QUE ES EL LENGUAJE INCLUYENTE Y POR QUÉ ES IMPORTANTE QUE LO USES

Qué es el lenguaje incluyente y por qué es importante que lo uses?

Muchas formas de lenguaje y expresiones que abundan en nuestro vocabulario construyen y refuerzan estereotipos de género que conducen a la violencia contra las mujeres. Por eso aquí te decimos cómo evitarlas.

El lenguaje es una expresión de nuestro pensamiento, un reflejo de los usos y costumbres de una sociedad y cultura determinadas.  Por ello, por mucho tiempo el lenguaje ha sido también fuente de violencia simbólica, una herramienta más a través de la cual se ha naturalizado la discriminación y la desigualdad que históricamente ha existido entre mujeres y hombres, las cuales tienen su origen en los roles y estereotipos de género que limitan y encasillan a las personas partiendo de sus diferencias sexuales y biológicas.

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Dado que por mucho tiempo la sociedad justificó las relaciones desiguales entre mujeres y hombres –confinando a las mujeres a las actividades del hogar, la atención de las hijas e hijos y al rol reproductivo y de cuidados— no es de extrañar que el lenguaje que por años hemos utilizado esté caracterizado por expresiones sexistas y excluyentes que han invisibilizado la presencia de la mujer y, especialmente, su participación en muchos de los ámbitos públicos en que hoy son también grandes protagonistas.

De esta problemática – y del impacto de inevitablemente tiene el uso de lenguaje en nuestro desarrollo como sociedad— es que surgió el lenguaje incluyente, el cual establece nuevas reglas que se adaptan a una sociedad igualitaria y que fomentan una cultura del respeto y la no violencia hacia las mujeres.

¿Por qué es importante utilizar el lenguaje incluyente?

En esencia, muchas formas de lenguaje y expresiones sexistas que abundan en nuestro vocabulario — las cuales han pasado de generación en generación perpetuando patrones de comportamiento— construyen estereotipos de género, asociando a las personas con roles y expectativas sociales entorno a lo que deben ser/hacer las mujeres y los hombres.

De esta forma, el lenguaje sexista o excluyente ha reforzado la idea errónea de que las mujeres tienen un papel de inferioridad o subordinación con respecto al hombre.

Estas formas sutiles de desvalorización de la mujer en el lenguaje son las que, en el inconsciente colectivo, se suman a las muchas formas que contribuyen a reforzar la desigualdad y, en el peor de los casos, a justificar la violencia ejercida hacia las mujeres.

Por ello, te invitamos a descargar nuestro manual para el uso de un lenguaje incluyente y con perspectiva de género.

Guía rápida para el uso del lenguaje incluyente y no sexista

A continuación te dejamos 9 formas en que puedes utilizar el lenguaje incluyente en tu vida diaria.

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Fuente: (http://www.gob.mx/conavim/articulos/que-es-el-lenguaje-incluyente-y-por-que-es-importante-que-lo-uses?idiom=es) revisado 20-02-16.

DESCONSTRUYENDO EL AMOR ROMÁNTICO

Compartimos este articulo publicado por el Proyecto Khalo. Nos viene bien en estos días que hablamos del famoso San Valetín.

Deconstruyendo el Amor Romántico

Ilustración: Estrella


Hemos crecido con Princelandia: jóvenes sensibles y delicadas que esperan a que su príncipe las rescate; novelas y telenovelas con grandes dramas pasionales; canciones y películas románticas que forman parte del imaginario colectivo, en las que el amor es una fuerza que todo lo supera, que el amor lo vale todo y que sin amor no somos nada. Lo verás cursi, pero son ideas que han calado muy hondo.

Definamos qué es Amor, o más bien, qué nos han enseñado sobre el amor: ¿Amor es dependencia; amor es abnegación; amor es sufrimiento? Definitivamente no. El significado del amor es cultural, algo construido y aprendido a través de diferentes medios; de la educación de nuestros padres, de nuestras amistades, de la religión imperante, de las películas, de los libros, etc. Todo este aprendizaje tiene un marco macro que es la sociedad patriarcal en la que nos ha tocado vivir.

¿Y si buscamos en la Real Academia Española los significados de Amor? :
1. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
3. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.

Si se une lo subrayado en las 3 definiciones, queda algo así: AMOR, sentimiento que partiendo de nuestra propia insuficiencia, nos completa y entrega a alguien. Aunque de manera algo selectiva, ¿estas definiciones no nos llevan a pensar en un sentimiento de subordinación y de dependencia? ¡Hasta la R.A.E. nos traiciona!

Abramos el objetivo
Eso que hemos aprendido de que amor es entrega, dependencia y abnegación, es simplemente eso; entrega, dependencia y abnegación. Pero de amor nada. No usemos el término a la ligera, no confundamos, desaprendamos.

Desaprendamos
Es difícil vaciar la mochila que llevamos a la espalda, llena de ideas no propias y acumuladas durante nuestra vida, ideas impregnadas de creencias irracionales. El haber aprendido un concepto erróneo sobre el amor nos puede traer muchos problemas en nuestras relaciones, especialmente en la adolescencia cuando somos más vulnerables. De hecho, muchxs de nosotrxs hemos reproducido modelos de relaciones amorosas nada saludables que incluyen tolerancia a los celos, y al control y entrega total. Hemos asumido que amor y celos, amor y control, amor y subordinación… Pueden ir de la mano, que el amor para que sea pasional, debe ser así.

Definir el amor puede ser tarea compleja, pero podemos empezar por descartar lo que no entra en la definición: el machismo. No entra el maltrato, ni físico, ni psicológico, el cual sigue tristemente vigente por mucha más conciencia social que haya. No entra el machismo más criticado, como puede ser el no compartir las tareas domésticas y de cuidado, ni tampoco el machismo más sutil, los llamados micromachismos .
Pasar de un plano a otro no es tan difícil como se cree, la idealización del amor que tenemos en la cabeza asume este tipo de abuso y es el germen de la violencia de género.

Avanzar hacia la igualdad y erradicar la violencia de género incluye acabar con creencias e ideas erróneas sobre el amor: no somos la mitad de nadie, no nos hace falta el amor para sentirnos completxs y desarrollarnos, esto genera una idea de dependencia, el mito de la media naranja.

Aunque se haya avanzado en igualdad, el machismo es estructural, está muy asentado y va cambiando de forma para no parecerlo, camuflarse y así mantenerse; no se manifiesta (tanto) públicamente, se ejerce sobre todo de puertas para adentro, en la intimidad de las relaciones de pareja. ¿Quién se atreve a declararse machista hoy en día?

Aprendamos

El amor implica una gran responsabilidad hacia ti mismx y hacia los demás, se mezclan conceptos interrelacionados como son la atención, el cuidado, el respeto mutuo, la admiración, la confianza, el afecto, el crecimiento personal, el placer… La suma de ellos y no por separado podría entrar en una definición sobre el amor.

Bell Hooks, feminista afroamericana, en su obra La Claridad del Amor, nos muestra que amar debe ser una acción y no un sentimiento, y ello nos lleva a tomar una responsabilidad, implica una voluntad, no define el amor como algo instintivo o involuntario. El amor implica elección de amar. Hooks se hace eco de la definición de amor de otro autor S. Peck que refleja la idea de amor similar:<<La voluntad de extender nuestro yo con el propósito de alimentar el crecimiento espiritual propio y el de otra persona. El amor es lo que el amor hace, es un acto de voluntad. La voluntad implica elegir. No estamos obligados a amar. Elegimos amar… >>

Simone de Beauvoir, autora de referencia nos dice:” el amor auténtico debería basarse en el reconocimiento recíproco de dos libertades, cada uno de los amantes se viviría como sí mismo y como otro; ninguno renunciaría a su transcendencia, ninguno se mutilaría, ambos desvelarían juntos unos valores y unos fines”. (El segundo sexo)
Amar no es un proyecto de vida, puede ser una parte importante de nuestro trayecto, un vehículo hacia el autoconocimiento y hacia nuestro desarrollo pero no un fin en sí mismo.

El mito de amor romántico nos ha dejado muchos mensajes con los que todavía convivimos y que anula esta capacidad de elegir, de querer desde la voluntad como seres completos; aumentando nuestras capacidades y no mermándolas, nutriéndonos de una relación saludable desde el respeto y la admiración mutua… En definitiva, aprender a amar, quererse a una misma y ser más libres.

