesorado y Recursos de Oviedo (CPR), quien indicó que “los profesores se involucraron fácilmente porque están acostumbrados a trabajar con proyectos y están muy implicados en la lucha por la igualdad”.

Fuente: “La Nueva España”. Marián Martinez. Revisado 11.2.18

 

Hay maltratos que no dejan heridas en la piel, sino en el alma.

Hay maltratos que no dejan huellas físicas pero sí emocionales, abriendo heridas difíciles de cicatrizar y curar. Situaciones protagonizadas por el dominio de una persona sobre otra donde el desprecio, la ignorancia o la crítica son los principales elementos de una relación.

Una palabra, un gesto o simplemente un silencio pueden ser suficientes para lanzar una daga directa a nuestro corazón. Un corazón que va debilitándose poco a poco, quedando anestesiado ante cualquier posibilidad de sublevación, porque el miedo y la culpa han sido instaurados.

El maltrato emocional es un proceso de destrucción psicológico en el que la fortaleza emocional de una persona queda completamente vulnerada.

Seducir para atrapar

El maltrato emocional es una realidad muy presente en nuestras días que no entiende de edad, sexo o estatus social. Ya sea en la pareja como en la familia o incluso a nivel laboral, todos podemos ser víctimas de esta situación en cualquier momento de nuestras vidas.

Lo peligroso de los maltratos de este tipo son sus consecuencias y su habilidad para pasar desapercibido. El maltrato emocional es un proceso silencioso que, cuando da la cara, ya ha pasado mucho tiempo desde que se originó, teniendo consecuencias devastadoras para la persona que ha sido víctima.

Su inicio es lento y silencioso, ejercido por una persona disfrazada de encanto con el objetivo de seducir a sus víctimas para atraparlas, sobre todo en las relaciones de pareja. De esta manera, la realidad que el maltrador muestra es una realidad falseada, llena de promesas y deseos que nunca se harán realidad.

El maltratador va preparando el terreno para que la otra persona caiga en sus riendas poco a poco y lograr finalmente influenciarla para dominarla y privarla de cualquier libertad posible.

El poder de la cárcel mental

El abuso emocional es un potente veneno que destruye la identidad de la persona, arrebatándole su fortaleza emocional. Se da de manera indirecta, a través de las reja agujereadas, que dejan pasar a las insinuaciones que buscan culpar e instalar la duda en las víctimas.

La persona víctima de maltrato emocional se encuentra atrapada en una cárcel mental de invalidez e inseguridad en la que su autoestima se va debilitando poco a poco.

Así, cuando la víctima ya ha sido atrapada, el maltratador comienza a destaparse ante ella a través de los desprecios, las críticas, los insultos o incluso los silencios. Por eso, las huellas de estos maltratos no son físicas y no hay heridas visibles en la piel de la víctima, porque el maltrato emocional se ejerce a través de las palabras, de los silencios o los gestos.

Tanto es el daño que se ejerce en estas situaciones que el miedo a actuar para liberarse se ve en muchos casos como un imposible. La cárcel mental es tan sólida que la víctima entra en una profunda situación de indefensióna la que no imagina salida.

Las heridas invisibles en el alma

Las heridas del maltrato emocional son llagas profundas que llegan hasta lo más recóndito del interior de la víctima. No se ven ni se oyen, pero son terriblemente sentidas por la persona que las sufre. Heridas ocultas para los demás, pero profundamente dolorosas para la persona que lo sufre.

Las heridas del maltrato emocional crean un profundo agujero en la autoestima de la persona rompiendo toda valoración positiva de sí misma.

Son heridas originadas a través de los desprecios, descalificaciones y ninguneos que el maltratador ha dirigido a la víctima. Heridas invisibles y enraizadas en el miedo, la culpabilidad y la duda que arrebatan la creencia de cualquier posibilidad de actuar para liberarse de la situación en la que la víctima se encuentra.

Estas heridas sangran no solo en cada encuentro, sino también ante la expectativa de que puedan ocurrir. Lo importante es que la persona no dé por perdida la posibilidad de salir de la situación en la que se encuentra y que tenga en cuenta que estas heridas pueden repararse con ayuda. 

¿Cómo reparar las marcas del maltrato emocional en el alma?

En estos casos, el factor más importante es que la persona víctima pueda identificar la situación en la que se encuentra atrapada, donde carga con toda la responsabilidad y culpabilidad que el maltratador le ha inducido. Por lo tanto, tomar conciencia de que nos encontramos en un proceso de maltrato emocional es el primer paso para poder liberarnos.

Una vez que sepamos donde nos encontramos inmersos, recuperar a nuestros seres queridos y apoyarnos en ellos para que puedan facilitarnos la salida de esta situación contribuirá a que sigamos adelante. Poco a poco, con sus gestos de amor y cariño, pueden ir llenando algunos de los vacíos que en nuestro interior se han originado.

Además, buscar ayuda de un profesional especializado nos facilitará comenzar a reconstruir nuestra identidad y autoestima, para reparar todas esas heridas emocionales invisibles que habitan en nuestro interior. Así podremos volver a reencontrarnos con nosotros mismos.

Reparar las marcas del maltrato emocional en nuestra alma no será un proceso sencillo y rápido, sino más bien complejo y lento. Sin embargo, la satisfacción de volver a encontrarnos siempre merecerá la pena.

Por último, no olvidemos que cada uno de nosotros/as también podemos llegar a originar heridas en el alma de los demás cuando despreciamos, ignoramos o criticamos sin tener que llegar a situaciones de maltrato emocional. Las palabras y nuestros gestos son un arma de doble filo que hay que cuidar…

Cómo identificar a un depredador emocional

Fuente: Gema Sánchez Cuevas, Psicóloga. Revisado 12.2.18