Shaila Monasor (34), Alicante.
verdeyvioleta.wordpress.com

Bell Hooks. (2000) Claridad: dar palabras al amor. The Women’s Press, Londres, pp. 3-14
Peck, S. M. (1996). Un camino sin huellas: la nueva psicología del amor. Madrid: Salamandra
Beauvoir, S. (1969). El segundo sexo. Buenos Aires, Siglo Veinte

Fuente: Proyecto Khalo (http://www.proyecto-kahlo.com/2016/01/deconstruyendo-el-amor-romantico/) revisado el 14-02-17.

 

“MASCULINISMO”

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 Miguel Lorente nos habla sobre como el machismo va adaptándose a los nuevos tiempos pero sin cambiar su ideología de poder y privilegios:cambia para seguir igual .

“Masculinismo”

Si el machismo defiende al macho, el “masculinismo” defiende lo masculino como referencia identitaria de los hombres, es decir, defiende al machismo, que es lo que define y ha definido históricamente la identidad de los hombres bajo la referencia de la cultura patriarcal que ellos crearon, para que “lo masculino” fuera el modelo universal de toda la sociedad y “lo femenino” quedara reducido a los ámbitos de lo doméstico y supeditado a lo de los hombres.

Pero el machismo es mutante en sus formas para adaptarse a cada momento histórico sin renunciar a sus posiciones de poder y privilegios, de ahí su estrategia de “cambiar para seguir igual” que le ha permitido adaptarse sin transformarse, y luego hacer creer con su influencia que los cambios adaptativos en verdad eran transformadores de su identidad. La estrategia actual del machismo es el posmachismo, ese intento de revestir de neutralidad sus exigencias y planteamientos para generar la confusión necesaria que lleve a la duda, a la pasividad y a que todo siga igual. Y el posmachismo sabe que la batalla del lenguaje es clave para afianzar posiciones y definir realidades, por eso su interés desde el principio de contrarrestar el feminismo diciendo que era lo mismo que el machismo. Cuando fracasaron en esa burda comparación inventaron la palabra “hembrismo” para que la etimología no fuera obstáculo en la crítica de las propuestas a favor de la Igualdad que se hacían desde el feminismo, y al mismo tiempo la acompañaron de palabras como “feminazi” y “mangina” para que la crítica no se quedara en las ideas y llegara a las personas que las proponían. Pero como han comprobado que el discurso “machismo” versus “hembrismo” se presenta como conflictivo y cargado de agresividad y violencia por su parte, algo que refleja su machismo latente, han dado un paso más en busca del camuflaje de la neutralidad a través del lenguaje y ahora hablan de “masculinismo”, el cual aparece con “Ph neutro” y comparable en sentido al concepto de “feminismo”. De este modo, aunque sus palabras cargadas de ataques contra la Igualdad son las mismas su imagen es diferente, y se presentan como más proactivas en busca de esa “igualdad real” que suponga dirigir las mismas acciones para hombres y mujeres y, de ese modo, mantener la desigualdad existente sin entrar en el significado histórico que ha dado origen a la misma.

El “masculinismo”, tal y como se aprecia en las redes sociales en palabras de sus “porta a voces”, porque hablan a base de ataques y cargados de agresividad, no reivindica la Igualdad, aunque habla de ella para que la Igualdad sea lo que ellos decidan que debe ser la Igualdad. Es lo que han hecho los hombres a lo largo de toda la historia al tutelar a las mujeres y lo de las mujeres, y que ahora pretenden seguir haciendo en lo social y en lo individual, como cuando el marido dice en nombre de la libertad y de su igualdad, “yo dejo que mi mujer haga lo que quiera”.

La propia estrategia del “masculinismo” demuestra el fracaso de la posición machista en la sociedad, a pesar de que aún mantienen mucho poder y toda la violencia para hacer daño, pero como en verdad van perdiendo espacio. Ahora necesitan exhibir su machismo y elegir presidentes como Donald Trump y contar con columnistas y locutores que se hagan eco de sus palabras, para que la parte nostálgica de la sociedad se de cuenta de que ellos y su machismo siguen presentes en una nueva realidad cada vez más crítica con la desigualdad y el machismo.

El error del machismo y de su “masculinismo” es no ver que el feminismo defiende la Igualdad, no a las mujeres contra los hombres, sino la Igualdad sobre la injusticia histórica que ha creado la desigualdad, y con ella la discriminación, el abuso, la violencia… que las han apartado de las posiciones donde deberían haber estado para que la convivencia y las relaciones se construyeran y desarrollaran con las aportaciones de hombres y mujeres. Por ello el feminismo parte de la visión crítica de las mujeres y reivindica su presencia y protagonismo, porque los hombres nunca se han preocupado de hacerlo en los miles de años que llevan dirigiendo la sociedad desde sus posiciones de poder. El resultado final, por tanto, será la Igualdad para toda la sociedad, y ello exige corregir la desigualdad en quien la sufre, o sea, en las mujeres.

El “masculinismo” es “lo de los hombres”, “para los hombres”, “desde los hombres” y “con los hombres”, por eso recurren a los mismos argumentos de las denuncias falsas en violencia de género, a que las mujeres también son violentas, a la custodia compartida impuesta con independencia de las circunstancias de la relación de pareja, a que las mujeres son malas y perversas y alienan a sus hijos e hijas contra los padres a través del SAP… es decir, las mismas razones del machismo y las mismas que el posmachismo maquilla, pero ahora como si sugieran de un planteamiento reflexivo nacido del “ataque” que la Igualdad y sus medidas suponen contra los hombres y su masculinidad.

El “masculinismo” es la plasmación social de una de las estrategias que más utiliza el posmachismo al presentar a los hombres como víctimas de las mujeres y de la situación social: víctimas de denuncias falsas, de suicidios, de mayor tasa de accidentes de tráfico y laborales, de menor vida media… El “masculinismo” es la elevación a lo social del “hombre víctima de la Igualdad”, bien por acción o por desconsideración, y por lo tanto, se presenta como “victimismo masculino” para fijar la atención sobre los hombres sin cambiar nada en los hombres.

Y es cierto que los hombres tienen muchos problemas, nunca ni nadie los ha ocultado ni cuestionado, pero la solución está en la Igualdad, no en más desigualdad. O lo que es lo mismo, la respuesta es el feminismo, no el “masculinismo”.

Fuente: Miguel Lorente. Autopsia (https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2017/01/28/masculinismo/) revisado el 12-02-17

EL ES UN SEMENTAL, ELLA UNA ZORRA, ¿POR QUÉ PERPETUAMOS ESTEREOTIPOS?

Este articulo nos habla de que como los estereotipos respecto a los hombres y las mujeres se siguen manteniendo.

Él es un semental, ella una zorra, ¿por qué perpetuamos estereotipos?

Marian Benito

30-01-17

El zorro, además de nocturno, es un animal muy astuto. Zorra, sin embargo, se aplica a la mujer fácil sexualmente y promiscua. Cuando es el hombre el que muestra alegría en lo tocante a sus costumbres sexuales se le llama “machote”. Pero si escuchamos machota nos viene a la cabeza la imagen de una mujer con aspecto viril y vestimenta masculina. De nuevo, el tópico despectivo se lo llevan ellas, mientras que a ellos se les mide su valía según su frecuencia sexual. La escritora y columnista Jessica Valenti lo resume con uno de sus títulos: “Él es un semental, ella una zorra”.

Nuestro lenguaje cotidiano está lleno de sexismo inconsciente que perpetúa la discriminación y las relaciones de desigualdad. Las anteriores son solo algunas de las expresiones que escuchan continuamente nuestros hijos justo en la época en que, según la psicóloga y sexóloga Georgina Burgos, su sexualidad brota fuerte y debe formarse su personalidad erótica construyendo relaciones, deseos y respetos.

¿No deberíamos revisar los mensajes que transmitimos a los adolescentes? La sexóloga considera que el cambio debería empezar por las actitudes. “El lenguaje es una expresión del pensamiento. Por eso el cambio interior debería ir por delante de nuestras formas de hablar”.

El estudio ‘Jóvenes por la Igualdad’, elaborado por el Gobierno de Canarias, califica de micromachismos esos gestos y mensajes con los que educamos a los adolescentes, permitiendo que al hombre se le evalúe por el sexo que tiene y a la mujer por el sexo que no tiene dejándola, en muchas ocasiones, en clara desventaja. “Muchas veces son ideas soterradas que han echado raíz en forma de hábitos, comportamientos o frases hechas, pero forman un buen caldo de cultivo para muchas formas de violencia de género o de intentos de doblegar a la mujer”. Burgos alerta sobre las consecuencias negativas de nuestro sexismo cotidiano en las futuras relaciones de pareja de los adolescentes y en el modo de vivir su sexualidad.

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Conviene, por ello, repasar y reconsiderar algunas de estas señales:

  1. Las adolescentes y jóvenes reciben mensajes contradictorios. “Por una parte, se ensalza la belleza femenina, el cuidado de su figura y de su atractivo o su capacidad de seducir, pero luego se la juzga en función de cómo use su cuerpo. Se la educa en valores y sin embargo el modo de juzgar su moralidad tiene poco que ver con esos valores como integridad ética, equilibrio emocional, bondad, etc.
  2. Usamos expresiones que denotan privilegios en función del sexo. ¿Cuántas veces hemos escuchado “Las damas primero”? “Nuestras buenas costumbres no deberían tener sexo”, advierte Burgos. Los hombres no deberían cubrir su actitud protectora con una falsa caballerosidad. ¿O por qué algunos sitios son gratis para las chicas? En uno de sus ensayos, la filósofa Mariam Martínez-Bascuñán, lo interpreta así: “Es el reconocimiento puro de que se asume que la mujer es un objeto decorativo y además se la considera un privilegio. Es una expresión más de la desigualdad de género”.
  3. En determinados contextos, las niñas siguen creciendo con la idea del príncipe azul, ese hombre especial que le hará sentirse segura y querida. “Este concepto de la dependencia para forjar su autoestima lleva a tolerar actitudes perjudiciales y le impedirá ver qué puede estar pasando”, matiza Georgina. El informe ‘Jóvenes por la Igualdad’ insiste en la necesidad de una educación sexual en la que las jóvenes aprendan a reconocer los sentimientos de amor y a emprender relaciones igualitarias.
  4. En lugar de seguir esta advertencia, la realidad muestra que a menudo arrojamos con las palabras todos los mitos del amor imperantes en nuestra cultura. “El enamoramiento, la relación de pareja o el matrimonio siguen siendo el eje en torno al cual gira de modo completo o casi completo la vida de muchas mujeres. Hasta el punto de que sin él la vida carece de sentido”, dice el informe. Y pone como ejemplo la literatura dirigida a mujeres y el cine, con historias en las que la otra persona se convierte en lo fundamental de la existencia femenina. La mujer protagoniza experiencias muy intensas de felicidad o de sufrimiento. Para el hombre, sin embargo, lo prioritario son sus logros sociales o profesionales.
  5. Todo en nombre del amor. El estereotipo de mujer que perdona y justifica todo en nombre del amor se repite de unas generaciones a otras. Georgina Burgos nos recuerda que, en las encuestas, las adolescentes siguen admitiendo los celos porque son una muestra de cariño. “Con ellos se disculpa un comportamiento egoísta, inaceptable, dominante y a veces hasta violento. Son modelos de conducta irracionales y absurdos que generan desengaños, frustraciones y fracaso”

Fuente: Marian Benito, El Mundo, revisado del 05-02-16

El año que aprendimos sobre feminismo leyendo las vidas de mujeres fuertes y sabias

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Al parecer 2016 ha sido un año fructífero para algunas mujeres que se atrevieron a contar sus historias, ellas se animaron a escribir desde su experiencia. Por ello, les dejamos este artículo que habla de esas brillantes publicaciones. Si aún no te has comprado tu regalo por Reyes aprovecha para hacerlo.

El año que aprendimos sobre feminismo leyendo las vidas de mujeres fuertes y sabias

Mi vida en la carretera, Solterona, Manual para mujeres de la limpieza, Tú no eres como otras madres... 2016 fue el año de las mujeres que se atrevieron a contar su historia

“Escribir sobre tu memoria es una forma de tomar el control de tu vida”, afirma Carmen G. de la Cueva, autora de Mamá quiero ser feminista

Decía Gloria Steinem en Revolución desde dentro, su manual sobre la autoestima, que había sido precisamente escuchar y hablar con otras mujeres, a veces mayores y más sabias que ella, lo que le había salvado en numerosas ocasiones. Steinem ha publicado en España en 2016  Mi vida en la carretera, joya del feminismo interseccional injustamente olvidada en muchas de las listas de balance del año.

Kate Bolick, la otra estadounidense que llegó para rompernos los esquemas (y para hacernos leer orgullosas en el metro un libro en cuya portada pone Solterona), encontró en la escritura de “biografías de muertas” una de las maneras con las que construir la vida propia, y también el hilo con el que narrárnosla. Angelika Schrobsdorff, fallecida en 2016, eligió contar la vida de su madre para reconstruir el pasado colectivo e individual.

Ellas han sido tres de los adalides de una suerte de ‘boom’ de vidas de mujeres extraordinarias de las que hemos podido empaparnos estos últimos meses.  La autobiografía, ese género a veces considerado algo narcisista, se ha revelado paradójicamente como una gran herramienta para lograr empoderarse sin mirarse el ombligo.

En la librería madrileña Mujeres y Compañía no quieren llamarlo exactamente ‘boom’. Sus responsables, especializadas en literatura feminista, opinan que hablar de modas en este caso es “frivolizar el trabajo tanto de estas escritoras, como de editoras, libreras y lectoras inquisitivas”. Proponen cambiar el término por “trabajo de visibilización y reivindicación”.

“En el ámbito del cómic y novela gráfica, por ejemplo, siempre ha sido habitual este tipo de publicaciones de autoras que cuentan experiencias vitales”. Muchas veces sobre violencias y abusos, destacan, como ocurre en Una entre muchas. Describen el género, o el fenómeno (lo que ustedes prefieran), como “una forma de compartir y hacer política partiendo de sí misma (algo profundamente feminista, y que encuentras en casi todos los formatos de creación literaria)”.

“El hecho de que el canon patriarcal rescate a determinadas escritoras no es casualidad, pero sí significa una oportunidad de descubrir autoras invisibilizadas durante siglos”, inciden.

No durante siglos pero sí durante décadas en el caso de Lucia Berlin. Alfaguara ha rescatado desde los lejanos 60 su Manual para mujeres de la limpieza, “la narración de la propia vida, tomada sin modificar apenas la realidad”. También ocurrió con Katharine Graham y su historia personal,  “la mujer más poderosa del mundo” según el diario del que fue editora, The Washington Post. Premio Pulitzer en 1998, nos llegó ahora de la mano de Libros del KO. Y, esta vez sí, tuvieron que pasar cien años desde su nacimiento para poder apreciar la historia familiar de Natalia Ginzburg, editada en Lumen.

Lucia Berlin
Lucia Berlin
El poder de contar tu relato

Hemos tenido ejemplos patrios. Carmen G. de la Cueva tiene apenas 31 años pero con su debut, Mamá, quiero ser feminista ya se ha adentrado en el género. “Escribir sobre tu memoria es una forma de tomar el control de tu vida”, reflexiona. “Históricamente, el poder fue declarado como no femenino y las mujeres se han visto desprovistas de textos, de modelos, que les podrían servir de ejemplos. El poder depende de la capacidad de ocupar un lugar en todo tipo de discursos y que ese lugar cuente para algo”, continúa.

“Escribir autobiografía es una forma de articular una autoconciencia acerca de la identidad de la mujer como hecho cultural y como proceso de construcción social”, continúa De la Cueva. “Las mujeres que han decidido contar su vida, las mujeres que acceden a puestos de poder son criticadas con frecuencia, son juzgadas y cuestionadas. Una piensa que esto es cosa del siglo XVIII o del XIX hasta que se sienta a escribir y se dispone a publicar”.

1111″Es muy necesario leer, hacer genealogía, dar con ejemplos de escritoras que en su momento fueron tildadas de chillonas y rabiosas y traerlas como ejemplo para tomar el control de nuestra escritura presente y el control del poder en los espacios públicos. La lectura es una herramienta de empoderamiento feminista”, subraya. “Lo que yo quería era romper el silencio, hablar de algunos tabúes y vergüenzas, tomar el control de mi vida contándome a mí misma a través de la historia de otras muchas mujeres que vinieron antes que yo”, expresa sobre su libro.

Otro debut del año que nos ha dejado, Partir, de Lucía Baskaran, también tenía tintes autobiográficos. En su caso, lo ha presentado desde otro ángulo que ha copado el año, la autoficción, esa barrera entre lo real e irreal que a veces cuesta distinguir. “Como lectora, casi siempre he conectado más con las historias narradas en primera persona. Al escribir, veía que la cosa fluía más cuando escribía en primera persona aunque no fuesen experiencias propias, así que decidí tirar por ahí”, dice la autora.

“No creo que la propia experiencia sea la manera más evidente de ‘aportar algo’, pero sí que pienso que la singularidad de la experiencia individual es un lugar desde donde enunciar experiencias colectivas”, piensa Baskaran. “Mientras escribía Partir no pensaba en si estaba ‘contando mi vida’, para mí era una especie de gimnasia”, continúa.

¿Y hay algo de ‘autoayuda’ en querer leer este tipo de novelas? “Creo que normalmente consumimos ficción para tratar de entendernos mejor, para no sentirnos solos. En la autoayuda y la terapia se parte de la premisa de que hay un problema, algo que no va bien. La ficción creo que tiene más que ver con nuestra necesidad de sentirnos parte de una comunidad”, reflexiona la escritora donostiarra.

2017, Gloria o Françoise
El centenario de Gloria Fuertes sacan del olvido a la poeta

No sólo gracias al formato de autobiografía más o menos novelada sobrevivimos un poco mejor al 2016. Con  Mala Feminista hemos aprendido a no culparnos o cómo ser amigas de otras mujeres. Con Rebecca Solnit aceptamos que a veces podemos y debemos callar a los hombres ( y unas cuantas cosas más). Marta Sanz nos ayudó a entender mejor a nuestras madres (las de los millenials) con el registro testimonial de una generación que es Éramos mujeres jóvenes. Alba Editorial nos regaló los imprescindibles diarios de Sylvia Plath con un precioso envoltorio. Y también reconocimos (ya era hora) a algunas de las Sinsombrero.

2017 comienza con una biografía de Gloria Fuertes editada por Blackie Books y con las memorias de Françoise Hardy a cargo de Expediciones polares. Pero quizá la tendencia no deba continuar, sino que debe dejar de serlo. Desde la librería Mujeres y Compañía piden un deseo tantas veces repetido: “Que, desde los suplementos y plataformas literarias, deje de hablarse de excepcionalidad y se hable de autoras con la misma soltura que se habla de autores”.

Belén  Remacha, eldiario.es (http://www.eldiario.es/cultura/feminismo/aprendimos-feminismo-leyendo-mujeres-sabias_0_595990626.html) revisado  el 08-01-17

 

El beso de Judas

En estos días hemos visto con indignación como un empresario intentaba dar un beso a la fuerza  a una diputada; esto no un acto casual, nos dice  Miguel Lorente en este  articulo que ahora compartimos.

EL BESO DE JUDAS

El machismo no es sólo un posicionamiento individual, ante todo es conducta y una actitud frente a los demás, especialmente ante aquellos que deben apreciar los elementos que definen esas ideas, comportamientos y actitudes para que el hombre en cuestión sea reconocido como parte de su grupo de iguales, y ocupe una posición más o menos alta según el resultado de sus conductas.

En el machismo no hay ideólogos y actores, todos defienden las ideas con sus acciones, y todas las acciones refuerzan su sistema de valores. Es lo que ha hecho el vocal de la Cámara de Comercio de Sevilla, Manuel Muñoz Medina, al llevar acabo la agresión sobre la diputada de Podemos Teresa Rodríguez.

 Del mismo modo que no se deja de ser machista sólo con decirlo, tampoco es suficiente serlo para ser reconocido como tal por el resto, pues todos comparten esa condición. Ser machista exige demostrar que se es más que los demás y conlleva renovar esa posición periódicamente para evitar caer en la duda o que otro supere el status ocupado. Por eso su terreno de juego es el ámbito público y entre sus rasgos se encuentra la competitividad, el refuerzo personal sobre el ataque a otras personas, la ostentación, la amenaza… todo gira sobre lo que ocurre y sobre lo que puede suceder.

El machismo es realidad y amenaza, no es sólo silencio y la asunción de la desigualdad y sus dictados, es la demostración en cada una de las palabras que llevan al sometimiento de las mujeres y de todo aquel que sea considerado inferior en su estructura jerarquizada de poder; y son todas las conductas que se llevan a cabo en su nombre, desde la violencia al desprecio.

Lo ocurrido con el vocal de la Cámara de Comercio de Sevilla es un claro ejemplo de la necesidad de demostrar ese poder sobre las mujeres y de ser reconocido por ello. Es la típica conducta que nace del conocido “a que no hay cojones” que gusta repetir a muchos hombres, y que tanto compromiso conlleva entre ellos una vez que, como si fuera un sortilegio contra todo, es pronunciado en voz alta. Tras pronunciar la famosa frase, de manera inmediata surge un doble reto: el de realizar la propuesta que la acompaña, y el de hacerlo antes y por encima de aquellos otros hombres que forman parte de la iniciativa, puesto que la consecución del reto supone también un doble reconocimiento: por un lado el de la hazaña en sí misma, y por otro, el de quedar en una posición superior al resto de los hombres testigos de la conductas y participantes del desafío.

La estrategia del empresario Manuel Muñoz Medina fue clara, pero su desarrollo requirió con toda seguridad de la participación de todo el grupo. Una participación que probablemente surgió  tras un “pacto de caballeros” para propiciar las circunstancias en la que alguno de ellos diera el paso definitivo para el “asalto del beso”. Y es que tuvo que haber una complicidad para que se insistiera tanto en que Teresa Rodríguez recorriera la Cámara de Comercio a pesar de su insistencia en abandonarla, y para que en mitad de su recorrido los empresarios presentes en el momento de la agresión localizaran con facilidad en qué lugar de la ruta se encontraba el presidente anfitrión con la diputada.

Una vez localizada, la conducta de Manuel Muñoz Medina no fue darle un beso, podría haberlo hecho si esa hubiera sido la motivación, lo único que se lo impidió fue la mano que él mismo colocó entre sus labios y los de Teresa Rodríguez, algo extraño si lo que pretendía era besarla. Pero no era ese su objetivo, sino demostrar su hombría y lo macho que es a través de la conducta y de la humillación que suponía esa agresión dirigida contra Teresa Rodríguez, la cual probablemente había comenzado momentos antes con su “a que no hay cojones”.

Teresa Rodríguez agradece la solidaridad tras denunciar una agresión machista

Y del mismo modo que no quiso darle un beso, tampoco habría llevado esa conducta contra una diputada del PP, a quien él probablemente considere “una señora”. Pero una diputada de Podemos es diferente. Está en esas categorías que los machistas creen que las hacen merecedoras de lo que los hombres deciden hacer, como la crítica del fiscal jefe de Castilla-León a Nevenka Fernández cuando denunció al alcalde de Ponferrada, Ismael Álvarez, por acoso sexual, que en pleno juicio le  dijo, “¡usted no es la empleada de Hipercor que le tocan el trasero y tiene que aguantarse porque es el pan de sus hijos!”.

“Empleada de Hipercor, alumna de clase, diputada de Podemos”… todo forma parte de esa estructura jerarquizada que levanta el machismo y en la que las mujeres ocupan diferentes posiciones según su condición, pero siempre por debajo de los hombres que se encuentran en cada uno de esos contextos.

La cobardía del machismo necesita de las razones que él mismo da para que sus decisiones queden bajo la responsabilidad del alcohol, de las drogas o de los trastornos psicológicos y así presentar a los hombres como “irresponsables” o “víctimas de campañas por cosas sin importancia”. Pero no es esa la realidad. En el caso de Manuel Muñoz Medina, su conducta muestra cómo tuvo control en todo momento para desarrollar una conducta concreta, colocar la mano entre las dos bocas y argumentar después lo ocurrido como si no supiera lo que había realizado, pero sí explicarlo perfectamente con el argumento del alcohol.

Todo forma parte de ese machismo que sólo retrocede cuando alguien se enfrenta él, pero nunca para cuestionar las circunstancias que dan lugar a las conductas, tan sólo para que no haya consecuencias sobre los autores. Quizás en el caso de la Cámara de Comercio sevillana no era la primera vez que estos hombres jugaban al “beso en la boca” y lo único nuevo ha sido la respuesta de Teresa Rodríguez.

Son besos de Judas, la señal para que otros hombres vean lo que son capaces de hacer y la traición de la confianza depositada en ellos. Son los besos de los hombres de reconocido prestigio que se presentan como modelo de una sociedad basada en el machismo, la desigualdad y la violencia contra las mujeres bajo la normalidad y las justificaciones. No debemos permitirlo, a lo único que representan es al pasado y al machismo actual.

Un abrazo solidario para Teresa Rodríguez.

Fuente: Miguel Lorente, Eldiario.es (http://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/beso-Judas_6_595350464.html) revisado el 28-12-16

YO CREÍ QUE ESTABA LOCA

Compartimos este artículo escrito por Locas del Coño, se trata de un testimonio que retrata bien, los sentimientos que provocan estar al lado de de un maltratador. Si has vivido una situación similar recuerda que NO ESTAS SOLAS.

YO CREÍ QUE ESTABA LOCA

Yo creía que era puta.

Lo creía porque él me lo decía, mientras me arrepentía por haber agregado a un amigo a Facebook. Lo creía cuando le decía a mi amigo si por favor podía borrar una foto en la que se veía conmigo. Lo creía mientras mi amiga me decía que si yo estaba de novia había cosas que no podía hacer, como subir ciertas cosas a Facebook. Yo creía que era una puta por haber coqueteado con otros hombres cuando él todavía no se decidía a estar conmigo. De hecho, cabe aclarar, yo creía que su mujer era la que “lo hacía poner nervioso“, y “lo llevaba a romper el monitor del ordenador de un golpe“. Sí, yo había coqueteado con otros hombres, aún cuando él me recordaba que no se iba a separar, yo era una puta, claramente.

Después además de creer que era una puta, empecé a creer que estaba loca, y que además era una mala persona.

Empecé a creer que estaba loca, porque él decía que había gente que pensaba eso de mí, que él lo sabía. Empecé a creer que estaba loca, porque había elegido amigos que “me habían llevado por mal camino”. Empecé a creer que estaba loca, porque cada vez que él me lastimaba insultándome, elegía la autolesión para demostrarle lo mucho que me estaba haciendo daño. Empecé a creer que estaba loca, cuando empecé a contemplar el suicidio como forma de escapar al dolor.

 Y obviamente que era mala persona, ¿cómo yo podía dejar que él sufriese tanto?. Era mala persona por no excitarme con él, porque siempre que me peleaba atacaba mi sexualidad. Era mala persona porque no hacía nada cuando él lloraba como un desquiciado porque yo había empezado a actuar como él, a prohibirle hablar con gente, a tirar cosas, a patear puertas. Me estaba volviendo una loca mala, y que ni se me ocurriese contar lo que pasaba puertas para adentro, no podía contar que me había arrastrado por el piso, que había agarrado un cuchillo y amenazado con matarse, no podía contar que había amenazado con matar a mi gato, dos veces, o que me rompía mis cosas. No podía porque entonces “él iba a contar lo que yo hacía, él iba a contar que yo me cortaba, o que me quería matar, o que le rompí un almohadón de una patada”. ¿Quién me iba a creer a mí? Él tenía testigos, él tenía una amiga abogada, él tenía todas las herramientas patriarcales para hacerme quedar como una loca. Y entonces ¿yo qué podría hacer?, soy docente, no podía dejar que esto llegase a afectar a mi profesión, no podía lastimar así a mi familia, tenía miedo de tener miedo, tenía miedo de defenderme. Llegué inclusive a sentir culpa porque, el día que vino la policía al apartamento, porque una vecina llamó, lo hice firmar a él un papel administrativo; debería haberme ido corriendo a la comisaría.

No fui capaz de irme por mis propios medios. Me dejó con la excusa que yo lo engañaba, con una pobre amiga mía con trastorno bipolar. Otra presa fácil. Y haberme ido no fue suficiente como para curarme. Tuve ideas suicidas por mucho tiempo, angustias que no sé de donde salen, dolor, desconfianza en mi misma, inseguridad, perdí casi 10 kilos. Y aún ahora, un poco más entera, con mi pareja de hoy en día, siento la necesidad de reaccionar con violencia defensiva ante ciertos estímulos, la necesidad de defenderme constantemente de un peligro que ya no existe. El ímpetu de desgarrar con los dientes a quien sea que se me acerque porque me puede hacer daño, y ya no quiero que me hagan más daño.

Ayer tomé la decisión de retomar terapia, para ordenar algunos patos que se salieron de su fila.

Ninguna de nosotras tenemos por qué terminar de esta manera, rotas, porque aún cuando la herida haya cerrado, las cicatrices quedarán. Y son esas marcas eternas, las que nos recordarán para siempre no quedarnos de brazos cruzados, salir a contar nuestras historia, y rezar porque probablemente le sirva a otra chica.

No piensen en que “pasó mucho tiempo, ya es en vano”, “pasó hace mucho tiempo, ¿por qué no lo superas, y ya?“, no, siempre va a haber alguien a quien su historia pueda salvar. Siempre va a haber alguien dispuesto a ayudar. Cuando estamos metidas de lleno en una relación abusiva y violenta, creemos que nadie nos va a entender, que estamos solas, que nunca nadie se sintió como nosotras. Pero no es cierto. Somos muchas las que hemos sufrido las mismas heridas, y estamos dispuestas a contarlo, si con ello logramos ayudar a que otras no pasen por el mismo infierno. No estás sola.

Fuente: articulo de Magazine Locas del Coño (http://www.xn--locasdelcoo-beb.com/2016/12/yo-crei-que-estaba-loca/ ) revisado 19-12.16.

Música machista y misógina

Esta vez compartimos una noticia qué nos ha dejado pensando. A nosotras nos gusta el  Rap,  de hecho algunas letras nos parecen muy cañeras y divertidas; sin embargo, últimamente algunos canciones de rap vienen  llenas de insultos machistas y discriminatorios hacia las mujeres,  un ejemplo de ello, son las canciones de Maluma.

La música de Maluma viene petando entre los chicos y chicas, y como nos interesa saber por qué gusta tanto,  les animamos a leer este articulo, escuchar algo de Maluma y  a  compartir sus comentarios.

Machista y misógino: así es el artista que lo peta entre los jóvenes

primera se desespera, se encojona si se lo echo afuera. La segunda tiene la funda y me paga pa que se lo hunda”. No son frases extraídas de una película X, sino la música que arrasa entre los jóvenes. El autor se llama Maluma y esta semana ha sido invitado por Telecinco para asesorar y servir de ejemplo a los nuevos talentos musicales de este país en el programa La Voz.

“Eni-love-rap-source los adolescentes ya no hay desigualdad”; “Las nuevas generaciones lo tienen superado”; “El feminismo ya no es necesario”. Cada vez que escuchéis una de estas afirmaciones podéis poner a todo volumen cualquiera de las canciones de Maluma y se darán de bruces con la realidad. Este ídolo de masas, cuyas letras se cantan y bailan en todas las discotecas, es uno de los ejemplos de masculinidad que hoy reciben los adolescentes.

Uno de sus últimos trabajos, Cuatro Babys, es toda una apología de violencia hacia las mujeres que las describe como meros cuerpos intercambiables y disponibles al servicio del deseo sexual ilimitado, irrefrenable e incontrolable de los varones. Pudiera ser que entre la música y la pésima pronunciación del artista, que parece tener algunos problemillas de dicción, el mensaje pasara desapercibido, pero me he permitido extraer y analizar algunas de las estrofas que no tienen desperdicio.

Si tienen un estómago resistente pueden ver este vídeo (aviso: puede producir náuseas, vómitos y malestar general, además de un incremento de la sensación de cabreo a medida que avanza).

“Estoy enamorado de 4 babys. Siempre me dan lo que quiero. Chingan cuando yo les digo. Ninguna me pone pero”. El efecto Axe de toda la vida, creer que por ser un hombre y chasquear los dedos todas las mujeres caerán rendidas alrededor y con las bragas bajadas. De lo que no advierte esta letra es de las contraindicaciones, como por ejemplo, terminar en la cárcel por creer que las mujeres están para complacerte. Ojito con la asociación “estar enamorado” con practicar sexo con cuatro mujeres.

“Dos son casadas. Hay una soltera. La otra medio psico y si no la llamo se desespera”. Aquí se presenta al rebaño, a ese grupo de mujeres informe y sin nombre propio a las que sí se describe en función de su estado con respecto a otros hombres: solteras o casadas. Si no caben en esta clasificación es que directamente son unas psicópatas (“psico” para los amigos).

“La primera se desespera, se encojona si se lo echo afuera. La segunda tiene la funda y me paga pa que se lo hunda. La tercera me quita el estrés, polvo corridos siempre echamos tres. A la cuenta de una le bajo la luna pero ella quiere con Maluma y conmigo a la vez”. Aquí habla el colega de Maluma, otro macho muy macho, que relata qué hace con cada una ellas. Claramente ser hombre va asociado a follar con muchas y muchas veces. Y además lo que ellas quieren es: que se corra dentro, que las deje “preñas” (lo detalla más adelante), que le lo haga muy profundo… y todo para aliviarles a ellos del estrés. Queda claro que ser “muy hombre” también consiste en no tener ni idea de lo qué es el placer femenino ni preocuparse por él.

“Tú tienes toas mis cuentas de banco y el número de la Master Card. Tú eres mi mujer oficial” “Todas quieren chingarme encima de billetes de cien. Me tienen en un patín. Comprando en San Valentín. Ya me salieron más caras que un reloj de Ulysse Nardin”. La figura del hombre proveedor, el cazador de la manada. El varón es el que trae el dinero y mantiene a la mujer (perdón, a las mujeres). Ellas, como no podía ser de otra manera, son malas y quieren aprovecharse de él… Muy moderno todo sí.

“De chingar ninguna se enzorra. La pelirroja chichando es la más que se moja. Le encojona que me llame y no lo coja. Peleamos y me bota la ropa y tengo que llamar a cotorra pa que la recoja”. Además de estar disponibles para el sexo (esta parte creo que ya nos ha quedado clara) las mujeres también hacemos de sirvientas y recogemos la ropa y por una pequeña propinilla la lavamos, planchamos y dejamos doblada encima de la cama. “Cotorra” la pobre tampoco tiene nombre.

“Ya no se ni con cual quedarme y es que todas maman bien, todas me lo hacen bien”. Tremendo conflicto al que se enfrenta nuestro personaje: ¿con cuál de las chicas quedarse? ya que todas le complacen sexualmente y ya no hay nada más que una mujer pueda ofrecer. En el fondo es un pobrecillo. Ni que decir tiene que ellas tampoco eligen sino que acatarán la decisión de él.

“Diferentes nacionalidades pero cuando chingan gritan todas por iguales. Quiere que la lleve pa medallo. Quiere que la monte en carros del año. Y a las otras 2 les de juntas en el baño”. Recordemos aquí la frase de uno de los violadores de sanfermines: “Ella estaba gimiendo, ella estaba disfrutando”, que luego nos preguntamos de dónde vienen estas cosas… Y por si no gritamos lo suficiente también lo podemos hacer de dos en dos, juntas en el baño, una en contralto y otra en soprano.

Éste y no otro ha sido el artista elegido por la cadena Telecinco para dar consejos a los profesionales de la canción, todo un ejemplo de cultura y de valores que relacionan la figura masculina con la de una especie de animal cuya única aspiración en la vida es tener dinero y chingar. Por lo visto uno de los coachers del programa también muy macho, Melendi, quiso estar a la altura y le dio un aviso al invitado:“Cuidado con quién subes la próxima vez al escenario”, en referencia a un perreo entre Maluma y la expareja del asturiano. Debe ser que aunque ya no estén juntos ella también es de su propiedad.

Me pregunto en qué estaba pensando el equipo de La Voz para invitar a este ídolo de masas. Me pregunto qué habrán pensado los concursantes al ser aconsejados por él. Y también me pregunto qué pensarán los espectadores. Se echan de menos las voces de hombres manifestándose al respecto ¿De verdad no se os revuelve un poquito el estómago cuando escucháis esto? ¿Os sentís representados de esta forma? ¿No os aterra que vuestros hijos se eduquen con estos modelos?

http://www.huffingtonpost.es/yolanda-dominguez/machista-y-misogino-asi-e_b_13390988.html

EL BESTIA Y LA BELLA, EL MITO (ART. DE CORAL HERRERA)

Esta vez queremos compartir contigo este articulo de Coral Herrera que nos ayuda a pensar porque a veces tanto chicas y chicos “normalizamos” la violencia. Esperamos que reflexiones sobre quién te quiere bien:

El Bestia y la Bella, el mito

Si, el violento te secuestra, te viola, te escupe, te golpea, te mata, pero es porque te quiere mucho y no sabe cómo demostrártelo. El Bestia es un pobre monstruo que ha sufrido de pequeño y que como no tiene herramientas para gestionar sus emociones, cuando se enoja o se siente mal, te maltrata. Luego te pide perdón y te promete que cambiará, y la Bella por supuesto le cree, y le da mil oportunidades: ella además de bondadosa es una ingenua que se aferra a la idea de que él cambiará y podrá quererla bien algún día.

Esta es una de las razones por las cuales las víctimas de violencia de género se quedan junto a sus maltratadores: creen que ellos son víctimas que algún día cambiarán. Las películas de Hollywood están constantemente mitificando e idealizando a los machos violentos como seres muy sensibles que han sufrido mucho y que están mutilados emocionalmente por algún trauma del pasado (su novia les traicionó y les abandonó, su esposa se murió en un accidente, etc)Las mujeres que salen en las películas se sienten atraídas por ese corazón de piedra y todas quieren ablandar y derretir sus muros defensivos. Quieren protegerle, cuidarle, y devolverle la fe en la Humanidad. Ellas creen que con su entrega y su capacidad de sacrificio, ellos volverán a creer en la fuerza del amor, y podrán abrir su alma a la otra persona para fusionarse románticamente con ella. El resultado es que a las mujeres de carne y hueso nos da mucha ternura encontrarnos con estos machos mutilados emocionalmente, y nos ponemos en el papel de las salvadoras: yo le daré tanto amor que al final cambiará, y seremos felices como en los cuentos de hadas.  

También las películas para niños y niñas lanzan el mismo mensaje: si te dejas maltratar, serás recompensada. Por ejemplo, en Frozen: la hermana mayor maltrata y desprecia a la hermana pequeña durante toda la película, hasta que al final también un beso deshace el hechizo que amargó el carácter de “la pobre” Elsa, una sádica que no nació con el corazón de hielo, sino que un hechizo la convirtió en un ser frío y cruel.  La pequeña Ana aguanta y su amor es completamente masoquista: yo la quiero aunque no me deje acercarme, yo la quiero aunque ella no me quiera, yo la quiero y espero que algún día se compadezca de mi y me quiera también. 

En los cuentos y las películas, los maltratadores nunca reconocen su problema, ni piden ayuda, ni se lo trabajan para poder dejar de ejercer violencia sobre las mujeres. Su problema siempre se resuelve mágicamente, en un abrir y cerrar de ojos, sin terapias de ningún tipo: es una especie de milagro, por eso en la vida real muchas mujeres creen que también sus parejas algún día pueden cambiar de la noche a la mañana.

El mensaje que tenemos que lanzar para los maltratadores es que las mujeres no son objetos, no son su propiedad privada, y no se merecen ser tratadas como seres inferiores. No hay excusas que justifiquen su crueldad, tienen que aprender a resolver los conflictos sin violencia, y si no saben cómo hacerlo, han de pedir ayuda profesional y trabajarselo mucho para no dañar a la gente que les quiere.

No es un tema individual, sino colectivo: para poder acabar con los malos tratos y la violencia contra las mujeres, tenemos que acabar con la desigualdad y el machismo, tenemos que acabar con la pobreza y la dependencia económica, tenemos que introducir la educación sexual y emocional, y los valores del feminismo para que los niños aprendan a relacionarse con respeto y con amor.

También tenemos que introducir muchos cambios en nuestra cultura amorosa: acabar con la mitificación del macho violento y con el victimismo femenino, dejar de ensalzar el sadismo masculino y el masoquismo romántico femenino, y  desmontar la idea de que “quien bien te quiere te hará llorar”, “del odio al amor hay un paso”, o “los que más se pelean son los que más se desean”.

Los medios de comunicación y las industrias culturales pueden hacer mucho para eliminar el machismo y acabar con la violencia en todos los cuentos, películas, canciones y series televisivas. Los mensajes que podemos lanzar son simples y sensatos: si te pega, no te quiere. La violencia no es una prueba de amor. El secuestro, los insultos, los desprecios, las amenazas, los castigos, las humillaciones, los abusos sexuales dentro y fuera de la pareja, no son una prueba de amor.

Quien te quiere bien, no te hace llorar: te cuida y te trata con cariño. Podemos desaprender el romanticismo patriarcal y aprender a querernos bien, podemos sufrir menos, y disfrutar del amor. Otras maneras de amar son posibles…

Coral Herrera Gómez

(http://haikita.blogspot.com.es/2016/09/el-bestia-y-la-bella-o-porque-les.html)

Claves para desmitificar el amor romántico, las princesas y los príncipes azules

por Coral Herrera

clavesEn los cuentos que nos cuentan desde nuestra más tierna infancia, a los varones les enseñan tres cosas sobre el amor:

•    Hay cosas más importantes en la vida que el amor romántico.
•    Hay una mujer destinada a ti.
•    El amor es inagotable e incondicional (como el amor de mamá).

A las mujeres nos enseñan otras tres cosas:

•    No hay nada en la vida más importante que el amor romántico.
•    Hay un hombre destinado a ti.
•    Las mujeres nacen con un don para amar inagotable e incondicionalmente (por eso su objetivo en la vida es ser esposa y mamá).

En los cuentos que nos cuentan, a unos les lanzan un mensaje, y a las otras nos lanzan otro. Para los hombres, el mensaje principal es que el amor es eso que sucede al final de la aventura, después de haber pasado por mil situaciones diferentes, después de que el héroe ha demostrado su fuerza, su valentía, su capacidad para ganar y someter a los enemigos que le van saliendo en el camino, y a los monstruos internos que a veces le paralizan de miedo. Si logra vencerlos, será digno del amor de la Princesa Que Espera, y si fracasa, se quedará solo.

El príncipe azul sabe que vencerá porque siempre se siente querido. Las dudas de amor son para las princesas con mucho tiempo libre que gustan de atormentarse. Ellos prefieren sentirse queridos, útiles, importantes y necesarios para su país o para su comunidad. Los príncipes se saben deseados por las mujeres, respetados por sus enemigos, admirados por sus amigos, venerado por sus súbditos, y mitificados por una bella  muchacha que sufre lo indecible (o que se aburre infinitamente) mientras espera la llegada de su Salvador.

Otro de los mensajes que suelen lanzarnos desde las producciones culturales es que el príncipe azul lleva consigo el amor incondicional de su madre grabado en el corazón, por eso sólo podrá ofrecerle el trono del reino a una mujer que le ame como su madre: de un modo total, sin peros, sin condiciones. Así que nosotras tenemos que sustituir a su madre y convertirnos también en madres de sus hijos e hijas, y ellos, ya saben que las madres aguantan de todo y que por muy mal que te portes, nunca dejarán de quererte.

El mensaje que nos lanzan a las mujeres es que si somos elegidas, tenemos que sentirnos inmensamente afortunadas, porque somos el grandioso premio a su heroicidad, el símbolo del triunfo masculino, el descanso del guerrero, y el botín de guerra que les pertenece por haber salvado al mundo (de las hordas de orcos, de los comunistas rusos, de los terroristas islámicos, de los alienígenas, de los indios norteamericanos, de los mafiosos italianos, de los robots inteligentes y malvados).

Las princesas, nos cuentan, tienen que ser muy pacientes, porque en casi todas las historias el amado siempre tiene mucho trabajo. Y es que por encima del amor está la misión del héroe, que es mucho más grandiosa que la princesa y que él mismo. El héroe primero sirve a la patria, y después obtendrá su recompensa por su trabajo, pero tiene que ganársela: el protagonista de los cuentos de hadas y de las películas de acción ha de demostrar que es un hombre con pleno control sobre sus emociones y mucha “sangre fría” para actuar. Tiene que olvidarse de su tierno corazoncito para matar, aniquilar y destruir al enemigo. Tiene que demostrar que es duro como una piedra, que ejecuta órdenes con la fidelidad de un robot, que es capaz de aguantar el cansancio, el hambre, el dolor de las heridas, el sueño acumulado y todo lo que le echen encima. El premio a sus sacrificios es la princesa que espera en su castillo, les dicen a los niños.

A las niñas les lanzan este mensaje: para la princesa el amor sí es lo más importante, porque la liberará de su encierro o su desgracia. Ella ama el amor porque cree que su vida mejorará, y porque no le han enseñado a pensar en otra cosa que en casarse y cumplir lo que se espera de ella: ser una mujer eternamente agradecida y entregada a su Salvador con absoluta devoción.

Los príncipes han de esforzarse mucho para obtener su recompensa, las princesas sólo tienen que aguantar, esperar, y ser pacientes para que nos amen para siempre. Y esperar solas, claro, sin rivales alrededor.

No es casualidad que las princesas siempre estén solas y desprotegidas, a merced de las circunstancias, y soñando con que alguien se encargue de ella. Nunca tiene un plan propio para escapar del encierro, ni redes de solidaridad y afecto que le ayuden. Las princesas en general son vulnerables, frágiles, sensibles, dulces, heterosexuales, de piel blanca y cabellos rubios. Se aburren mucho, suspiran mucho, y piensan en su príncipe azul a todas horas, creyendo que junto a él encontrarán la felicidad eterna y nunca más estarán solas.

A los chicos les encanta pensar que existe una princesa que lo ama porque sí y sólo piensa en él. Pero además, hay otras mujeres que les desean mucho, como es natural en un macho alfa. El mensaje que les lanzan a ellos es que han de ser fuertes para evitar las tentaciones. En el camino hacia el amor, el héroe se verá seducido por maléficas figuras femeninas que lo atraen hacia el lado oscuro, pero él nunca dejará de pensar en su princesa que espera pacientemente en el castillo a ser rescatada.

El mensaje patriarcal de los cuentos para niños, adolescentes y hombres adultos es que estas maléficas mujeres son libres, potentes, atractivas, y peligrosas, así que sólo has de acercarte a ellas para satisfacer tus necesidades básicas y divertirte un rato antes de encontrarte con tu legítima amada. Sabes que serás perdonado porque son meras necesidades sexuales que “nada tienen que ver” con el sublime romanticismo que le lleva a la Princesa Que Espera.

Al final de la aventura, el hombre puede por fin rendirse ante el amor: es cuando el héroe abre su corazón gracias a la ternura de la amada. Ya ha demostrado lo fuerte y valiente que es, ya ha ganado todas las copas y trofeos, ya ha llegado el momento de asentar la cabeza y formar una familia para asegurar la perpetuación de su estirpe. En los cuentos que nos cuentan, los finales son siempre felices: el héroe rescata a la princesa, se casan y viven para siempre comiendo perdices. Él la protegerá, ella lo cuidará para siempre, ambos vivirán encerrados en su palacio de cristal.

Sin embargo, la Realidad es siempre diferente a la ficción romántica: como cualquier pareja, los enamorados se arrugan y engordan, pierden belleza y alegría, se pelean, se aburren, se hastían, se traicionan, se reconcilian, y nada es tan bonito como nos habían contado. Las princesas y los príncipes no son tan perfectos, por lo que sus historias de amor tampoco lo son.

Descubrirlo personalmente nos decepciona y nos frustra, porque nos sentimos engañados, o porque pensamos que tenemos mala suerte en el amor. Para poder sufrir menos y disfrutar más, tenemos que aprender a despatriarcalizar y a desmitificar el amor romántico, inventarnos otros cuentos con otros mensajes, y construir otras formas de querernos.

He aquí algunas claves para desmitificar el romanticismo patriarcal y para aprender a relacionarse amorosamente con personas de carne y hueso:

Para ellos

•    Buenas noticias: no hace falta que salves a la Humanidad, ni que seas un héroe, ni que demuestres que eres fuerte, violento, agresivo o dominante para que te amen. Ya no estás obligado a responsabilizarte de todo, y no hace falta que seas el ganador y el vencedor absoluto en todas las áreas de tu vida. No tienes por qué sentirte culpable si no das la talla o no cumples con las expectativas sobre tu virilidad. Basta con que seas una buena persona capaz de construir una relación bonita.

•    El amor es para disfrutar, no para sufrir. El amor es para hacernos la vida más fácil y bonita los unos a los otros, no es un medio para negociar y conseguir otras cosas, ni es un sacrificio que hay que hacer para tener asegurado el cuido y el placer (olvídate de la esposa-criada complaciente que atienda todas tus necesidades como mamá, para más información, el siguiente punto).

•    Definitivamente, la princesa rosa ya no existe. Las mujeres ya no esperan toda la vida ni te aman incondicionalmente: si no te portas bien, si no hay buen trato, si no alimentas la relación, si pactas fidelidad y no cumples, te dejan. La mujer a la que amas no está sentada esperando a que llegues,  no está siempre disponible para ti, ni es tuya, ni su amor es para siempre. Es una mujer libre que está contigo porque quiere estar contigo, sencillamente, en el presente que compartís.

•    No mitifiques a una sola mujer y desprecies a todas las demás. No existen las mujeres buenas y las mujeres malas, por lo que no hace falta que montes jerarquías afectivas que sitúen a una sola mujer en la cúspide del éxito, y a todas las demás las minusvalores. Las mujeres no son “santas” o “putas”, son seres imperfectos y complejos como tú, con sus virtudes y sus defectos, sus errores y sus aciertos. Igual que tú nunca podrás ser tan maravilloso como el príncipe azul, ellas tampoco podrán cumplir con las expectativas del mito de la princesa. Las mujeres libres con autonomía no son peligrosas. No hace falta dominarlas para poder amarlas. No tengas miedo a relacionarte con una mujer de carne y hueso sin la coraza: no muerden.

•    El amor no supone rendirse, no es un virus que te posee y te roba la voluntad, no es el fin de tu juventud, no te convierte en prisionero de nadie, no te convierte en propietario, ni en dominador o dominado. El amor no te roba la autonomía, no es el fin de tu libertad, no te convierte en un “calzonazos”, no te rebaja la virilidad. Así pues, eres libre para relacionarte desinteresadamente con las mujeres o los hombres a los que amas, y para dejarte seducir por la magia del compañerismo romántico que nos sitúa a todos en el mismo plano horizontal. Practicar el amor sin las antiguas estructuras de dominación y sumisión, te liberará de la necesidad de ser superior o de luchar por el poder, con lo cual podrás disfrutar más del amor.

•    Aprende a compartir protagonismos: antes los personajes femeninos de las historias de amor ejercían un papel pasivo, ahora van en su propio caballo, matan a sus propios dragones, toman decisiones, resuelven enigmas, se emparejan y se separan, eligen a sus compañeros, se equivocan, rectifican, y reivindican su derecho a moverse con libertad, y a ser protagonistas de sus propios relatos. Las mujeres son tus compañeras, y los hombres son tus compañeros, y se trabaja siempre mejor en equipo que en solitario. Di no a la soledad, que te hace más dependiente y más vulnerable, y júntate a la gente para dar y recibir amor, para vivir aventuras, para celebrar la vida.

•    El amor no culmina con un final feliz, se construye día a día. No existe la fuente de amor inagotable, no dura para siempre, y no es gratis: para ser amado hay que amar, para recibir hay que dar, para que te traten bien tienes que tratar bien. El amor puedes disfrutarlo en cualquier momento de tu vida si tienes las herramientas y los conocimientos necesarios para construir una relación bonita. No es una meta a la que llegar, es un proceso que se vive en el presente inmediato y se nutre con nuestra creatividad, nuestra generosidad, nuestra capacidad de empatía y de disfrute.

•    Libérate de las cargas del príncipe azul. Por mucho que lo intentes, nunca podrás estar a la altura de los mitos de la masculinidad hegemónica, ni cumplir con todas las expectativas que se despiertan en torno a la figura del héroe con superpoderes mágicos. Ningún hombre es tan guapo, bondadoso, rico, valiente, potente sexualmente, sensible, honrado, luchador, generoso, sabio, culto, divertido, ni tan perfecto como los vemos en las películas (excepto Brad Pitt, y seguro que algún defecto tiene el hombre). Con la edad irás engordando, perdiendo fuerzas y reflejos, tendrás achaques, puede que te quedes calvo, que se arruine tu negocio, que dejes de tener éxito en la vida, que te abandone la buena suerte. Sabiendo que nunca podrás ser tan maravilloso como un príncipe azul, estás liberado de la carga que supone estar siempre demostrando que eres muy hombre, o que eres el mejor: así puedes dedicar tu tiempo y energía a otras cosas más provechosas, como por ejemplo practicar la autocrítica amorosa para conocerte mejor, o trabajarte los miedos que te impiden disfrutar del amor.

•    Los miedos no desaparecen mágicamente, hay que trabajarlos constantemente: en los cuentos los miedos se superan con pócimas, con talismanes, con conjuros o hechizos, con tótems o con magia. Muchos de ellos los has heredado de tu cultura patriarcal: el miedo a no dar la talla en la cama, el miedo a enamorarse ciega e irracionalmente, el miedo a quedarse solo, el miedo a salir de los armarios, el miedo a la infidelidad o la deslealtad de la persona amada, el miedo al “qué dirán”, el miedo al rechazo o a no ser correspondido, el miedo al compromiso, el miedo a que te dominen o te manipulen, el miedo a que se cuestione tu virilidad o tu heterosexualidad, el miedo a perder tu autonomía y tu libertad, el miedo a que te hagan daño, el miedo a fracasar, el miedo que nos da saber que no somos imprescindibles para nadie… hay que liberarse de los miedos, entonces, para poder relacionarse con la gente con libertad, con generosidad, con ternura.

Para ellas:

•    No te esfuerces en cumplir el mito de la princesa rosa: nunca serás tan buena, guapa, joven, sana, dulce, paciente, obediente, conformista y pasiva como esta heroína tradicional, por mucho empeño que le pongas. Además, los palacios son lugares enormes, solitarios, fríos, aburridos, y resulta muy difícil escapar de ellos cuando estás dentro. Dedica tus energías a construir tu propio personaje, y a ser la mujer que te dé la gana de ser.

•    No te esfuerces en buscar al príncipe azul, no existe el hombre ni la mujer perfecta. Somos más felices cuando querremos a la gente tal y como es, sin mitificarla, sin endiosarla, sin rebajarla.

•    El amor no es la solución a todos tus problemas. Si te pasa como a las princesas de los cuentos, que están hartas de la explotación laboral a la que están sometidas, o sencillamente te aburres y tienes ganas de transformar su vida, no esperes a la llegada del Salvador que te rescate de tu situación. Ponte manos a la obra para generar cambios que mejoren tu vida sin depositar esa responsabilidad en nadie más que en ti.

•    Esperar es inútil: en estos tiempos en los que las horas y los meses pasan volando, ya no podemos pararnos a esperar a nadie. Esperar es un acto pasivo que deja en manos de los demás nuestra propia felicidad. No sabemos si nos queda una semana o diez años de vida, así que mejor disfrutar del presente, que es el único tesoro que tenemos.

•    El amor no es sacrificio, renuncia, ni rendición: no tienes por qué olvidarte de ti misma ni de tus necesidades sólo porque tengas pareja. No tienes por qué entregarte en cuerpo y alma si la otra persona no se entrega. No tienes por qué aguantar todo lo que te echen encima “por amor”. Amar no es sufrir: es disfrutar.

•    Hay muchas fuentes de afecto, de placer y felicidad en nuestras vidas, por eso el amor romántico no puede ser tu único objetivo: estas rodeada de gente estupenda que te quiere, y hay mucha más gente estupenda a la que conocer. El romanticismo en pareja es una experiencia hermosa, pero también hay mucho que aprender, que vivir, que experimentar con los demás. El amor es importante en la medida en que no se limite a una sola persona, y en la medida en que nos permita crecer y evolucionar, y repartir amor a la gente que nos rodea.

•    Trabaja tu autonomía económica y tu independencia personal para poder construir relaciones desde la libertad, y no desde la necesidad o el interés. Déjate seducir por la magia del compañerismo romántico, y quiérete mucho, para poder dar amor a los demás. Practica la autocrítica amorosa para conocerte mejor y trabajarte lo que pueda hacerte mejorar. El amor es un arte, y cuantas más herramientas tengas para relacionarte con los demás, más podrás disfrutarlo.

•    Libérate de tus miedos, sal de tus armarios, y no te sientas culpable si te enamoras, o si te desenamoras. Las mujeres no nacemos con un don para amar eterna e  incondicionalmente, y tenemos derecho a juntarnos o separarnos de nuestras parejas cuando lo deseemos. Y siempre estamos mejor acompañadas por otras, que solas.

•    Di no a la soledad: las protagonistas de las historias siempre están solas: no descuides tus redes sociales y afectivas, porque son tu mayor tesoro. Solas somos vulnerables y dependientes, rodeadas de gente a la que queremos somos más libres y tenemos más posibilidades de vivir el amor sin reducir todo a una sola persona. Expande y diversifica tu amor.

•    Disfruta de tu papel protagonista en la historia de tu vida: tú eres la narradora, la guionista, la directora, y la actriz principal. Tú elijes a la gente con la que quieres compartir, tú tomas las decisiones, y tú confías en ti misma a la hora de construir tu historia. Tú eres la que inventas, la que te equivocas, la que rectificas. Trata con mimo a tu propio personaje y a los que te acompañan, os merecéis el mejor trato del mundo.

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